DNA – V: un modelo de flexibilidad psicológica
Anahad O’Connor para The New York Times:
“Podrías preguntarte: ‘¿Esta es la misma hora a la que desperté anoche? ¿Por qué me pasa esto siempre?’”, dijo Ramar. “Estos pensamientos no son útiles para volver a dormirse”.
Si te das cuenta de que llevas 25 minutos o más despierto, los expertos aconsejan que salgas de la cama y realices una actividad que te tranquilice mentalmente, cualquier cosa que combata los pensamientos estresantes que te roban el sueño. Los estiramientos ligeros o los ejercicios de respiración pueden ayudar, así como la meditación, que los estudios han demostrado pueden ayudar a combatir el insomnio crónico. Puedes sentarte en el sofá a tejer, o leer un libro o una revista con luz suave. Eso sí, evita leer en tu teléfono móvil pues la luz azul de estos dispositivos puede detener la producción de melatonina, la hormona que causa somnolencia. Sin embargo, puedes recurrir a tu teléfono para usar una aplicación como Calm o Headspace, diseñadas para ayudar a meditar y dormir.
Al final, cuando empieces a sentir cansancio, vuelve a la cama e intenta dormitar. Luego, al siguiente día, pon en práctica los siguientes hábitos de higiene del sueño para mejorar tus probabilidades de dormir profundamente toda la noche.
Muy buen artículo que resume las principales recomendaciones basadas en la evidencia y que usualmente usamos en la terapia con los consultantes que tienen problemas de insomnio.
Sébastien Bohler describe en Investigación y ciencia, un interesante estudio sobre la correlación entre estudiar matemáticas y los cambios en el cerebro:
El 15 de enero de 2018, Luc Ferry, exministro de educación francés, declaró, en un canal de noticias de máxima audiencia: «en el día a día, las matemáticas no resultan de utilidad». Asimismo, añadió que nunca había usado, ni siquiera durante 30 segundos, las matemáticas que había aprendido en la escuela. Sin embargo, con toda probabilidad, desconocía que las matemáticas habían contribuido a la maduración del cerebro, para que este pudiera enfrentarse al mundo real de forma racional.
Así concluye un estudio, publicado en tiempo reciente por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, en el que participaron 87 estudiantes de Reino Unido, de entre 16 y 18 años. El objetivo era dilucidar si la educación matemática antes del bachillerato inducía cambios en el cerebro. De forma sorprendente, los investigadores hallaron que la concentración del neurotransmisor GABA permite conocer, casi con un 90 por ciento de fiabilidad, si un alumno ha cursado, o no, estudios de matemáticas. Además, los niveles de base del neurotransmisor no influyeron en dicha relación. Es decir, el aumento de GABA aparecía tras estudiar matemáticas, ya que los investigadores no hallaron diferencias entre los grupos antes de elegir la materia.
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