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Julie Lythcott-Haims dio un discurso excepcional en TED hace un tiempo acerca de Cómo criar hijos exitosos sin ser un padre sobreprotector, y la verdad es que nos agrada mucho lo que dijo.

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En Psyciencia dedicamos un artículo anterior a hablar acerca de los efectos que la sobreprotección puede tener en los niños, y llegamos a una conclusión clara: los niños que crecen en ambientes donde sus padres esperan constantemente la perfección absoluta, el comportamiento adecuado, las calificaciones adecuadas y las decisiones adecuadas, sólo se sienten valorados cuando cumplen una lista exagerada de requisitos, lo que les lleva a formarse una idea de amor condicional y la convicción de que vinieron al mundo a cumplir con las expectativas de los demás.

En este caso, Lythcott-Haims nos brinda su punto de vista como madre y educadora administrativa de la Universidad de Stanford:

“Pasamos mucho tiempo preocupados de los padres que no participan lo suficiente en la vida de sus hijos y en su educación o en su crianza, pero en el otro lado de la moneda, también se hace mucho daño cuando los padres sienten que el niño no puede tener éxito a menos que lo estén protegiendo en todo momento y se involucren en todo lo que pasa y microgestionen cada momento, y guíen al niño hacia algún pequeño grupo de universidades y carreras”.

Este estilo de crianza se ha convertido en uno de los más utilizados en nuestros tiempos, una forma de criar a los niños que se asemeja más a la composición literaria de un personaje protagónico, con una lista interminable de habilidades irrepetibles y cualidades excepcionales, y facilidades que no tuvimos como padres, y privilegios, reconocimientos, presunciones.

Eximimos a los niños de la “pesada carga del trabajo doméstico” para “hacerles la vida más fácil”, cuando es justamente esta oportunidad de que experimenten el servicio y sentirse productivos y útiles lo que garantiza su éxito en la vida, y no la calificación más alta en la asignatura más compleja.

Los padres sobreprotectores a menudo piensan que la forma correcta de contribuir al éxito y la felicidad de sus hijos es diseñar milimétricamente un entorno y un plan de acción a seguir para alcanzar metas a corto, mediano y largo plazo… Pero la verdad es que, lejos de hacerles un bien, entorpecen la capacidad de sus hijos para aprender a desenvolverse asertivamente en la vida, para desarrollar su don de servicio, de contacto con el mundo real.

Parece que en el proceso los padres olvidan que sus hijos son seres humanos, guiados por el fervor de la teoría del Übermensch de criar un individuo capaz de descubrir a la vez la cura para el cáncer y el Alzheimer.

“Los niños no son árboles bonsái”, dice Lythcott-Haims. “Son flores silvestres de un género y especie desconocidos”. 

Nuestro trabajo como padres y como sociedad no es recortar periódicamente sus ramas, es aportarles un ambiente nutritivo donde crecer tan alto como quieran, y en la dirección que quieran, de forma maravillosa.

Fuente: TED

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