Las personas que realizan más actos de agresiones físicas son más propensos a tener una conectividad excesiva entre la red predeterminada del cerebro y las redes de atención, señala un nuevo estudio cuyos hallazgos muestran información novedosa sobre la relación entre la arquitectura del cerebro y la salud emocional (Weathersby, King, Fox, Loret, & Anderson, 2019).

Estudios sobre la capacidad cognitiva, las diferentes regiones cerebrales que intervienen en las habilidades de lectura, el coeficiente intelectual o la atención han examinado la “codificación del cerebro.” “Pero hay muy poca información sobre cómo las diferencias en nuestros cerebros podrían traducirse en comportamientos asociados con la salud y el bienestar emocional. Aprovechamos un gran conjunto de datos públicos para buscar asociaciones entre las diferencias en la arquitectura funcional del cerebro en esta población y si esto podría predecir la salud emocional,” dijo Jeff Anderson, autor del estudio y profesor de radiología y ciencias de la imagen en la Universidad de Utah.

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Los investigadores analizaron datos de 1003 sujetos en el Proyecto Human Connectome, una iniciativa de los Institutos Nacionales de Salud que recolectó datos de alta calidad de neuroimágenes y comportamiento de adultos jóvenes sanos.

El conjunto de datos incluye información sobre la conectividad cerebral en cada individuo, utilizando dos enfoques distintos de resonancia magnética (IRM), uno, llamado conectividad funcional en estado de reposo, se basa en fluctuaciones espontáneas en las señales de resonancia magnética funcional que se producen en un patrón complejo en el espacio y el tiempo a lo largo de la materia gris del cerebro. El otro, llamado imágenes de difusión, proporciona información sobre el “cableado” de larga distancia, las vías anatómicas que atraviesan la materia blanca del cerebro.

Human Connectome Project también recopiló otras mediciones, que incluyen las edades, los coeficientes intelectuales y la salud emocional de los sujetos, entre otros datos.

Con base en estos datos, los investigadores encontraron evidencia de que un patrón particular de conectividad funcional estaba asociado con la agresividad física.

“Muchos factores relacionados con la salud emocional y el bienestar son complejos y no se asignan a diferencias específicas en el cerebro. Pero sí encontramos que las actitudes de ira y agresión estaban asociadas con la comunicación entre dos redes en el cerebro,” dijo Anderson.

“Una de estas redes, la red predeterminada, está activa cuando pensamos en nosotros mismos o reflexionamos sobre nuestros sentimientos internos. La otra está activa cuando prestamos atención al mundo exterior.”

“Cuando estas dos redes están demasiado conectadas, eso puede provocar estímulos intrusivos que interrumpen nuestros pensamientos o no ser capaces de apagar la voz en nuestra cabeza cuando intentamos prestar atención a algo fuera de nosotros mismos. Nuestros resultados sugieren que esta configuración puede estar más asociada con actitudes relacionadas con la ira,” explicó Anderson.

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El estudio examinó datos correlacionales, evitando que los investigadores hicieran inferencias sobre la dirección de la causalidad. La forma en que la mayor conectividad entre las dos regiones se traduce en comportamientos aún no está clara.

“No sabemos si las diferencias en la conectividad cerebral causan sentimientos intensos de ira y agresión, o si estas diferencias en el cerebro son un reflejo de la experiencia y el entrenamiento a lo largo de la vida. Tampoco sabemos aún si este patrón de conexiones en el cerebro puede ser un marcador para las personas que intentan mejorar los sentimientos de ira o agresión en sus vidas,” dijo Anderson.

Los investigadores se preguntan si ejercicios mentales, como la práctica de mindfulness podrían ser de ayuda para mitigar los sentimientos de ira no deseados.

A pesar de las limitaciones, los avances continuos en el mapeo de las conexiones funcionales del cerebro están produciendo cada vez más información sobre los mecanismos subyacentes de nuestras emociones.

“Es emocionante después de tantos años estudiando la salud y la función del cerebro utilizando imágenes que ahora estamos llegando al punto en que finalmente se pueden estudiar preguntas profundamente significativas sobre la salud emocional”, comentó Anderson.

“Ahora existen técnicas poderosas que pueden resolver diferencias muy sutiles en el cerebro y comenzar a comprender por qué luchamos con diferentes desafíos emocionales y cómo podríamos manejarlos de manera más efectiva,” concluyó.

El estudio, “Conectividad funcional del bienestar emocional: la conectividad excesiva entre las redes de atención predeterminada y la asociada se asocia con actitudes de ira y agresión”, fue escrito por Fiona L. Weathersby, Jace B. King, J. Chancelor Fox, Amy Loret y Jeffrey S. Anderson.

Referencias:

Weathersby, F. L., King, J. B., Fox, J. C., Loret, A., & Anderson, J. S. (2019). Functional connectivity of emotional well-being: Overconnectivity between default and attentional networks is associated with attitudes of anger and aggression. Psychiatry Research. Neuroimaging, 291, 52-62. https://doi.org/10.1016/j.pscychresns.2019.08.001

Fuente: PsyPost

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