Castigo físico / Shutterstock

El castigo físico sigue siendo uno de los temas más discutidos en la palestra de la psicología educativa y los métodos de enseñanza tradicionales.

Mientras que muchos padres y cabezas de familia sostienen que los golpes y las nalgadas con técnicas efectivas para la modificación de conductas indeseadas en los niños, expertos como Inna Altschul, Shawna Lee y Elizabeth Gershoff investigan a fondo las repercusiones del castigo corporal vérsus el uso de métodos correctivos basados en la compasión y el afecto.

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Según el estudio realizado por Altschul, Lee y Gershoff, y publicado en la revista Journal of Marriage and Family, el castigo físico no solo acarrea consecuencias negativas inmediatas, como el resentimiento de los niños hacia sus padres, también puede conllevar el desarrollo de comportamientos antisociales a largo plazo.

De acuerdo con las investigadoras, una reprimenda tan común como las nalgadas puede ocasionar el modelamiento de conductas agresivas en los niños, ya que “no enseña a los niños por qué su comportamiento fue inadecuado o qué comportamientos alternativos o apropiados podrían haber adoptado”.

El afecto, la compasión y el reforzamiento positivo, en cambio, promueven la creación de vínculos de confianza y reciprocidad entre los padres y sus hijos, lo que favorece el desarrollo de la competencia social en los niños y se relaciona con una mayor receptividad al momento de corregir conductas inadecuadas.

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El estudio empleó los datos de 3,279 familias con niños pequeños y comparó la tendencia a la agresividad y el desarrollo de la competencia social entre aquellos que habían sido corregidos mediante castigo físico y los que habían sido educados por medio de técnicas basadas en el afecto.

“Los hallazgos indican que los padres deberían evadir las nalgadas y usar técnicas positivas para obtener comportamientos positivos por parte de sus hijos”, explican las investigadoras.

“Incluso si los padres usan tanto el afecto como las nalgadas, los beneficios del afecto en la competencia social de los niños podrían verse afectados por el aumento de la agresividad asociada con el empleo de las nalgadas”.

Fuente: Psypost.org

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.