Terapia Centrada en Soluciones: demandas, excepciones y pregunta milagro, con Alicia Gutiérrez y Nicolás García
En el episodio 353 de Psicoflix, Alicia Gutiérrez Millán y Nicolás García Domínguez cuentan cómo aplican la Terapia Centrada en Soluciones en su consulta. Ambos son psicólogos generales sanitarios, graduados por la Universidad de Málaga y expertos en terapia familiar sistémica, y cofundaron Sigue Psicología, en Málaga, donde atienden a adultos, parejas, familias, adolescentes y niños. Describen su forma de trabajar como una terapia sistémica integradora: el eje es el enfoque centrado en soluciones, pero también toman elementos del modelo del MRI, de la terapia estratégica, de la estructural y de la narrativa.
La conversación arranca con la filosofía del modelo: la persona ya tiene recursos para resolver su problema y el terapeuta adopta una posición de «no experto», más horizontal, en la que el consultante es quien conoce su historia. Por eso dedican mucho trabajo a definir bien la demanda en la primera sesión. Explican que no sirve tal cual el primer pedido («dejar de sufrir»): la demanda debe formularse en positivo, depender de la propia persona y poder traducirse en objetivos concretos. Preguntar «¿para qué?» ayuda a llegar a lo que la persona quiere conseguir, y cuando llega con varios problemas a la vez buscan una demanda común, con sus propias palabras, de la que salen subdemandas y objetivos.
Después repasan las herramientas centrales del modelo. Las excepciones, es decir, los momentos en que el problema aparece menos o se lleva un poco mejor, se buscan con insistencia y se amplían preguntando qué significan para la persona. Explican la pregunta milagro y la importancia de formularla en un lenguaje que da por hecho el cambio («cuando se resuelva, ¿qué será lo primero diferente?»), cómo reconducirla cuando la respuesta se centra en otros («mi madre me trataría bien») y cómo usan una escala del 1 al 10 al inicio de cada sesión para preguntar por qué la persona no está más abajo y qué haría falta para subir un punto. También advierten contra el elogio excesivo: si la persona rechaza un comentario positivo sobre su avance, conviene parar y probar por otro lado.
La última parte se centra en la estructura de las sesiones. Hacen una pausa pactada para pensar el caso y vuelven con una devolución que incluye una explicación de cómo funciona el problema, un elogio y una tarea muy pequeña hacia los objetivos, que a veces elige el propio consultante. Si la tarea no se hace, asumen que la responsabilidad es del terapeuta y cambian de estrategia. Comentan además que la media ronda las cinco a siete sesiones, cómo negocian al final de cada sesión cuándo será la siguiente para ir espaciando los encuentros, cómo trabajan la prevención de recaídas y qué recomendarían a terapeutas acostumbrados a procesos largos: formarse en el modelo con una formación acreditada. Es un episodio práctico para quienes quieren incorporar preguntas y recursos centrados en soluciones a su forma de trabajar.
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