El abuso sexual durante la infancia no lleva inevitablemente a un trastorno límite de la personalidad. Pero la relación entre ambos es suficientemente consistente como para que cualquier clínico la tenga presente desde la primera evaluación.
Eso es, en síntesis, lo que concluye una revisión sistemática publicada en 2026 en Papeles del Psicólogo. Costa, Cabré y Pereda analizaron 27 estudios publicados entre 2013 y 2023, con muestras de entre 11 y 24 años, siguiendo la metodología PRISMA.
La asociación existe, pero el predictor más fuerte no es el abuso sexual aislado
25 de los 27 estudios encontraron asociaciones entre abuso sexual y TLP. Sin embargo, los estudios que analizaban el abuso sexual dentro de un contexto más amplio de maltrato infantil concluyeron algo relevante: la polivictimización —sufrir múltiples tipos de violencia— predice el TLP con más fuerza que cualquier forma de abuso considerada de manera aislada.
Esto encaja con lo que sabemos sobre la etiología del TLP: no es un trastorno de causa única. La vulnerabilidad biológica, el entorno familiar, los eventos adversos tempranos y su acumulación interactúan de formas que todavía no comprendemos del todo. El abuso sexual es una variable relevante dentro de ese modelo, no la explicación completa.
Algunos estudios con gemelos discordantes, como el de Skaug et al. (2022), añaden otro matiz: parte de la asociación entre abuso sexual y rasgos límite puede explicarse por factores genéticos compartidos, lo que complica la idea de una causalidad directa.
La prevalencia varía mucho según el contexto
Las tasas de abuso sexual reportadas en los estudios revisados oscilan ampliamente:
- Muestras clínicas: entre 7,7% y 50%
- Muestras comunitarias: entre 0,4% y 14%
- Muestras judiciales: entre 5,9% (varones) y 50% (mujeres)
- Universitarios con diagnóstico de TLP: hasta 59,1%
El patrón es consistente con lo que ya se sabe: las tasas son más altas en contextos clínicos y judiciales. Y en todos los estudios que reportaron diferencias por género, la prevalencia fue significativamente mayor en mujeres.
¿El abuso sexual predice la gravedad del cuadro?
Cuatro estudios analizaron esto específicamente, y los resultados son mixtos. Turniansky et al. (2019) encontraron que cuanto más prolongado fue el abuso sexual, mayor fue la severidad clínica: hospitalizaciones más largas, más intentos de suicidio, más conductas autolesivas. Zanarini et al. (2023) encontraron que la severidad del abuso se asocia con síntomas disociativos, pero solo en adultos con TLP, no en adolescentes.
En cambio, Infurna et al. (2016) y Kuo et al. (2015) encontraron que el abuso emocional, no el sexual, predice mejor la severidad de los síntomas límite.
No hay una respuesta simple aquí. La gravedad del cuadro depende de múltiples factores: la cronología del abuso, su duración, el tipo de maltrato concurrente y características individuales del paciente.
Lo que implica para la práctica clínica
Los autores son directos en esto: explorar la historia de abuso sexual debe ser parte de la evaluación inicial de cualquier adolescente con síntomas o rasgos de TLP. No porque el abuso cause el trastorno de forma determinista, sino porque su presencia modifica el cuadro clínico, influye en el pronóstico y debe orientar el tratamiento.
Para quienes trabajamos en contextos clínicos, esto no es información nueva. Pero tenerlo respaldado por una revisión sistemática actualizada sí es útil, especialmente para fundamentar decisiones en evaluación y para justificar protocolos de screening en servicios de salud mental.
Referencia: Costa, X., Cabré, M., y Pereda, N. (2026). Abuso sexual y diagnóstico de patología límite en la adolescencia: una revisión sistemática. Papeles del Psicólogo / Psychologist Papers, 47(1), 46–55. https://doi.org/10.70478/pap.psicol.2026.47.06