A veces los padres utilizan las mentiras blancas para conseguir que su hijo se porte bien, siga indicaciones o se quede tranquilo. Nadie puede juzgarlos. Ser padres es una de las tareas más difíciles y estresantes que una persona puede afrontar.

Pero cuidado con usarlas en exceso. Un estudio del Journal of Experimental Child Psychology presentó datos que sugieren que decirle muchas mentiras a los niños puede ser contraproducente y extensas de lo que los padres pueden imaginar.

En ese estudio realizado por la Universidad Tecnológica de Singapore colaboraron 379 adultos que fueron encuestados para conocer si recordaban cuan a menudo sus padres le decían mentiras durante su infancia. La encuesta estaba conformada por 16 items que cubrían las mentiras que más frecuente (comida, mala conducta, dinero, etc. ) dicen los padres para lograr la obediencia de sus hijos.

Luego se les aplicó otra encuesta pero esta vez estaba destinada a conocer con qué frecuencia ellos les mentían a sus padres y las categorías que se incluyeron fueron: mentiras sobre sus actividades, amistades, y exageraciones sobre distintos eventos.

Y por último, se les aplicaron dos tests: un cuestionario psicométrico que evaluaba la disfunción social, problemas de atención, agresión y dificultad para seguir las reglas., y el test Levenson de psicopatía, el cual examina los rasgos de personalidad como impulsividad y mezquindad.

Con todos estos datos, se encontró que aquellos que reportaron tener padres que mentían más a menudo eran más propensos de mentirles también a sus propios padres, y los hijos empezaron a creer que ser deshonesto era moralmente aceptable cuando las condiciones lo exigían. La deshonestidad de los padres también erosionó la confianza en la familia y los hijos dejaron de confiar en sus padres, y por lo tanto se sentían menos obligados a decirles la verdad cuando sus padres se lo exigían. Otro dato interesante fue que los participantes a los que se les mintió con mayor frecuencia tenían más problemas de ajuste durante su adultez y tenían mayores problemas de externalización.

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El estudio tiene dos limitaciones importantes que caben mencionar. Primero: se basó en una medida que no es muy confiable: la memoria de los participantes sobre la frecuencia y tipo de mentiras que recibían de sus padres. Segundo: Este tipo de estudio no puede establecer una inferencia causal, porque aun cuando los padres dijeran muchas mentiras, sus hijos también prodrían tener problemas clínicos que no fueron evaluados o controlados y que afectarían también su comportamiento y adaptación en la adultez. Como estas variables no fueron controladas en el estudio, entonces tampoco podemos decir con completa certeza que decirle mentiras a los niños ocasionará indudablemente problemas más adelante. Pero lo que si podemos decir es que si los padres desean enseñar el valor de la honestidad en sus hijos entonces deben modelar esta conducta y enseñarla con el ejemplo y no con solo palabras.

Referencia del estudio original: Setoh, P., Zhao, S., Santos, R., Heyman, G. D., & Lee, K. (2020). Parenting by lying in childhood is associated with negative developmental outcomes in adulthood. Journal of Experimental Child Psychology, 189, 104680. https://doi.org/10.1016/j.jecp.2019.104680

Fuente: BPS

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