Si perdiste a alguien muy querido para vos y estás pasando por el duelo quizá estas propuestas puedan ayudarte. Hay un sendero por el que podés transitar, con el horizonte puesto en tus valores. Pero no caminás sólo, llevás a tus emociones de la mano.

  1. Permitite aceptar lo que estás sintiendo. Puede ocurrir que sientas diferentes cosas, desde sentir desconcierto a sentir enojo, culpa, tristeza, desesperación o desesperanza. Claro que en algunas situaciones podrías sentir también alivio –por ejemplo cuando alguien ha fallecido de manera pacífica luego de un largo período de intenso sufrimiento. Cualesquiera que sean estos sentimientos: notalos, nombralos, respirá con ellos y haceles lugar.

  2. Aceptá que por momentos te sentirás abrumada/o. En las etapas iniciales del duelo, esos sentimientos dolorosos son como un maremoto: ellos se elevan como grandes olas que te envuelven y te llevan consigo. En general esto pasará antes de que puedas notarlo y está bien. Hay un tiempo y un espacio para simplemente permitir que esto pase: permitirte ser engullido por la ola. Lo bueno de esto es que la ola nunca te ahogará –aun cuando sientas que sí lo hará. Y siempre podés tomar la perspectiva del observador, es decir, “tomar distancia”, dar un paso atrás y observarte a vos mismo sintiéndote abrumada/o. Esto te permitirá “ver” que las olas pueden tumbarte pero no lastimarte.

  3. Practicá “anclar” tu ser. Con el tiempo las olas empiezan a reducirse en tamaño. Todavía serán grandes pero ya no un oleaje gigantesco. Algunas veces te derribarán, algunas veces no. Para anclar tu ser cuando las olas lleguen podés practicar un ejercicio de conciencia plena ampliando el foco de tu atención: notá el lugar en dónde estás y lo que estás haciendo; notá lo que podés ver, oír y tocar; notá lo que estás sintiendo e intentá nombrarlo. Mantené tu atención abierta a lo que hay a tu alrededor, tus acciones, los movimientos de tu cuerpo. Esto puede mantenerte de pie hasta que la ola se retira.

  4. Conectate con tus valores. ¿Qué te dicen estos sentimientos acerca de lo que es importante para vos? ¿Qué cosas te revelan acerca de lo que genuinamente te importa?

  5. Una pregunta importante. Supongamos que podés hacer una elección. Opción A: nunca más vas a tener que sentir estos sentimientos dolorosos –pero esto implica que nunca más podrás amar y cuidar a alguien. Opción B: podrás amar y cuidar a quien elijas –pero cuando pierdas aquello que te importa, sentirás este dolor intenso. ¿Qué opción elegirías?

  6. Desarrollá auto-compasión. Sé amable con vos misma/o. Si alguien a quien amás estuviese sufriendo, ¿qué cosas amables y cariñosas harías o le dirías a esa persona? Intentá hablarte a vos misma/o y tratarte de esa manera.

  7. Mantenete atenta/o a las “historias” que no ayudan. Algunas de las más comunes son: la historia de “Mi vida está acabada”; “Nunca voy a superar esto”; “No puedo soportarlo” y la de “Es mi culpa”. También permanecé alerta frente a la historia de “Debería haber hecho esto o lo otro/No debería haber hecho o lo otro”, que puede rápidamente crecer y convertirse en una historia de proporciones épicas. También hay otras historias inertes, que incluyen cualquier cosa que comience con “si tan sólo…” y también aquellas que incluyen la palabra “injusto” (es cierto que la vida es injusta, pero no encontrarás mucha vitalidad comprando esa historia). Por momentos estas historias te van a “enganchar”, no podés evitar esto. Pero una vez que lo notes, podés desengancharte comenzando por nombrar esa historia (“ah sí… otra vez la Historia de Esmiculpa”), agraderle a tu mente y dejarla ir.

  8. Buscá vitalidad en tu dolor. Tu pena te dice dos cosas muy importantes: a) todavía estás viva/o y b) tenés un corazón. Conectate con tu corazón: conectate con tus valores, haciendo las cosas que son importantes para vos. Y lleva tu pena con vos, llevala de manera atenta y gentil, como si fuera un niño entre tus brazos.

  9. Considerá cómo podés crecer a partir de esta experiencia. ¿Qué cosas podrías aprender acerca del perdón, la compasión y la aceptación? ¿Cómo podría tu propia experiencia beneficiar a otras personas que te importan? Kelly Wilson, uno de los fundadores de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), habla acerca de cómo tu propio sufrimiento en la vida te permite desarrollar un “estetoscopio emocional” –con el cual podés escuchar con claridad el dolor en el corazón de los otros.

  10. En muchas ocasiones un ritual de duelo es de ayuda. Hacete un espacio y tiempo en donde puedas sentir tu dolor plenamente: abrirte a él, abrazarlo y permitirle ser. Cuando se trata de la pérdida de un ser amado, este podría ser un ritual regular que se extienda por semanas o meses; podés hacerlo tan simple o elaborado como lo desees.

  11. Recordá el antiguo proverbio: “Esto también pasará”. Recordalo cuando las olas te derriben.

  12. Date tiempo, descansá, tenete paciencia. El duelo consume energía de modo que muchas veces necesitarás detener lo que estás haciendo, por un rato. Pero eso no significa rendirse. Mantenete cerca de tus valores mientras cuidás de vos cuando sea necesario.

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Cuando te sientas dispuesta/o, intentá poner en práctica alguna de estas propuestas y observá qué ocurre en vos durante el proceso del duelo. No fuerces la experiencia.  Mantenete abierta/o a ella tal cual es en el momento presente.

Hace un tiempo me encontré con este fragmento de Hermann Hesse: “No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos”.

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Texto adaptado de un escrito original de Russ Harris.

 

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