Algunos profesionales de la intervención social utilizan técnicas e instrumentos innovadores en la intervención. El uso de las artes para expresar emociones complejas y elaborarlas con apoyo del profesional puede ser un recurso valioso para los trabajadores sociales en diversos ámbitos de su actividad. Cada vez más profesionales reciben formación sobre estas técnicas y las aplican junto con otras técnicas propias de la profesión. Algunos compañeros son un referente en el uso de estas técnicas, como Israel Hergón con el Teatro Social y Karina Fernández D’Andrea con la intervención narrativa.

La arteterapia es un recurso terapéutico que utiliza el arte para mejorar la salud mental y el bienestar emocional y social. Las terapias artísticas permiten expresar sentimientos y emociones difíciles de contar, sanar miedos, bloqueos emocionales o traumas. El profesional acompaña al usuario durante su proceso, facilitando la expresión de sentimientos y la reflexión. El protagonista del proceso es el usuario, el profesional ejerce el rol de facilitador. Estas técnicas cada vez cuentan con un respaldo más amplio entre los profesionales de la intervención social, existiendo cursos de formación específica, másteres y posgrados en diversas universidades, y trabajos de investigación. Numerosos estudios han demostrado su utilidad terapéutica (Killick et al 1997; Jones, 2005; López Martínez, 2009).

Muchas veces cuando se habla de arteterapia se piensa en el uso de artes plásticas como técnica terapéutica. Sin embargo, existen otras formas de terapia artística que emplean el teatro, la narrativa, la danza o la música para la expresión de emociones complejas. Hay que tener en cuenta que la escasez de recursos humanos, materiales y financieros en servicios sociales y en las entidades sin ánimo de lucro hace aún más importante la pericia del profesional, su formación y capacitación y su capacidad de empleo de diversas técnicas y recursos.

En la arteterapia con artes plásticas, se emplean todo tipo de técnicas y materiales: óleo, acuarela, témpera, lápices de colores, rotuladores, y elementos como papel, cuerdas o lana. Mas allá del valor estético o artístico del producto, se trata de “trabajar desde el corazón”, entrar en un estado de abstracción que permita representar lo que se siente. El arte permite aflorar los conflictos personales y facilita la elaboración de las emociones. El terapeuta ha de mantener un equilibrio entre guardar silencio y permitir la expresión emocional, y hablar, apoyar o preguntar con delicadeza, favoreciendo el diálogo y la reflexión.

El arte permite aflorar los conflictos personales y facilita la elaboración de las emociones

La terapia narrativa se ha empleado en Trabajo Social existiendo diversos estudios al respecto (Saez, 2006; García Hernández, 2010; Ledo, 2012; Bedoya, 2013; Fernández D’Andrea, 2013). Esta técnica permite al usuario construir y elaborar un relato sobre lo que le ha sucedido, sobre un acontecimiento traumático o sobre su historia de vida. En muchos casos, las personas llegan con relatos muy negativos sobre su vida o sobre sí mismos. A través de la escritura el usuario ordena sus ideas, reflexiona sobre esas ideas negativas, se permite el diálogo y la reflexión, se elaboran las emociones y se construye un nuevo discurso más ajustado a la realidad, que tenga en cuenta sus fortalezas y potencialidades. Trata de evitar la identificación entre el problema y la persona: el problema es el problema, la persona es la persona, la persona no es el problema (Michael White, citado por Fernández D’Andrea, 2013).

El teatro se utiliza en la intervención socioeducativa, aunque más en Latinoamérica y otros países europeos que en España (Hergón, 2011). Según este autor, el teatro social en España ha sido introducido sobre todo por educadores sociales, y destaca su utilización en Cataluña. Colomé clasifica el teatro social en tres variantes: teatro sociopolítico clásico, teatro de intervención educativa y teatro de intervención para la transformación o cambio social. El teatro social ya se hallaba presente en la Hull House de Jane Addams, que también contaba con actividades de pintura o danza (Hergón, 2011). El teatro social puede incluirse como técnica dentro de diferentes modelos de intervención: el modelo de modificación de conducta, el modelo humanista, o el crítico-radical. El teatro social puede permitir la identificación de problemáticas, la expresión de emociones, la intervención con grupos y comunidades y la protesta contra la injusticia social. Diversos autores han investigado la aplicación del teatro en la intervención social (Laferrière, 1999; Boal, 2009; Busto, 2014; Vega Lezcano, 2015; Guerra 2017).

El teatro social puede incluirse como técnica dentro de diferentes modelos de intervención: el modelo de modificación de conducta, el modelo humanista, o el crítico-radical

Varios estudios analizan también la utilidad de la danza para en la intervención psicosocial. Un estudio del Ministerio de Educaciónseñala que la danza puede utilizarse en actividades socioeducativas para la inclusión social. La danza favorece el desarrollo personal y la integración en el entorno, la autoconfianza, la capacidad para expresarse, la relación con los demás y el autoconocimiento. Fomenta la superación de estereotipos y prejuicios culturales o de género, ayuda a vencer la timidez y a desinhibirse. Puede resultar de gran utilidad para trabajar con colectivos en riesgo de exclusión social, tales como internos en centros penitenciarios, minorías, personas con enfermedad mental, con drogodependencias, personas con discapacidad, personas mayores o personas migrantes (ayuda a superar las barreras culturales y lingüísticas).

La danza puede utilizarse en actividades socioeducativas para la inclusión social

En este sentido, la Asociación Dan Zass ofrece actividades de música, danza y teatro para personas con discapacidad, favoreciendo su inclusión social, su autoestima y el establecimiento de vínculos a través del arte. Trabajan desde las capacidades de las personas, no desde sus limitaciones, y favorecen la expresión de sus emociones y de su personalidad. También en personas mayores la danza ayuda a descargar la expresión de emociones y sentimientos y a mostrar sus capacidades, a conectar consigo mismos y a desarrollar su autoestima. La danza en comunidades o barrios puede abrir espacios de participación ciudadana y convivencia entre comunidades y culturas, ayudando a superar barreras culturales, lingüísticas o religiosas. La danza puede emplearse en el trabajo social grupal y muy especialmente, en el trabajo social comunitario. Algunos estudios interesantes sobre este tema son los de Zúñiga (2001); Martínez Abellán et al (2002); Sebiani, (2005); Erazo et al (2012); Leal (2015); Neme (2016) o Saritama (2018).

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También existe literatura sobre la aplicación de la música a la intervención social (Murrow, 1997; Pellizzari, 2010; Fernández de Juan, 2011; Sánchez et al, 2014; Tablón Fernández, 2015) . La música permite la expresión de emociones, su exteriorización, aumenta la autoestima, reduce la agresividad, promueve la interacción social y la integración, favorece el desarrollo de habilidades sociales y la autoexpresión (Ventura, 2016). Se han realizado experiencias de intervención social empleando la musicoterapia con personas con demencias, enfermedad mental, alumnos de Educación Especial, mayores con depresión, personas ingresadas en hospitales, mujeres víctimas de violencia de género, pacientes en tratamiento con quimioterapia, personas con autismo, menores infractores y otros colectivos, así como en intervención comunitaria.

Las terapias artísticas pueden emplearse para la intervención con muy diversos colectivos, ofreciendo diversos beneficios, por lo que constituyen una herramienta de gran utilidad para los profesionales de la salud mental en el marco del proceso de intervención, acompañadas de otras técnicas con un diseño de intervención adecuado. Algunos de los ámbitos en los que podría plantearse la utilización de estas técnicas son los siguientes:

  • Servicios sociales de base: Talleres o actividades de manualidades (Mayo, 2017), talleres o actividades de danza o teatro, formando grupos de niños, adolescentes, mujeres, mayores.
  • Servicios sociales especializados: Red de servicios sociales para personas mayores, personas con discapacidad, menores tutelados, drogodependientes, migrantes, mujeres víctimas de violencia de género, refugiados, asilados o apátridas, menores infractores.
  • Servicios sanitarios: Centros hospitalarios, centros de salud mental, centros de rehabilitación o terapia, unidades de oncología o psicooncología, unidades de cuidados paliativos.
  • Servicios educativos: Centros educativos prioritarios o de especial dificultad, educación no formal, centros de ocio y tiempo libre, centros de actividades socioeducativas para personas en riesgo de exclusión.
  • Servicios de atención a menores: Centros de acogida, centros de atención a la infancia, centros de terapia para menores, centros de menores infractores, unidades de paidopsiquiatría.
  • Servicios de atención a personas con discapacidad: Centros de atención a personas con discapacidad, centros de rehabilitación, centros de día, residencias, asociaciones y entidades que realicen actividades para personas con discapacidad.
  • Servicios de atención a personas mayores: Centros de ocio para mayores, centros de día, residencias, centros terapéuticos y asistenciales para mayores.
  • Intervención comunitaria:Entidades que realicen programas de intervención comunitaria con comunidades indígenas, minorías étnicas, barrios con problemática de exclusión social, comunidades segregadas o excluidas, pobladores de asentamientos de infraviviendas, y otras comunidades.

Las terapias artísticas pueden facilitar la expresión de sentimientos, la detección e identificación de situaciones de injusticia y opresión, la identificación de las necesidades del grupo o comunidad, y la motivación en la comunidad y sus miembros para la movilización y la reivindicación. Por ello, puede ser una herramienta valiosa para la profesión. Eva Mayo señala las dificultades de encaje en la práctica de los servicios sociales, por la falta de recursos de estos servicios y la necesidad de someterse a procedimientos establecidos. Sin embargo, puede merecer la pena darle un lugar a estas técnicas por su utilidad para los profesionales y los beneficios que reportan para los usuarios.

Referencias bibliográficas:

Bedoya, M.E., Estrada, P. (2013). Terapias narrativa y colaborativa. Una mirada con el lente del construccionismo social. Revista Facultad Trabajo Social, Vol. 29, Núm. 29 (2013)

Boal, A; (2009). Teatro del Oprimido. Teoría y Práctica. Editorial Alba, 2009.

Busto, E. (2014). Teatro como herramienta de transformación en el Trabajo Social. Universidad de Navarra.

Fernández D’Andrea, K. (2013). El Trabajo Social terapéutico desde el enfoque de la terapia narrativa. XII Congreso Estatal del Trabajo Social, Marbella, noviembre 2013.

García Hernández, M.D. (2010). Conversaciones liberadoras en la intervención psicosocial: resiliencia y terapia narrativa en acción. 3er trimestre. (91)

Guerra, A.R. (2017). Humanidades y Educación. Portal de Revistas Univ. Autónoma Nuevo León.

Hernández González, Hergón, I. (2011). El Teatro Social como alternativa de desarrollo profesional. XII Congreso Estatal del Trabajo Social, Marbella, noviembre 2013.

Fernández Carrión, M. (2011) Danza e Inclusión social.  Revista Ministerio de Educación- INTEF.

Jones, J.G. (1997). Art Therapy with a Community of Survivors.  14:2, 89-94, DOI: 10.1080/07421656.1987.10759262

Killick K. (1997). Unintegration and containment in acute psychosis. En: Killick K, Schaverien J (Eds.), Art, Psychotherapy and Psychosis. London, Routledge: 38-51.

Laferrière, G.  (1999). La pedagogía teatral, una herramienta para educar. Revista Educación Social, 13.

Ledo, I; Ledo, H; y Pino, Y. (2012). Terapias narrativas, un enfoque psicoterapéutico. Norte de salud mental, 2012, vol. X, nº 42: 59-66.

López Martínez, M.D. (2009) La Intervención Arteterapéutica y su Metodología en el Contexto Profesional Español. Universidad de Murcia.

Martílnez Abellán, R. (2002). Atención a la diversidad: expresión corporal, danza, danzaterapia y necesidades educativas especiales. Polibea, 2002, págs 20-31

Saez, M.T. (2006). Las terapias posmodernas: una breve introducción a la terapia colaborativa, la terapia narrativa y la terapia centrada en soluciones. Psicología Conductual, Vol. 14, Nº 3, 2006, pp. 511-532

Sebiani, L. (2005). Uso de la danzaterapia en la adaptación psicológica a enfermedades crónicas (cáncer, fibrosis, sida). Revista Reflexiones, Vol. 84, Núm. 1 (2005)

Vega Lezcano, A.G. (2015). Posibilidades del teatro en la intervención social. Orientaciones para la práctica. Rev. Documentos de Trabajo Social. Revista de Trabajo y Acción Social. 1133-6552, Nº. 55, 2015, págs. 7-24

White, M; Epston, D. (1993). Medios narrativos para fines terapéuticos. W. W. Norton and Co., Nueva York-Londres. Traducción de Castillo, O. Paidós, 1993.

Zúñiga, D.M; Salazar, W; Valverde, R. (2001). Efectos de la música-danza y del refuerzo positivo en la conducta de personas con discapacidad múltiple. Pensar en Movimiento: Revista de Ciencias del Ejercicio y la SaludVol. 1, Nº. 1,  págs. 19-33

1 Comentario

  1. Para esto existen profesionales con una amplia y profunda formación, los Terapeutas Ocupacionales

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