Antidepresivos
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Los antidepresivos son un tipo de drogas psicotrópicas cuya función, a grandes rasgos, es la de animar a los individuos con depresión. Durante la depresión parecen escasear algunos neurotransmisores como la noradrenalina o la serotonina que elevan el estado de ánimo y la excitación; la mayor parte de los antidepresivos actúan aumentando la disponibilidad de dichos neurotransmisores (Myers, 2006).

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Por ejemplo, uno de los antidepresivos más famosos, la Fluoxetina mejor conocida como Prozac, opera bloqueando parcialmente la recaptación y eliminación de serotonina. Dado que relantiza el vacío sináptico de la serotonina, este fármaco y sus parientes (la sertralina y la paroxetina) son denominados Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina o ISRS. Estas drogas de segunda generación suelen ser tan efectivas como los tricíclicos para tratar la depresión moderada y más seguras para personas con glaucoma y sobredosis (Myers, 2006; Gross, 2005). Como es de imaginarse, todo fármaco tiene algunas desventajas, en el caso de los ISRS, existen investigaciones que han observado síntomas de dependencia luego de suspender el tratamiento.

Otros antidepresivos, los tricíclicos como la imipramina y la amitriptilina, parecen operar bloqueando la recaptación de dopamina y noradrenalina, pero algunos también bloquean la recaptación de serotonina, otros solo bloquean la serotonina y un tercer grupo no tiene efectos conocidos en ninguno de los tres sistemas. El nombre de este tipo de antidepresivos se debe a que su estructura química básica incluye tres anillos de carbono. Son efectivos en el tratamiento de la depresión moderada y severa y suelen ser la primera opción en caso de depresión severa.

Aunque los tricíclicos son tan efectivos como los ISRS, suelen provocar más efectos secundarios como aumento de peso, mareos, sequedad en la boca, hipertensión o efectos tóxicos en el sistema cardiovascular; es por ello que a veces se opta por administrarlos mediante un parche, ya que evita que pase por los intestinos y el hígado y también están siendo gradualmente remplazados por tricíclicos modificados como lofrepamina y trazedona, que provocan menos efectos secundarios (Myers, 2006; Gross, 2005).

Un tercer tipo de antidepresivos, los Inhibidores de la Monoaminooxidasa (MAOI), como la iproniazida, funcionan inhibiendo una enzima encargada de descomponer los neurotransmisores. La iproniazida se utilizaba originalmente para tratar la tuberculosis en 1952 y allí se observó que elevaba el estado de ánimo de los pacientes. Esto es por que dicha droga y otras similares (como la fenelzina) inhiben la actividad de una enzima conocida como Monoaminooxidasa (MAO) y así se va aumentando la actividad de neuronas que utilizan noradrenalina y serotonina.

Los MAOI suelen ser menos efectivos que los tricíclicos para tratar la depresión severa e igual de efectivos para la depresión moderada. Raramente se los prescribe porque pueden tener graves efectos secundarios, como hemorragias cerebrales, e interacciones peligrosas con otras drogas y algunos alimentos (Gross, 2005).

Otro efecto secundario de los antidepresivos es que pueden producir disfunción sexual, aunque hay estudios que sugieren que el ejercicio regular puede ayudar con éste problema.

Es importante conocer que, aunque los antidepresivos empiezan a actuar sobre los neurotransmisores en solo unas horas, los efectos psicológicos pueden tardar 4 semanas (Gross, 2005).

Los antidepresivos también suelen utilizarse para tratar otras condiciones como los trastornos alimenticios, los trastornos de ansiedad, los síntomas de la menopausia y el TDAH (aunque su efectividad en niños y adolescentes es muy cuestionada). Además se utiliza a veces para tratar la depresión secundaria o postpsicótica en pacientes esquizofrénicos (Lieberman, Stroup y Perkins, 2010).

Al retirar el fármaco se debe ir lentamente, de lo contrario puede causar insomnio, nauseas, ansiedad e intranquilidad (Gross, 2005).

Hay investigadores que estudiaron el efecto del fármaco y lo compararon con el efecto placebo, encontrando solo un modesto efecto de los antidepresivos, aunque dichos estudios también tuvieron críticas metodológicas (ver aquí). Estas investigaciones nos hacen reflexionar sobre los efectos de nuestras expectativas.

Lo cierto es que aún es limitado el conocimiento que poseemos sobre las raíces bioquímicas del trastorno y la recuperación (Elliot Valenstein, 1998, citado en Myers, 2006). Muchos profesionales están preocupados porque, dada la facilidad para encontrar y comprar los antidepresivos, se está bloqueando el desarrollo de formas alternativas de tratamiento como las psicoterapias (Gross, 2005).

NOTA: Si estás tomando antidepresivos no los dejes o modifiques sin consultar a tu médico.

Fuentes:

Gross, R. (2005), Psychology, the science of mind and behaviour 5th edition. Hodder Arnold Publication

Lieberman, J., Stroup, S., Perkins, D. (2010), Tratado de esquizofrenia, LEXUS editores: Barcelona

Myers, D. (2006), Psicología 7ma edición. Editorial Médica Panamericana:Madrid