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Inicio › Psicología clínica › Personalidad y sus trastornos

¿Tienen los jóvenes con disforia de género una personalidad diferente?

  • David Aparicio
  • 14/10/2025
Retrato de una adolescente de pelo corto que mira a la cámara al atardecer, con luces desenfocadas detrás
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En los últimos años, los servicios de salud mental han registrado un aumento constante en el número de adolescentes y adultos jóvenes que reportan malestar psicológico vinculado con su identidad de género. En muchos casos, este malestar se expresa como disforia de género (DG): la angustia que aparece cuando el género sentido por una persona no coincide con el sexo que se le asignó al nacer.

El fenómeno ha despertado preguntas complejas. ¿Por qué parece manifestarse cada vez más temprano? ¿Y cómo deben interpretarse las emociones intensas y los cambios en la identidad sin caer en explicaciones reduccionistas o diagnósticos rápidos?

Tradicionalmente, gran parte de la literatura científica ha descrito a los jóvenes con diversidad de género como más propensos a presentar síntomas depresivos, ansiosos o incluso rasgos límite de personalidad. Pero esos hallazgos suelen basarse en una mirada categórica de la personalidad, en la que las personas se clasifican como “con trastorno” o “sin trastorno”. Esa lógica binaria deja fuera la variabilidad y el contexto.

Una nueva forma de entender la personalidad

El psicólogo Nils Konstantinovs, junto con Petr Weiss, propuso una alternativa más flexible. En lugar de pensar la personalidad como una categoría fija, su estudio —publicado recientemente— adopta un enfoque dimensional, en línea con la Sección III del DSM-5. Desde esta mirada, los rasgos de personalidad no son enfermedades, sino tendencias continuas que pueden variar en intensidad y adaptabilidad según el contexto.

El estudio incluyó a 269 jóvenes de entre 14 y 26 años, tanto cisgénero como con diversidad de género. Utilizando el Inventario de Personalidad para el DSM-5 y la Escala de Disforia de Género de Utrecht, los investigadores evaluaron cinco dominios de rasgos: afecto negativo, desapego, antagonismo, desinhibición y psicoticismo, junto con rasgos límite de personalidad.

Los resultados mostraron que los jóvenes con diversidad de género obtuvieron puntuaciones ligeramente más altas en afecto negativo, desapego y rasgos límite, aunque todas dentro de rangos no clínicos. En otras palabras, las diferencias existen, pero no indican un trastorno de personalidad.

Estas elevaciones probablemente reflejan una mayor sensibilidad emocional y tensión interpersonal, fenómenos que pueden entenderse mejor a la luz del estrés minoritario: las experiencias de exclusión o estigmatización que enfrentan muchas personas con diversidad de género.

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La adolescencia: un terreno en transformación

El estudio también encontró que los adolescentes más jóvenes (entre 14 y 16 años) mostraron niveles más altos de antagonismo, desinhibición y rasgos límite, así como mayor disforia de género. No es un hallazgo menor: la adolescencia temprana es un periodo donde la identidad —incluida la identidad de género— está en pleno desarrollo, y donde la sensibilidad emocional puede amplificarse.

Lejos de ser una señal de patología, estas fluctuaciones pueden reflejar procesos normales de exploración y ajuste en un contexto social muchas veces hostil o incomprensivo.

Además, las correlaciones entre la disforia de género y los rasgos de personalidad fueron pequeñas pero significativas: quienes reportaban mayor malestar de género tendían a puntuar un poco más alto en afecto negativo y sensibilidad interpersonal. Esto sugiere que la angustia emocional podría estar más relacionada con las condiciones externas y la validación social que con rasgos internos fijos.

Implicaciones para la práctica clínica

Los hallazgos de Konstantinovs y Weiss invitan a una lectura más matizada: las diferencias en los rasgos de personalidad no implican defectos individuales, sino respuestas adaptativas a contextos difíciles.

Para los clínicos, esto significa que las evaluaciones deben realizarse con cautela y sensibilidad al desarrollo. Puntuaciones elevadas en ciertas dimensiones no deben interpretarse como un trastorno, sino como indicadores del impacto del entorno o del proceso de construcción identitaria.

Un enfoque dimensional y contextual permite acompañar mejor a los jóvenes en su desarrollo sin etiquetarlos innecesariamente. Comprender el malestar desde la interacción entre rasgos, experiencias y entorno no solo evita la patologización, sino que promueve una mirada más humana, empática y basada en evidencia.

Este estudio recuerda que la personalidad y la identidad son procesos dinámicos, moldeados por la biografía, la cultura y las condiciones sociales. Entender eso es clave para construir una psicología más respetuosa con la diversidad y más útil para quienes buscan alivio y comprensión, no etiquetas.

Referencia: Konstantinovs N, Weiss P. Examining the Relationship Between Personality Traits and Gender Dysphoria in Adolescents and Young Adults. Journal of Psychosexual Health. 2025;0(0). doi:10.1177/26318318251355397

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David Aparicio

Soy psicólogo clínico, editor general y cofundador de Psyciencia.com. Tengo un máster en Terapias Contextuales por la UDIMA, estoy certificado en terapia dialéctica conductual (DBT) y llevo más de 10 años atendiendo pacientes. Mi especialidad es la DBT para la desregulación emocional y el trastorno límite de la personalidad (TLP); también trato ansiedad, depresión y TOC con ACT, activación conductual y exposición con prevención de respuesta. Atiendo en consulta presencial en Ciudad de Panamá y en línea.

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