No todo es psicología (34): La maestría es el estatus definitivo
Dario Benitez en su maravilloso newsletter para psicólogos:
Imagina que tras el accidente de antes hubiera cierta intencionalidad. Imagina que en realidad lo que querías era vivir de verdad la experiencia de intercambiar datos para el seguro. No voy yo a meterme en las aficiones de nadie… Pero mejor te pongo un ejemplo para que lo entiendas.
Llevo un tiempo con dolor en el pulgar, que no acaba de curarse. Por eso decidí ir al fisio (además de mi amigo) para que me echara un cable.
De esta forma alteraré mi sistema semanal para restringir un espacio dedicado a la recuperación de mi dedo pulgar.
La terapia en sí puede ser el gran accidente. Una interferencia que, en muchos casos, cambia el rumbo de las cosas.
Pero también puede ser el inicio de una serie de accidentes en cadena que te ayuden a reconducir tu vida hacia el camino que deseas.
Otro ejemplo:
Vas a terapia.
Ahí te das cuenta de que necesitas socializar más.
Te apuntas a capoeira los miércoles (la bachata ya está muy vista).
Ahora los miércoles ya no los pasas en casa mirando TikTok y dándole vueltas a la cabeza.
El grupo de capoeira propone un plan para el fin de semana.
Y así, los domingos por la mañana ya no los pasas en TikTok ni preocupándote sin rumbo.
Tu sistema ha cambiado porque rompiste tu inercia habitual.
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A muchos nos cuesta decir «no», y esto quizás se deba al miedo de sentirnos rechazados, de perder relaciones o de dejar pasar oportunidades que podrían no volver. Sin embargo, vivir complaciendo constantemente las necesidades de los demás puede volver nuestra vida miserable, porque la ecuación se transforma en nuestra contra. Cada vez que decimos «sí» a algo que realmente no queremos, le estamos diciendo «no» a algo que sí valoramos o necesitamos.
Por eso me ha gustado tanto este artículo de Leslie Jamison para The New York Times. En él, Jamison plantea una perspectiva liberadora: las peticiones de los demás no son invasiones o actos de desconsideración; son simplemente eso, peticiones. Las personas tienen derecho a pedir lo que desean, y nosotros tenemos el derecho de decir «no» y de establecer nuestros propios límites.
Jamison también propone un recurso útil para reforzar esos límites: un «Cuaderno de Noes». Este cuaderno consiste en registrar cada vez que decimos «no» a una solicitud, anotando también lo que ese «no» nos ha permitido ganar. Por ejemplo: «decir no a una salida con amigos me permitió pasar más tiempo leyendo» o «decir no a un trabajo extra me dio espacio para trabajar en mi proyecto personal».
Decir «no» no siempre es fácil, pero puede ser bastante simple. A veces, debemos enfocarnos en estrategias sencillas como esta para enfrentar nuestros problemas. Con el «Cuaderno de Noes», aprendemos a priorizar lo que realmente importa y a tomar decisiones que nos acerquen a una vida más auténtica y equilibrada.
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