«El camino del psicólogo», con Karemi Rodríguez Batista – Watson episodio 4
Elena González entrevistó a Marino Pérez para Redacción Médica:
El problema, explica, es la «la vulnerabilidad de la gente y la patologización de problemas normales de la vida», derivados de la sociedad. Esta, acaba naturalizándolos como problemas genéticos y neuroquímicos, de manera que «al final nadie es responsable de nada».»El código postal dice más de la salud de la gente que el código genético», afirma, al negar que se trate de una «lotería genética» sino de aspectos sociales. Critica, asimismo, la instrumentalización partidista de la salud mental y señala al estado como «responsable de que los individuos no estén a expensas del mercado ni se mercadee con la salud mental».
Y agrega:
Otra de las novedades diagnósticas es la consideración de la noción de espectro «aplicada prácticamente a todas las categorías» y que «termina por diluir categorías diferentes y por patologizar aspectos normales ahora abarcados como ‘trastorno del espectro’ autista, bipolar, de la adicción, psicótico, etc».
El problema, afirma, es que los umbrales de sensibilidad de la gente para tener ‘síntomas’ de algo son «cada vez más bajos» y «los clínicos son pródigos en diagnosticar en buena medida presionados por los usuarios y el sistema sanitario». Más que un plan de acción, el experto en psicopatología cree que habría que tener en cuenta «la prevención cuaternaria consistente en abstenerse de emitir diagnósticos y medicar y en su lugar normalizar, esperar y ver». «No existen marcadores biológicos ni pruebas psicométricas que digan cuando, por ejemplo, la tristeza es depresión o la actividad de un niño es TDAH».
Esto ultimo me recuerda a lo que argumenta Pablo Malo Ocejo en su libro Los peligros de la moralidad, sobre el fenómeno conocido como deslizamiento del concepto en la que el significado de un concepto cada vez se hace menos riguroso, menos exigente y se extiende a variantes más leves que no entraban en la definición original. Lo que puede ayudar a que otras personas reciban ayuda y tratamiento, pero también mete en el mismo saco a un montón de situaciones y problemas que son de la vida diaria y no son problemas psicológicos.
Ada Nuño escribió para El Confidencial un buen resumen de la historia del hábito del sueño.
(…) Las ocho horas reglamentarias que en tantas revistas nos aseguran que son algo así como la llave para conseguir la vida eterna y el cutis más bello, son en realidad una cosa relativamente moderna. No es algo que digamos nosotros, sino que se lleva estudiando desde hace tiempo. Según Roger Ekirch, historiador del sueño de la Universidad de Virginia, el patrón del sueño dominante desde tiempos inmemoriales era en realidad bifásico. En otras palabras, nuestros antepasados dormían en dos bloques de cuatro horas (así que, en el fondo, cumplían también aquello de las ocho horas. Aunque de manera diferente).
Hace algunos años leí un estupendo ensayo de Karen Emslie que explica cómo la luz artificial cambió nuestros hábitos de sueño. Es un texto un poco más extenso, pero que vale la pena leerlo.
El libro es un formato que ha perdurado durante siglos, y que difícilmente puede ser sustituido. A diferencia del CD o el DVD, o del vinilo, que lo sustituido es simplemente el dispositivo donde se consume el producto audiovisual, el libro es más que un dispositivo de lectura, es también la propia lectura. En un DVD no podemos ver una película (necesitamos un reproductor de DVD), pero el libro es, simultáneamente, receptáculo de la información y reproductor de la misma.
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