Relación entre la agresión y un parásito muy común
José Ramón Alonso escribe para Autismo Diario:
El funcionamiento de todas las pseudoterapias basadas en la audición es muy similar: se colocan al niño unos auriculares y se le ponen grabaciones sonoras a lo largo de sesiones múltiples durante diferentes días. La grabación puede ser música clásica, voces familiares o sonidos distorsionados. Para evitar que un posible cliente lo pueda hacer por su cuenta en su casa, la música se altera digitalmente, normalmente modificando las frecuencias más extremas, variando frecuencias altas y bajas de una forma aleatoria o modificando el volumen en uno o los dos oídos. Para dar sensación de que se hace algo —el teatrillo siempre es importante—, se realizan pruebas sencillas al niño como audiometrías o se hacen modificaciones en la música supuestamente adaptadas a las necesidades del paciente. No hay ninguna prueba, por ejemplo, de que el gregoriano distorsionado consiga mejores resultados que el gregoriano original, pero la alteración engorda la factura. Veamos algo de estas pseudoterapias de integración auditiva.
No hay evidencia de que los pacientes mejoren con la audio terapia:
Esta conclusión es muy sólida por el proceso usado para llegar a ella. Durante más de quince años, investigadores de todo el mundo y de diferentes disciplinas han evaluado todo lo publicado y han utilizado las mejores herramientas científicas disponibles: calidad del diseño experimental, definición de variables y términos, fiabilidad, validez y reproducibilidad de los resultados. Todos los investigadores independientes han llegado a la misma conclusión una y otra vez: no hay evidencias de que los pacientes mejoren significativamente con estas pseudoterapias, frente a niños similares a los que no se les han administrado. Tristemente los únicos que las defienden son los que tienen intereses económicos en ellas, ganan dinero vendiendo aparatos, impartiendo cursos de formación o aplicándolas a niños.
Mónica Redondo analiza en Hipertextual la situación actual que viven los homosexuales en México en donde son de cierta manera aceptados en la capital, pero en el resto del país deben esconderse para protegerse. Un análisis que nos ayuda a entender la realidad no solo de ese país sino también la de la mayoría de los países latinoamericanos donde el prejuicio y la intolerencia prevalece:
Uno de los ámbitos estudiados ha sido el laboral, en el que las personas gays han sido víctimas de actos discriminatorios. Al 20% de las personas de la comunidad LGBT se les preguntó sobre su condición sexual durante una entrevista de trabajo y un 14% fueron rechazadas para el empleo por su orientación o identidad sexual, según la primera Encuesta Nacional sobre Homofobia y el Mundo Laboral en México, realizada por el sitio web Enehache, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la organización Espolea.
Una pareja gay que va de la mano por la calle puede sentir las miradas penetrantes de las personas que les rodean. No son insultados, ni amenazados físicamente, pero notan que están siendo observados. Dependiendo de la ciudad mexicana en la que se encuentren, la situación puede quedarse en un momento incómodo, o ir a más.
Y:
La Constitución de la Ciudad de México pretende ser un reflejo de la sociedad moderna que vive en la capital. Una gran ciudad abierta en la que las opciones de ocio son innumerables, así como los extranjeros que habitan en ella. Para los mexicanos que viven en otros estados de la República, la metrópoli es prácticamente el único lugar de México en el que pueden mostrar libremente sus preferencias, sin necesidad de esconderse.
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