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El modelaje es una de las profesiones más exclusivas, en la cual miles de jóvenes están dispuestos a hacer lo que sea para desfilar en la pasarela. Es un mundo en donde sólo importan la imagen, la estética y las prendas que se lucen.
Victoire Maçon Dauxerre es una joven de 23 años que llegó a ser una de las 20 modelos más importantes en Francia y que se atrevió a denunciar, en un libro, el maltrato, la deshumanización y la anorexia reinante en el mundo de la moda.
El diario La Nación de Argentina entrevistó a la Modelo y a continuación te dejamos algunos fragmentos que nos parecieron interesente:
-¿Y al firmar el contrato qué te dijeron?
-Que era muy hermosa, pero que necesitaba bajar de peso para entrar en un talle 0. Mis medidas de caderas eran de 92 cm, y me pedían que sean de 87. Tenía dos meses para perder peso y llegar bien a la Fashion Week de Nueva York. Y me convertí en anoréxica: comía sólo tres manzanas al día, bajé 10 kilos y llegué al talle pedido. Viajé y compartí un departamento con otras dos modelos, que no me hablaban porque estaban celosas de que yo era la más flaca. Cuanto más peso perdía, más éxito laboral tenía: me tomaron para 22 desfiles en Milán y París. Llegué a ser la top 20 de modelos del año.
-¿No te dabas cuenta de que tenías un desorden alimentario?
-Sí y no, lo negaba. La moda te convierte en un objeto, y sos sólo una percha a la que la ropa le tiene que sentar bien según los criterios de los diseñadores, las agencias y los fotógrafos. Tenés que ser flaquísima sí o sí; o no comés o tomás cocaína, cosa que no iba a hacer. Pero llegué a intentar suicidarme y fue como un grito de ayuda. Era habitual: las modelos que me rodeaban comían cuando aparecía una cámara en épocas de desfiles y después iban todas juntas a vomitar al baño. Y en los departamentos que compartís con otras modelos del mundo, la envidia y las traiciones son comunes: una amiga mía modelo tenía un casting y sus dos compañeras de cuarto -dos modelos rusas- le dieron golosinas a su perro para que se descomponga y tuviera que llevarlo de urgencia al veterinario y no pudiera llegar al casting.
-¿Cómo son los castings?
-En el casting de Vuitton nos pedían que desfilemos sólo con una tanga y tacos altos. Nos miraban como si fuésemos pedazos de carne. Y cuando hice el de Chanel, Karl Lagerfeld no me eligió porque dijo que «Chanel no fotografía a mujeres con pechos», y yo tenía pechos medianos. ¡Y todas las mujeres tenemos pechos! También era tomado con normalidad que durante una producción fotográfica, los asistentes les den almuerzo a todos menos a las modelos, porque «las modelos no comen».
El relato de Victoire Maçon Dauxerre es una clara y poderosa denuncia sobre lo que sucede tener el mundo de la pasarela. Su libro y sus experiencias no cayeron en oídos sordos, y el gobierno francés empezó a exigir que todas las modelos presenten un registro de salud antes de subir a la pasarela en el que se incluye su peso y masa muscular. Sin embargo, creo que también se deberían incluir evaluaciones psicológicas cómo se hacen en otras profesiones de alto riesgo y el modelaje es sin dudas una de ellas.
Nidia Represa es una joven de 22 años que durante la adolescencia sufrió de terribles episodios de Bullying que le dejaron serias secuelas: alopecia (pérdida del cabello), fuertes dolencias de estomago, afecciones de garganta y alergias alimentarias.
Pero que a pesar de todo, y con el apoyo incondicional de su familia, pudo salir adelante. Hoy Nidia estudia en el segundo año de psicología y ya escribió su primer libro: “Bajo mi piel”,En el que narra la odisea que vivió, las características del Bullying escolar y cómo puede destruir la salud e integridad de una persona:
Todas las víctimas de acoso escolar sufrimos un proceso de autodestrucción, porque el acoso deja tan baja la autoestima que al final crees todo lo que te están diciendo y terminas por autodestruirte. Piensas que no eres nada, que todo lo que haces y dices está mal. Es cuando te preguntas «¿para qué estoy aquí?, ¿por qué vivo?». Entonces te dices que a lo mejor no deberías estar aquí. Pero lo que más me dolió fue que los acosadores eran chicos que yo conocía desde muy pequeña y mis mejores amigos estaban detrás.
Me costó mucho superarlo. Primero porque yo no dije nada durante muchos años. No quería hacer daño a los demás. Fui año tras año a peor, las secuelas iban a más, me costaba más relacionarme, suspendía más… Y llegó un momento que colapsé. En segundo de bachiller ya no pude más. Cogía el Metro para ir a clase y me daban ataques de pánico pensando en los exámenes. Entonces me tracé un plan: no voy a clase, estudio por mi cuenta y haré los exámenes cuando lleguen. Además había empezado a hacer amigos pero me daba mucho miedo porque eso significaba que ellos me estaban conociendo más y yo me estaba volviendo más vulnerable. Intenté ocultarlo, pero mi madre lo descubrió. Lo peor es que yo no sentía, estaba hueca, vacía… Al llegar hasta el fondo me di cuenta de que me tenía que recomponer, y encontrarme a mí misma. Mi madre y mi psicóloga comenzaron a darme estrategias para ello. Poco a poco comencé a salir adelante.
El libro de Nidia es un buen recurso para los psicólogos y maestros que buscan literatura de primera persona que ayuden a los jóvenes y adultos a enterar de una vez por todas que el bullying es mucho más peligroso que una simple broma.
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