Cómo prepararte para la terapia
Jesica Mouzo para El País:
Las enfermedades neurológicas ya son la primera causa de mala salud en el mundo. Un estudio publicado en la revistaThe Lancet Neurology ha calculado que, en 2021, alrededor de 3.400 millones de personas en todo el globo —esto es, el 43% de la población mundial— padecía alguna dolencia del sistema nervioso, como alzhéimer y otras demencias, ictus, migrañas o trastornos del espectro autista, entre otros. La investigación cristaliza que, en las últimas tres décadas, la cifra de personas que viven con este tipo de patologías o fallecen por esta causa ha ido aumentando (un 59% y un 41%, respectivamente) debido al envejecimiento de la población y a la influencia de factores ambientales, metabólicos o de estilo de vida poco saludables que funcionan como factores de riesgo para algunas de estas patologías (ictus y demencias, por ejemplo). Los autores alertan del “enorme” impacto en la salud pública de estas patologías y llaman a desplegar políticas públicas y recursos para responder a la demanda asistencial.
Los datos son alarmantes. Especialmente porque los tratamientos y mecanismos de detección temprana disponibles son muy limitados.
La cineterapia es el uso de películas, escenas o cortometrajes como herramienta de apoyo a la terapia psicológica. Así lo explica Fernández, que es coordinadora del grupo de trabajo de psicología y artes audiovisuales y escénicas, del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid: “Las películas actúan como metáforas de la vida, al igual que los cuentos, las novelas, o las representaciones teatrales. Pero el cine tiene un mayor impacto emocional, ya que utiliza muchos recursos técnicos para atrapar al espectador de una forma muy potente”. Se refiere al sonido, la música, los diálogos, los paisajes naturales, los primeros planos, e incluso los efectos especiales.
Las emociones suscitadas por las películas pueden servir al terapeuta y al paciente para reflexionar juntos y hacer analogías sobre las decisiones, emociones, personalidad o formas de relacionarse de los personajes. Con alguien que trata de procesar el duelo, Fernández hablaría de películas como Manchester frente al mar, Gente Corriente o Despedidas. Mientras que Historia de un matrimonio sería una alternativa para alguien que trata de superar una ruptura, Secretos y mentiras lo sería para quien afronta una traición o Vidas cruzadas, para quien se siente solo. Con una víctima de bullying, la psicóloga usaría Cobardes o El país del miedo. Y con alguien que sufre violencia de género, probaría con Te doy mis ojos o con el cortometraje La loca y el feminista.
El artículo explora los beneficios y limitaciones de la cineterapia. Como psicólogo, no lo considero una forma de «terapia», sino más bien un recurso terapéutico que puede ser útil para transmitir un proceso que trabajamos en la consulta.
Mark sugirió empezar por observarse a uno mismo a lo largo del día y darse cuenta de cuándo y cómo se cambia de tarea sin darse cuenta. A partir de ahí, el consejo es sencillo pero difícil: tendrás que practicar la monotarea, o hacer una sola cosa a la vez, para reeducar gradualmente tu concentración y aumentar tu tolerancia.
Según Mark, la monotarea puede resultar más fácil en los momentos en los que el rendimiento mental es mayor. Esto varía de una persona a otra, pero en un estudio realizado en el lugar de trabajo, ella y sus colegas descubrieron que la capacidad de la mayoría de las personas para enfrentarse a un trabajo exigente alcanzaba su máximo a media mañana y a media tarde.
Si tienes dificultades, empieza poco a poco. ¿Puedes concentrarte durante cinco minutos? ¿Qué tal 10? “Cuando se trata de nuestro cerebro, la estrategia lenta y constante siempre es buena”, dijo Byers.
El artículo incluye varias recomendaciones para enfocarnos en una tarea a la vez. Es algo muy parecido a lo que aprendemos con atención plena. Quizás este artículo pueda darte algunas pautas para ti y para tus pacientes.
Christina Caron para The New York Times:
Cuando te tumbas boca arriba, tu postura es abierta y relajada, lo que puede tener un efecto calmante, dijo Ellen Hendriksen, psicóloga clínica de Boston.
“Tu cuerpo y tu estado de ánimo quieren alinearse”, dijo. Por eso es difícil sentirse esperanzado y optimista si estás desplomado en la silla, con la cabeza colgando hacia abajo, añadió. O por qué levantamos los hombros o apretamos las mandíbulas cuando estamos ansiosos.Tumbarse en el suelo también podría ayudarnos a evitar rumiar, explicó Alan Fogel, profesor emérito de psicología de la Universidad de Utah y autor de Restorative Embodiment and Resilience.
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Sin embargo, al tumbarte sobre una superficie más dura, como el suelo, puedes estar más atento a lo que siente tu cuerpo y menos concentrado en tus pensamientos.
Para estar cómodo, es necesario dejar reposar todo tu cuerpo en el suelo y ablandar los músculos, añadió Fogel. Concentrarte en dejarte llevar facilita la descompresión del cuerpo y la mente, para “simplemente existir”, dijo.
Yo soy de esos. Me encanta tirarme al suelo para tomar una siesta o para simplemente pensar.
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