Un estudio publicado en The Journal of Psychology siguió a 234 universitarios durante tres meses y encontró algo que probablemente ya intuías pero preferías ignorar mientras scrolleabas: el uso excesivo de videos cortos —TikTok, Reels, YouTube Shorts— no destruye el bienestar de golpe. Lo hace por pasos.
El patrón que identificaron los investigadores es bastante claro: quien pasa demasiado tiempo en estas plataformas tiende a sentirse más solo con el tiempo. Esa soledad, a su vez, eleva la ansiedad. Y la ansiedad, al final, reduce la satisfacción con la vida.
Ninguno de esos efectos es enorme por sí solo. Pero se acumulan.
Lo interesante del estudio es el mecanismo que propone: los videos cortos no te dañan directamente, sino que desplazan el tiempo que dedicarías a interacciones reales. El algoritmo entrega entretenimiento rápido, personalizado y casi infinito, y sin darte cuenta estás reemplazando conversaciones con contenido. Las conexiones superficiales de la pantalla no cubren lo que las conexiones reales sí cubren.
El dato curioso es que los participantes pasaban en promedio dos horas y media al día viendo este tipo de contenido. Y la mayoría eran mujeres universitarias, así que hay que tener cuidado al generalizar. Tampoco podemos descartar la dirección inversa: quizás quienes ya se sienten solos o ansiosos buscan los videos como escape, creando un ciclo que se refuerza solo.
Pero la pregunta que deja el estudio no es si deberías borrar TikTok. Es más incómoda que eso: ¿qué estás evitando cuando abres la app?
Referencia: Türk Kurtça, T., & Doğru, M. C. (2026). Short Video Addiction and Life Satisfaction: Sequential Longitudinal Pathways via Loneliness and Anxiety. The Journal of Psychology, 1–21. https://doi.org/10.1080/00223980.2026.2642128