Quienes trabajamos con terapias focalizadas en emociones, como la Terapia Dialéctico-Conductual, sabemos que la “descarga” emocional no siempre es beneficiosa para la vida de las personas. Es más, en muchos casos, puede ser perjudicial a largo plazo y convertirse en un obstáculo para la obtención de metas vitales.

Se suele utilizar el término coloquial “descarga emocional” para referirse a la expresión emocional en términos del impulso de acción que incluye la emoción. Es decir, la descarga implicaría la disminución de la tensión emocional a través de la realización del impulso que dicta la emoción, lo que la emoción nos dice que hagamos. Pero lo cierto es que la respuesta emocional no es necesariamente parte del fenómeno emocional, es decir, podemos responder de muchas maneras diferentes sintiendo esa misma emoción. Puedo enojarme con mi jefe lo que no implica necesariamente “gritarle y dar un portazo”.

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La “descarga” emocional no siempre es beneficiosa

Nuestra respuesta frente a la experiencia emocional puede ser variada, y podemos aumentar estas opciones de respuesta a través de la práctica y la generalización de las habilidades de regulación emocional (Linehan, 1993).

Una de las habilidades más sencillas pero no necesariamente fácil de practicar, es simplemente la contemplación de la ola emocional, desde que surge luego de un disparador específico hasta que se produce un retorno a la línea de base; retorno que inevitablemente sucederá si nos permitimos estar con la emoción sin reaccionar a ella.

A pesar de ésto, se sigue sosteniendo que las emociones, mal llamadas “negativas”, como el enojo, deben poder “descargarse” porque sino algo terrible ocurrirá. Tanto el saber popular como algunas corrientes psicológicas han alentado estas ideas que están muy arraigadas en la cultura pese a las evidencias fuertes en su contra. “Si no me descargo, voy a explotar”, “si no expreso mi enojo, me queda adentro y me voy a enfermar”, “el enojo se acumula hasta que uno estalla” son algunas  de las versiones de una misma historia que termina justificando las respuestas impulsivas del enojo que pueden generar daño a nosotros mismos o a otras personas.

Afortunadamente  hay gente dispuesta a investigar y derribar mitos que no contribuyen a una vida saludable. Tal es el caso de Scott Lilienfeld y su equipo, que escribieron un libro muy interesante sobre Mitos de la Psicología Popular (Lilienfeld, 2011). A continuación les comparto algunos fragmentos que traduje del libro, sobre el alcance del mito de la catarsis y la evidencia en su contra (“Mito Nro. 30: Es mejor expresar el enojo hacia los demás que guardarlo para sí”):

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Patrick Henry Sherrill tiene la triste distinción de ser la persona que inspiró el término “going postal” por haber cometido una de las peores masacres de la historia americana.

El 20 de agosto de 1986, Sherrill, furioso ante la perspectiva de que sería despedido de su trabajo como empleado de correos, disparó dos armas que escondió en su bolsa de correo, matando a 14 trabajadores e hiriendo a 6 antes de quitarse la vida en la oficina de correos de Oklahoma. Muchas personas usan ahora el término “going postal” para describir a una persona enojada que se vuelve incontrolablemente violenta.

Esta creencia se remonta más de 2.000 años atrás

La “furia al volante”, un término del argot que refiere a las erupciones de ira en las carreteras, puede ser igualmente mortal.

El 16 de abril de 2007, después de hacer parpadear sus luces delanteras y arrinconar a Kevin Norman, Jason Reynolds se adelantó con su auto al de Norman y pisó los frenos. Cuando Norman se desvió para evitar un choque, el vehículo rodó hasta el medio de la carretera, aterrizó encima de otro vehículo, y mató a Norman y al otro conductor (The Washington Times, 2007).

¿Podrían Sherrill y Reynolds haber evitado estos estallidos letales si hubieran “descargado” sus emociones reprimidas en casa, digamos, golpeando una almohada con un bate de plástico o golpeando una bolsa de boxeo para mitigar su ira?

Si pensás como la mayoría de la gente, entonces probablemente creas que la liberación de la ira es más saludable que mantenerla “enfrascada”. En una encuesta, el 66% de los estudiantes de psicología acordó en que expresar la ira reprimida es un medio eficaz de reducir el riesgo de agresión (Brown, 1983).

Esta creencia se remonta más de 2.000 años atrás, cuando el filósofo griego Aristóteles, en su Poética clásica, propuso que el presenciar obras teatrales trágicas ofrecía la oportunidad de catarsis (derivada de la palabra griega “Katharsis”) -una purga de la ira y otras emociones negativas que ofrecía una experiencia satisfactoria de “limpieza psicológica”.

La psicología popular nos enseña que la ira es un monstruo que hay que domesticar

Sigmund Freud (1930/1961), un influyente teórico respecto de la catarsis, sostenía que la furia reprimida podía acumularse y supurar, como el vapor de una olla a presión, al punto de causar trastornos psicológicos.

“El Increíble Hulk”, personaje del comic de Marvel, es una metáfora de las consecuencias del fracaso en el control de la ira, que siempre está al acecho en los márgenes de la conciencia. Cuando Bruce Banner permite que demasiada ira se acumule, se transforma en su alter-ego desbocado, Hulk.

La psicología popular nos enseña que la ira es un monstruo que hay que domesticar. Una gran cantidad de películas y libros alimentan la idea de que podemos hacerlo “desahogándonos”, “sacando lo que tenemos adentro”, “eliminándola de nuestro sistema”.

En la película “Analízame” (1999), el psiquiatra le recomienda al Gánster de Nueva York  que golpee una almohada cada vez que sienta enojo.

En “Un Mundo Implacable” (1976), un presentador de noticias enojado (interpretado por Peter Finch) implora a los espectadores furiosos e indignados por la suba del precio del petróleo y por la economía que estaba cayendo en picada, que liberen sus frustraciones abriendo las ventanas y gritando: “¡Estoy loco como el infierno y  no voy a soportarlo más!”. En respuesta a sus incitaciones, millones de estadounidenses hicieron precisamente eso.

En “Locos de Ira” (2003), el personaje principal  es acusado erróneamente de haber tenido un ataque de ira en un avión y el juez le ordena concurrir a un grupo de manejo de la ira en el cual su terapeuta, el Dr. Buddy Rydell, le recomienda purgar su ira arrojando objetos contundentes. Los consejos del Dr. Rydell son similares a los de muchos autores de gran cantidad de libros de auto-ayuda para el manejo de la ira.

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John Lee (1993) sugiere que en lugar de “sostener el enojo venenoso”, es mejor “golpear un almohadón y, mientras lo haces, gritar y maldecir. Golpea con todo el frenesí que tengas. Si estás enojado con una persona en particular, imagina su rostro en el almohadón y descarga toda tu ira física y verbalmente” (pág. 96).

El Dr. George Bach y Herb Goldberg (1974) recomiendan un ejercicio llamado “El Vesubio” -refieriéndose al volcán situado frente a la bahía de Nápoles cuya erupción causó la destrucción de Pompeya y Herculano, las cuales quedaron sepultadas. En este ejercicio “los individuos pueden desahogar sus frustraciones reprimidas, resentimientos, heridas, hostilidades y furia dando un grito a todo pulmón, como un estallido” (pag.180).

La investigación sugiere que la Hipótesis de la Catarsis es FALSA

Estas técnicas para lidiar con el enojo incluso encontraron su lugar dentro de algunas psicoterapias. Algunas terapias bastante populares alientan a los pacientes a gritar, golpear almohadones y arrojar objetos contra la pared cuando sienten enojo (Lewis y Bucher, 1992). Los defensores de la Terapia Primal sostienen que los adultos perturbados psicológicamente deben liberar el dolor emocional producido en su infancia traumática, descargando este dolor, usualmente a través de gritos desgarradores (Janov, 1970).

En algunas ciudades de Estados Unidos, como Atlanta y Georgia aun pueden encontrarse centros de Terapia Primal.

La investigación sugiere que la Hipótesis de la Catarsis es FALSA.

Por más de 40 años, los estudios han revelado que fomentar la expresión del enojo de manera directa hacia otra persona o indirecta, como por ejemplo hacia un objeto,  en realidad aumenta la intensidad del enojo (Bushman, Baumeister, & Stack, 1999; Lewis & Bucher, 1992; Littrell, 1998; Tavris, 1988). En uno de los estudios iniciales, la gente que fue instruida a clavar clavos luego de que alguien los insultó fueron más -y no menos- críticos con esa persona (Hornberger, 1959). Más aun, practicar deportes agresivos como el rugby, que presumiblemente podrían promover catarsis, resulta en un incremento de la agresión (Patterson, 1974) y jugar videojuegos violentos también está asociado con un incremento de la agresión en estudios de laboratorio y en contextos de vida diaria (Anderson & Bushman, 2002; Anderson, Gentile, & Buckley, 2007).

En realidad aumenta la intensidad del enojo

De modo que expresar la ira no implica “descargarla”: simplemente alimenta la llama del enojo. Las investigaciones revelan que expresar enojo es útil sólo cuando va acompañado de estrategias de resolución de problemas constructivas diseñadas para resolver la fuente del malestar (Littrell, 1998).

De manera que si estamos enojados con nuestra pareja porque siempre llega tarde a las citas, gritarle difícilmente nos haga sentir mejor y tampoco mejorará la situación. Pero si de manera calmada y asertiva podemos expresar lo que sentimos (“Me doy cuenta de que probablemente no lo estás haciendo a propósito, pero cuando llegas tarde herís mis sentimientos”) habremos dado un gran paso en dirección a resolver el conflicto.

Los medios de comunicación podrían incrementar la probabilidad de que algunas personas se involucren en actos agresivos porque creen que de ese modo se sentirán mejor (Bushman, Baumeister, & Phillips, 2001). Brad Bushman y sus colegas (Bushman et al., 1999) realizaron una investigación en la cual les pidieron a los participantes que escriban un ensayo sobre el aborto, luego les dieron a un grupo notas de periódicos falsos en las que se leía que actuar agresivamente era un buen modo de reducir el enojo y a otro grupo notas también falsas que hablaban en contra de actuar agresivamente. Finalmente los investigadores dieron una devolución muy crítica a los participantes respecto a lo que habían escrito sobre el aborto (“Este es uno de los peores ensayos que leí en mi vida!”). Los resultados indicaron que las personas que leyeron las notas “pro-catarsis” se pusieron más agresivas hacia la persona que los criticaba que aquellos que leyeron las notas “anti-catarsis”.

La gente atribuye de manera equivocada el hecho de sentirse mejor a la catarsis

¿Por qué el Mito de la Catarsis sigue siendo tan popular a pesar de la evidencia avasallante en su contra? Porque a veces la gente se siente mejor en el corto plazo -inmediatamente después del estallido- y eso podría reforzar el acto de expresión del enojo y la idea de que la catarsis funciona (Bushman, 2002; Bushman et al., 1999)

A su vez muchas veces la gente atribuye de manera equivocada el hecho de sentirse mejor a la catarsis, cuando en realidad lo que ocurre es que el enojo por lo general desaparece solo después de un tiempo. Como lo observó Jefrey Lohr y sus colegas (Lohr, Olatunji, Baumeister, & Bushman, 2007) este es un ejemplo de la falacia “post hoc, ergo propter hoc” –si viene “después de”, entonces es “a causa de”- es decir, a veces vemos “causas” donde sólo hay “correlaciones” y asumimos que porque algo viene después de otra cosa, esa otra cosa debe ser la causa.

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Sostener el mito de la catarsis puede llevarnos a comportarnos de modos que pueden hacernos sentir peor –y no mejor. Y más importante aún, puede constituirse en un obstáculo para explorar con curiosidad modos diferentes de respuesta emocional que podrían ser más consistentes con la persona que queremos ser y que podrían beneficiar nuestro camino hacia la consecución de metas importantes en nuestra vida.

Traducción y adaptación del texto: “50 Great Myths of Popular Psychology: Shattering Widespread Misconceptions about Human Behavior”, Lilienfeld, Lynn, Ruscio & Beyerstein, 2011: Myth #30 It’s Better to Express Anger to Others than to Hold It in.

Imagen:  Denis Dervisevic (Flickr)

3 COMENTARIOS

  1. La investigación sugiere que la Hipótesis de la Catarsis es FALSA.

    Las investigaciones revelan que expresar enojo es útil sólo cuando va acompañado de estrategias de resolución de problemas constructivas diseñadas para resolver la fuente del malestar (Littrell, 1998).

    BINGO!
    super, Gracias Paula!

  2. Un poco tendensioso el artículo, o el comentario del libro al que refiere. La catarsis por si sola, como forma de abordar el enojo es mito, estamos de acuerdo. Pero cuando va acompañado de una estrategia que apunte a resolver el conflicto que lo genera puede ser muy útil. Por lo tanto, me parece abusiva la conclusión.

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