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El presente artículo contiene una traducción del original escrito por su autor, el Dr. Ben Furman, psiquiatra, psicoterapeuta y profesor del enfoque Centrado en la Solución para prevenir y tratar problemas de salud mental tanto en niños como en adultos. 

Si bien está especialmente orientado a ayudar a las personas que tienen a su cargo la crianza de niñas y niños con Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) a los niños, todas estas ideas también son aplicables a los adultos. 

Primero, sugiere formas de explicar el TOC a los pequeños y describe algunos métodos ineficaces y, a menudo, contraproducentes que los niños suelen utilizar para tratar de manejar sus preocupaciones. Posteriormente presenta seis estrategias creativas que podés enseñar a tu hija o hijo para ayudarle a manejar el problema.

¿Qué es el TOC?

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es el término médico para un trastorno, o mal funcionamiento del pensamiento, en el cual una persona sufre de obsesiones, que a menudo están vinculadas a las compulsiones. Las obsesiones son preocupaciones intensas y obstinadas de que algo terrible haya sucedido o sucederá. Las compulsiones son actos repetitivos que la persona realiza para tratar de manejar sus preocupaciones intensas. Los ejemplos de compulsiones incluyen la verificación repetitiva, limpieza, orden y rituales supersticiosos.

El TOC afecta a aproximadamente el dos por ciento de la población. Es un poco más común en las mujeres que en los hombres y, a menudo, comienza en la infancia, generalmente entre los siete y los diez años.

Obsesiones y compulsiones

Una obsesión es una aprehensión, o un miedo angustioso de que algo terrible ya haya sucedido o sucederá pronto debido a algo que la persona ha hecho o no ha hecho. Una obsesión es una preocupación obstinada que ocupa la mente de la persona y la atormenta incluso si hace todo lo posible por superarla.

Compulsión es el término empleado para los métodos ineficaces que las personas que sufren de TOC usan para tratar de superar sus preocupaciones obstinadas. Imaginá que este pensamiento aparece en tu mente: “Mis manos están sucias” (aunque las lavaste hace un momento). Podés intentar deshacerte de ese pensamiento de preocupación lavándote las manos de nuevo. Si te lavas las manos repetidamente, el lavado es una compulsión que utilizás para superar tu preocupación persistente y exagerada de que tus manos están sucias.

Otro ejemplo: una preocupación intensa ocurre en la mente de un niño de que algo malo le puede haber pasado a su madre mientras él está en la escuela y su madre está en casa. El niño puede tratar de deshacerse de su pensamiento de preocupación llamando a su madre para asegurarse de que esté bien y viva. Si la preocupación vuelve a aparecer pronto, y el niño siente que necesita repetir la comprobación, podemos decir que la comprobación es la compulsión con la que el niño intenta controlar la preocupación “algo malo le puede haber pasado a mi madre.”

Tratamientos estándar para el TOC

Los dos tratamientos más utilizados para el TOC son la medicación y la terapia cognitiva conductual (TCC).

Los psiquiatras prescriben fácilmente drogas psicotrópicas, incluso para los niños, pero su efectividad es muy marginal. En el mejor de los casos, la medicación puede reducir o enmascarar algunos de los síntomas del TOC al reducir la ansiedad, pero la mayoría de las veces los efectos secundarios de los medicamentos psiquiátricos superan sus posibles beneficios.

La terapia cognitiva conductual (TCC) se considera el estándar de oro para el tratamiento del TOC en niños y adultos. Aunque se han informado buenos resultados en estudios de investigación clínica, en la vida real, la efectividad de la TCC parece estar sobrevaluada. Un gran porcentaje de personas que se han sometido a una TCC todavía sufren síntomas de TOC después de haber completado su tratamiento.

En este artículo, propongo una manera de pensar sobre el TOC y un enfoque para ayudar a los niños que luchan con la condición, con base en los principios fundamentales de la TCC. Sin embargo, este enfoque agrega una capa creativa que lo hace más divertido y atractivo para el niño. Mi inspiración se deriva principalmente de las tradiciones de terapias breves, narrativas y centradas en soluciones.

Explicando el TOC a los niños

No es sorprendente que sea difícil explicar el TOC a un niño, porque incluso los expertos no tienen ni idea de por qué algunas personas padecen esta condición y la mayoría no.

Una forma posible de ayudar al pequeño a entender su problema es usar la “externalización”, una explicación que se utiliza comúnmente en la terapia narrativa con niños. Significa que le decís a tu hijo que hay una criatura imaginaria, tal vez sentada sobre nuestro hombro izquierdo, cuyo trabajo es generarnos preocupaciones. Los niños suelen responder bien a esta metáfora. Luego, podés ayudar a tu hijo a encontrar un nombre para la criatura y también podés pedirle que la dibuje. En este artículo llamaré a la criatura el “gremlin de la preocupación”.

Una forma alternativa de utilizar la externalización es explicar que existe una región especial en el cerebro humano que es responsable de generar preocupaciones. Podés llamar a esa área nuestro “generador de preocupaciones” o “núcleo de preocupaciones”. Los mismos métodos que describo en este artículo para hacer frente al Gremlin de la preocupación también pueden ser aplicados para enfrentar el núcleo de preocupaciones.

Por supuesto, no hay gremlins sentados en nuestro hombro izquierdo que nos bombardean con preocupaciones obstinadas, ni hay regiones específicas del cerebro responsables de generar preocupaciones. Sin embargo, la metáfora puede ser muy útil para los niños, no solo porque les permite comprender su experiencia angustiosa, sino también porque les ayuda a ser más creativos y astutos a la hora de inventar formas de hacer frente a sus preocupaciones.

Podés explicarle a tu hijo que todos tenemos un gremlin de la preocupación y todos debemos aprender a aceptar o vivir en armonía con él. A veces, si el gremlin de la preocupación se emociona y se pone a toda marcha, necesitamos encontrar maneras de calmarlo. También es importante explicarle al niño que algunas formas de tratar de calmar la preocupación sobreexcitada del Gremlin funcionan mejor que otras.

Maneras ineficaces de calmar al Gremlin

Como madre o padre, puede resultarte útil comprender algunas de las formas ineficaces en que los niños a menudo tratan de aceptar sus preocupaciones. Estos métodos incluyen razonamiento, reafirmación, verificación, limpieza, ordenar, repetición, rituales supersticiosos, evitación y distracción. 

Razonamiento

Los niños a veces intentan superar sus preocupaciones iniciando un diálogo interno con su gremlin de la preocupación. El problema con este método es que es casi imposible superar al gremlin. Considerá esta “conversación”:

“¿Puede ser que tus manos estén sucias?,” dice el gremlin de la preocupación.

“No, no lo están. Acabo de lavarlas hace un minuto,” responde el niño.

“Pero todavía podrían estar sucias”, insiste la gremlin de la preocupación.

“¿Por qué lo estarían si las acabo de lavar?”, trata de decir el niño.

“Las lavaste, pero no apropiadamente. No te lavaste entre los dedos, ¿verdad?,” señala el Gremlin de la preocupación.

“Sí me lavé entre los dedos”, protesta el niño.

“¿Lo hiciste? ¿Estás seguro? Podrías haber sido descuidado. Apuesto a que tus manos todavía están sucias,” dice el gremlin de la preocupación ahora.

“Mi madre dice que es imposible tener las manos limpias al 100%. Siempre habrá algunos gérmenes en la piel,” intenta razonar el niño.

“Correcto, y al tocar cosas que otras personas podrían comer podés causar que alguien se enferme. Quién sabe, incluso pueden morir por tu causa,” responde el gremlin de la preocupación, y comienza a asustar al niño.

“Está bien, los lavaré una vez más solo para asegurarme”, dice el niño, cediendo ante el obstinado gremlin de la preocupación.

El razonamiento, o argumentación lógica, significa debatir con el gremlin de la preocupación. Tiene la intención de silenciar al gremlin, pero hace exactamente lo contrario al desencadenar un sinfín de argumentos contrarios. Cuanto más intenta el niño refutar la preocupación, más intensamente la defenderá su Gremlin. Es casi imposible vencer al gremlin de la preocupación debatiendo con él.

Reaseguramiento

No es raro que los niños que sufren de TOC pidan a sus padres que los convenzan de que su preocupación es innecesaria. El reaseguro de los padres puede ofrecer un descanso temporal de la ansiedad para el niño, pero el alivio a menudo es de corta duración. Al asegurarle a un niño con TOC que no hay nada que temer, los padres le están haciendo un flaco favor. En lugar de calmarlo, este consuelo bien intencionado termina estimulando la gran preocupación del niño, al mismo tiempo que aumenta la dependencia del niño de las garantías de sus padres.

Niño: ¿Morirá alguien de nuestra familia durante la noche mientras dormimos?

Padre: No, nadie morirá durante la noche. Ya te lo he dicho muchas veces.

Niño: ¿Estás seguro de que nadie morirá? ¿Cómo puedes estar tan seguro?

Padre: Todos dormiremos bien y nos despertaremos frescos por la mañana.

Niño: ¿Pero y si alguien muere en la noche? Por favor, decime una vez más que nadie va a morir. ¡Decilo otra vez por favor!

Comprobar, limpiar, ordenar y repetición

Algunas preocupaciones se pueden superar mediante la comprobación. Si estás llevando a tu hijo a la escuela y de repente comienza a preocuparse de que hayas dejado la puerta de la casa sin llave, podés regresar y asegurarte de que la puerta esté, de hecho, cerrada con llave. O si tu hijo comienza a preocuparse por que quizás has dejado el horno encendido, pueden ir juntos hasta el horno para asegurarse de que esté apagado.

Comprobar más de una vez no es una buena manera de superar las preocupaciones. Al igual que el reaseguramiento, sólo proporciona alivio temporal al niño, al mismo tiempo que allana el camino para la duda renovada y la necesidad de verificar nuevamente. “Sí, es cierto que ya lo comprobaste, pero ¿lo hiciste correctamente?”, pregunta sarcásticamente el Gremlin de la preocupación, obligándolo a revisar una y otra vez. En lugar de ayudar al niño a vencer sus preocupaciones, el comprobar tiende a hacer que la preocupación sea más obstinada.

Si la preocupación está relacionada con la suciedad, tiene sentido que intente superarla mediante la limpieza. Del mismo modo, si al niño le preocupa que algo malo suceda si las cosas no se colocan exactamente de la manera correcta, o si las actividades no se llevan a cabo en el orden correcto, es comprensible que  intente superar la preocupación pasando el tiempo colocando las cosas solo de ese modo, o repitiendo una actividad una y otra vez hasta que pueda sentir que la secuencia se realizó de la manera correcta. Como todos sabemos, este tipo de compulsiones pueden consumir enormes cantidades de tiempo y hacer poco para ayudar al niño a superar las preocupaciones subyacentes.

Rituales supersticiosos

Los seres humanos somos supersticiosos. Tocamos madera después de decir que algo ha ido bien. Sabemos que esta acción no tiene efecto, pero igual lo hacemos. Por si acaso.

Por lo tanto, no es sorprendente que los niños que sufren de preocupaciones irracionales tengan la idea de que podrían superar su preocupación realizando un ritual supersticioso de algún tipo.

Por ejemplo, un niño que se preocupa de que algo malo suceda porque ha tenido un pensamiento “pecaminoso” podría tener la idea de prevenir esa cosa mala realizando un ritual. Ese ritual podría ser recitar un rezo, repetir ciertas palabras en su mente, o incluso agitar sus manos de cierta manera, X número de veces.

Al realizar un ritual supersticioso, el niño puede ser capaz de vencer su preocupación por un breve momento, pero el método es traicionero porque refuerza la tendencia del niño a desarrollar preocupaciones. Cuando los niños tratan de alejar sus preocupaciones con rituales, están practicando el pensamiento supersticioso y, por lo tanto, refuerzan la base sobre la que se fundamenta su problema.

Evitación

Muchas personas que sufren de fobias (miedos extremos e irracionales) manejan su ansiedad al evitar, a toda costa, cualquier situación que provoque su temor. Por ejemplo, los que sufren miedo a las alturas a menudo enfrentan su problema evitando los lugares altos, y los que temen las situaciones sociales a menudo evitan ir a cualquier lugar en el que deban hablar con extraños. De manera similar, los niños que sufren de preocupaciones excesivas pueden tratar de controlar su ansiedad evitando situaciones que saben que desencadenarán sus obsesiones.

Por ejemplo, si un niño tiene la preocupación de que algo malo le puede pasar a su madre mientras está en la escuela, puede “resolver” el problema al quedarse en casa para asegurarse de que su madre esté a salvo. La “solución” elimina la preocupación, pero el precio es alto, ya que el niño pierde la escuela y el estar con sus amigos.

Distracción

Algunos niños pueden obtener un descanso temporal de su preocupación, al redirigir su atención hacia algo diferente. Un niño puede, por ejemplo, distraerse escuchando música o jugando un videojuego.

Redirigir la atención de uno a otra cosa es útil ya que proporciona un respiro temporal de las preocupaciones ansiosas, pero el alivio puede durar poco tiempo si las preocupaciones se reactivan tan pronto como la distracción se detiene.

6 formas creativas de calmar al Gremlin de la Preocupación

Ahora que conocés las estrategias ineficaces que los niños usan para suprimir su preocupación hiperactiva, es hora de encontrar soluciones. Estas estrategias son métodos más efectivos que podés enseñarle para sobrellevar su gremlin de la preocupación (o el núcleo hiperactivo de la preocupación).

  1. Tiempo de preocupación

El tiempo de preocupación es un método recomendado a menudo para las personas que sufren de insomnio causado por una preocupación excesiva. Esto significa que reservás un tiempo designado para pensar en tus preocupaciones durante el día o la noche antes de ir a la cama. Durante este intervalo de tiempo, que puede durar de 10 minutos a media hora, te sentás con un bolígrafo y un papel y te concentrás deliberadamente en pensar en tus preocupaciones. El método se basa en la observación de que es más fácil para las personas deshacerse de las preocupaciones a la hora de acostarse si ya las han tratado de antemano. Cuando una preocupación aparezca en su mente en la cama, pueden decirse a sí mismos: “No voy a pensar en eso ahora. Ya lo pensé durante mi tiempo de preocupación,” o “no voy a pensar en eso ahora, lo pensaré en mi próximo tiempo de preocupación “.

Podés sugerir este método a tu hijo. Ayudalo a programar un cronómetro y usar un bolígrafo y una libreta, y que escriba cada preocupación que le venga a la mente. Alentalo a preocuparse deliberadamente tanto como pueda durante este período. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Qué otra cosa (mala) puede pasar? ¿Qué más te preocupa? Cuando el temporizador indique que el tiempo de preocupación ha terminado, ayudalo a guardar el bloc de notas y animalo a que comience a hacer otras cosas. Decile: “le has prestado toda tu atención a tus preocupaciones, por lo que ahora podés darte un respiro y dejar de lado tus preocupaciones hasta el próximo momento de preocupación.”

Podés mejorar el efecto del método pidiéndole a tu hijo que vuelva a revisar sus notas de preocupación y que te las lea en voz alta. Cuando los niños vuelven a visitar sus preocupaciones de esta manera, a menudo encuentran que las preocupaciones han perdido su control sobre ellos y ya no provocan el tipo de ansiedad que solían generar.

2. Poner las preocupaciones en espera

Las muñecas guatemaltecas de preocupación son muñecas en miniatura hechas de hilos de colores que generalmente vienen en bolsas pequeñas de cuatro o cinco. Los guatemaltecos han usado muñecos de preocupación durante siglos para ayudar a los niños a liberarse de las preocupaciones que los mantienen despiertos y evitan que se duerman a la hora de acostarse. La madre, el padre o los abuelos del niño toman una de las muñecas diminutas del bolso y le piden que le cuenten la preocupación a la muñeca. La muñeca asume la preocupación, liberando así al niño de tener que pensar en ello. La muñeca se coloca debajo de la almohada del niño y cuando el niño se despierta por la mañana, la muñeca se ha ido. Ha vencido la preocupación y ha vuelto al bolso. Hay varias muñecas en el bolso, de modo que si un niño tiene más de una preocupación, cada una de las muñecas puede tomar una diferente.

La idea de las muñecas de la preocupación se basa en la observación de que las preocupaciones tienden a evaporarse, desvanecerse o perder su intensidad si la persona preocupada ni siquiera intenta deshacerse de ellas, sino que las pone en espera, para ser atendidas más adelante. Cuando una preocupación está en espera en un lugar seguro, pero sin preocupar a la mente, el tiempo comienza a hacer sus milagros y la preocupación comienza a disminuir hasta que pierde su poder.

No necesariamente tenés que usar muñecas de preocupación para enseñarle este método a tu hijo. En su lugar, podés pedirle que escriba sus preocupaciones en hojas de papel y que las ponga en espera (quitarlas temporalmente de su cabeza) colocando las hojas en una caja de preocupaciones o en algún otro lugar especial que el niño haya reservado para ellas. Cuando una hora más tarde, o quizás al día siguiente, el niño abra la caja de preocupaciones y lea lo que está escrito en las hojas, es probable que encuentre que las preocupaciones ya no le molestan tanto como lo hacían en el momento en que las escribió. 

Para ayudar a su hijo a entender este método, podés explicarle que al Gremlin no le gusta que ignore sus preocupaciones, pero no le importa que las deje de lado. Al anotar sus preocupaciones y prometerle al Gremlin prestarles atención más adelante, puede calmar la preocupación hiperactiva del Gremlin y aprender a vivir en armonía con él.

3. Enmendando las preocupaciones con un final feliz

He escrito una historia ilustrada para niños sobre cómo superar las pesadillas recurrentes. Podés encontrarla en el sitio web www.kidsskills.org. En la historia, un niño llamado Nigel le dice a su abuela que tiene una pesadilla recurrente donde grandes camiones de miedo lo persiguen.

“¿No sabías, Nigel, que no existen las pesadillas?” responde su abuela.

“¿Por qué decís eso? Tengo la misma pesadilla casi todas las noches,” responde Nigel.

“No hay pesadillas porque todos los sueños tienen un final feliz”, explica la abuela.

“¡Pero el mío no!”, solloza Nigel.

“Por supuesto que no, si te despertás en la mitad,” dice la abuela.

La historia continúa con Nigel y su abuela imaginando juntos un final feliz para el sueño de Nigel. En su fantasía mutua, los camiones se detienen y los conductores salen a decirle a Nigel que están allí para traerle regalos. Nigel sube a los camiones, que están llenos de cosas interesantes, y elige su regalo favorito. Cuando Nigel está en la cama, la abuela le dice: “recuerda ver el final de tu sueño esta noche”. Esa noche Nigel duerme toda la noche sin sueños y su pesadilla nunca reaparece.

Una forma de entender las preocupaciones es considerarlas como pesadillas despiertas, o pesadillas que ocurren en un estado consciente. La mente del niño genera fantasías de miedo durante el día de la misma manera que durante la noche. Esta forma de entender las preocupaciones te permite enseñarle al pequeño a hacer lo que la abuela de Nigel le enseñó a hacer con su pesadilla: revisar la pesadilla despierta enmendándola con un final feliz.

Por ejemplo, si al niño le preocupa que algo malo les pase a sus padres porque no se puso la ropa exactamente en el orden correcto, pedile que te cuente los detalles de su pesadilla despierta. 

“¿Cómo es tu pesadilla despierta? ¿Qué cosas de miedo crees que podrían pasarnos a nosotros?” Supongamos que su hijo ahora informa que tiene una pesadilla despierta en la que uno o ambos de ustedes son atropellados por un automóvil y mueren. Ahora podés decirle que no solo todos los sueños, sino también todas las pesadillas despiertas, tienen un final feliz y proceder a ayudarlo a enmendar la fantasía. Tal vez en este final feliz, la ambulancia llega a la escena del accidente y los paramédicos descubren que sus padres han sobrevivido al accidente sin un rasguño y pueden regresar a casa sin más preámbulos. O tal vez un ángel aparece y cura sus heridas y los hace felices de nuevo.

Los niños con problemas de TOC son maestros en usar su habilidad para fantasear. Si un niño es bueno para crear fantasías de miedo, puede ayudarse a sí mismo aprendiendo a crear fantasías felices en su lugar.

  1. Ignorar las preocupaciones

Imaginá que cuando eras pequeño tenías un hermano mayor que se complacía en burlarse de ti, por ejemplo, diciendo cosas como “¡Cuidado, hay monstruos debajo de su cama!” Cuanto más miedo tenías, más disfrutaba lo que estaba haciendo.

A medida que creciste, comenzaste a comprender que no hay monstruos debajo de la cama y aprendiste a luchar contra tu hermano. Cuando volvió a hablar sobre los monstruos, vos le respondiste: “basta. No hay monstruos debajo de mi cama. Estás siendo estúpido.” Él dejó de molestarte cuando se dio cuenta de que ya no podía engañarte más. Lo derrotaste al ignorar su ridícula crueldad.

Los niños a menudo se asustan entre sí de esta manera. Proyectan varias imágenes de miedo: “¡Mañana será el fin del mundo!” O afirman que el perro de la familia fue atropellado por un automóvil y luego se complacen en observar las reacciones emocionales del otro. Desde la perspectiva de un forastero, lo que están haciendo parece no servir para otro propósito que no sea bullying, pero también podemos pensar en tales interacciones como una forma de ensayar una habilidad importante para la vida. Cuando los niños juegan asustándose entre sí deliberadamente, ayudan a entrenarse unos a otros en la habilidad de manejar y tratar con imágenes y fantasías de miedo. El juego del miedo termina cuando el objetivo aprende a responder al miedo de una manera que indica que se niega a tomar en serio el escenario y, en cambio, muestra una habilidad para ignorarlo al responder al agente del miedo diciendo, por ejemplo, “¡Ps! No te creo” o “¡No me hagas reir!”

Puede ser útil que pienses en la preocupación de tu hijo, de la misma manera que pensás en tu hermano mayor imaginario. El Gremlin de la preocupación de tu hijo lanza activamente diversas imágenes de peligro y amenazas, no para molestarlo, sino para enseñarle y entrenarlo para que sea más fuerte; para ayudarlo a desarrollar una piel lo suficientemente gruesa como para protegerlo de todo tipo de imágenes aterradoras y fantasías que amenazan con arruinar su felicidad. Visto desde esta perspectiva, el Gremlin de la preocupación de tu hijo, tiene buenas intenciones. Su trabajo es enseñarle a responder a sus preocupaciones no tomándolas en serio o simplemente ignorándolas.

5. Convertir al Gremlin de la preocupación en un Maestro

Si podés pensar en la preocupación de tu hijo, no como un acosador, sino como un maestro, podés avanzar un poco más en este concepto.

Un padre me contó la siguiente historia de cómo ayudó a su hija de siete años para superar una preocupación persistente: la preocupación de la niña apareció a la hora de acostarse. Cuando su padre la acostaba, empezaba a dudar de que la puerta de la casa estaba cerrada con llave, lo que permitía a los ladrones entrar a la casa por la noche. Cuando ya estaba en la cama, exigió, varias veces, ir con su padre para verificar y asegurarse de que la puerta estaba cerrada con llave. La preocupación persistió, sin importar cuán firmemente el padre le aseguró que la puerta estaba cerrada con llave e incluso después de haber revisado la puerta juntos muchas veces.

El padre estaba desesperado. No quería agravar el problema de su hija reasegurándola una y otra vez de que la puerta estaba cerrada. Tampoco quiso ceder a las exigencias de su hija de revisar la puerta una vez más. Decidió probar algo fuera de lo común. La noche siguiente a la hora de acostarse, cuando la niña comenzó a preocuparse porque la puerta no estaba cerrada con llave, el padre accedió a revisar la puerta con ella una vez. Cuando la niña estaba de vuelta en la cama, el padre la sorprendió preguntándole: “Sé que acabamos de revisar la puerta, pero ¿qué pensás? ¿Está cerrada o podría haber una posibilidad de que aún esté abierta?”

“Está cerrada”, dijo la niña, asegurándole a su padre que no había ninguna razón para pensar que la puerta no estaría cerrada.

En lugar de convencerse de la seguridad de su hija, continuó dudando. “¿Estás segura de que está cerrada? ¿Tal vez no verificamos correctamente?,” dijo y continuó hasta que la niña comenzó a molestarse con él y le exigió que se detuviera. La estrategia funcionó. La niña superó rápidamente su preocupación al tener que asegurarle a su padre que él no tenía que preocuparse por que la puerta no estuviera bien cerrada. El padre inició un juego para jugar en el que asumió el papel de su gremlin de la preocupación para permitirle practicar y aprender una mejor manera de responder a sus preocupaciones.

6. El músculo anti-preocupación y el juego de lucha contra la preocupación

Si podés ayudar a tu hijo a imaginar que sus preocupaciones son generadas por un gremlin de la preocupación, probablemente también puedas ayudarlo a imaginar que existe una habilidad que él necesita para calmar su preocupación cuando se sobreexcita y lo bombardea con preocupaciones innecesarias. Pueden llamar a esta formación de habilidades el “músculo anti-preocupación” para ayudar al niño a entender que es una habilidad que puede fortalecerse con la práctica, de la misma manera que puede fortalecer los músculos con entrenamientos.

Una posibilidad para hacer esto, que puede parecer extraña al principio, es jugar un juego con el niño que lo ayude a ser mejor descartando, ignorando o riendo ante preocupaciones tontas. Podés dejar que tu hijo le dé un nombre a este juego, pero por ahora lo llamaremos simplemente “juego de lucha contra la preocupación”. En este juego, se turnan para proponer preocupaciones entre ustedes y demostrar que cada uno es capaz de abordarlas.

Debes comenzar a jugar al juego proponiendo preocupaciones tontas que son fáciles de abordar y progresar gradualmente hacia preocupaciones que son más difíciles de superar para el niño. Podés comenzar proponiendo una preocupación absurda como “tu nariz se va a caer” o “el cielo se va a caer”. Cuando estés seguro de que tu hijo es capaz de abordar preocupaciones tan tontas y fáciles, podés aumentar la dificultad del juego y empezar a sugerir preocupaciones más difíciles.

Por ejemplo, podrías sugerir “si no tocás la mesa tres veces, mañana tu bicicleta tendrá una llanta desinflada”, “durante la noche, se desatará una tormenta y nuestra casa será alcanzada por un rayo a menos que gires alrededor tres veces,” o incluso” te enfermarás a menos que te laves las manos dos veces.”

La idea del juego es asegurarte de que tu hijo aprenda, emulandote, a abordar las preocupaciones con creatividad y humor. Las posibles respuestas incluyen, entre otras, no decir nada y simplemente encogerse de hombros o rodar los ojos para indicar que esa preocupación no le afecta. Otra opción es decir algo como “¿A quién le importa?” “No me pueden molestar”, “¡Como sea!”, “¡En tus sueños!” O “¡No me hagas reir!” El juego debe ser divertido tanto para vos como para tu hijo. Debería estar impregnado de risas, y cada victoria, incluso una pequeña, debe ser recibida con un choque de mano u otro gesto similar.

Jugar este juego juntos le ofrece a tu hijo una experiencia de aprendizaje divertida y no amenazadora. Le da la oportunidad de desarrollar su músculo antipreocupación, como así también estrategias más inteligentes para responder a las preocupaciones y aprender a aceptar su gremlin de la preocupación o su núcleo de la preocupación hiperactivo.

Pensamientos finales

El TOC es una molestia común con la que luchan innumerables personas en todo el mundo. Puede tomar muchas formas, pero siempre consiste en un miedo imaginario, del que la persona trata de defender con el uso de estrategias que no solo son inútiles sino que también empeoran el problema.

Recuperarse de esta dolencia requiere mantenerse alejado de las estrategias inútiles que involucran la lógica, la razón y la sensibilidad, y reemplazarlos con creatividad, inventiva y juego.

Fuente: Mad in America

 

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