La actividad física puede ayudar a proteger las regiones del cerebro que son sensibles a la neurodegeneración, según una nueva investigación que examinó el deterioro cognitivo en los ancianos (Haeger, Costa, Schulz, & Reetz, 2019).

De hecho se ha encontrado que a mayor actividad física, el riesgo de deterioro cognitivo disminuye. Pero no es necesario ser un atleta que dedica gran parte de su día al entrenamiento para disfrutar de los beneficios de la actividad física; en palabras del Psicólogo Federico Lande, “hacer algo de actividad física es mejor que no hacer nada.” Entender los orígenes y evolución de la actividad física como recurso de supervivencia humana nos ayuda a comprender también diversas problemáticas que se generan en torno al sedentarismo y las comorbilidades que se asocian a este estilo de vida tan nocivo. Ya Hipócrates había dedicado mucho tiempo al estudio de la actividad física para la salud, y encontró que el eje central es el logro del equilibrio entre los ejercicios físicos, las comidas y las bebidas. Este postulado no resulta novedoso, sin embargo, el hecho de que sea ampliamente conocido no implica que sea más sencillo volverlo un hábito. Pero la motivación y la autodeterminación necesarias para realizarla encuentran un fuerte respaldo en los hallazgos de un nuevo estudio que resalta su potencial como tratamiento no farmacológico para el deterioro cognitivo, como la demencia. A su vez, es fácil de aplicar y tiene bajo riesgo de efectos secundarios señalaron las autoras Kathrin Reetz y Alexa Haeger, que analizaron 23 investigaciones previas de resonancia magnética, que habían examinado cómo se relacionaba la actividad física con el deterioro cognitivo leve, la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Los estudios incluyeron un total de 2268 sujetos.

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En orden a encontrar la actividad física que resulte óptima como tratamiento para una persona, es necesario comprender su impacto directo sobre la estructura y la integridad del cerebro. Por esta razón, el objetivo de la revisión fue investigar los cambios cerebrales inducidos por la actividad física y el estado físico durante el deterioro cognitivo, detectados mediante resonancia magnética (IRM). Además, se incluyeron estudios de intervención, así como estudios de observación con evaluación de la condición física y cuestionarios sobre la actividad física de los participantes.

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Se descubrió que el ejercicio afecta las regiones cerebrales frontal, temporal y parietal, como la región hipocampal/parahippocampal, precuneus, cingulado anterior y corteza prefrontal.

“La actividad física y el estado físico se reflejan en la estructura del cerebro en el deterioro cognitivo. Especialmente las regiones cerebrales que se ven afectadas por la neurodegeneración parecen responder al ejercicio y la forma física,” dijeron Reetz y Haeger.

“La interpretación de los estudios siempre debe realizarse en el contexto de los tamaños de muestra, la metodología y el posible sesgo de selección.” Además de los cambios estructurales, cambios metabólicos detectados a través de métodos de imagen no invasivos serían de gran interés, señalan las autoras, quienes están interesadas en abordar esta cuestión a través del estudio de imágenes multimodales en la enfermedad de Alzheimer aplicando también imágenes metabólicas durante una intervención con actividad física.

Referencia:

Haeger, A., Costa, A. S., Schulz, J. B., & Reetz, K. (2019). Cerebral changes improved by physical activity during cognitive decline: A systematic review on MRI studies. NeuroImage. Clinical, 23, 101933. https://doi.org/10.1016/j.nicl.2019.101933

Fuente: PsyPost

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