Sería lógico pensar que la compra de un producto, por ejemplo un móvil de última generación, un portátil, una prenda de vestir, puede hacernos más felices que si compramos una experiencia, por ejemplo ir a un concierto, comer un helado de tu sabor preferido, apuntarte a clases de baile o viajar a Indonesia. El motivo de este argumento es que un producto dura mucho tiempo y una experiencia se esfuma en cuestión de minutos.

Lo cierto es que los investigadores Leaf Van Boven y Thomas Gilovich realizaron una investigación cuyo resultados difieren de la hipótesis anterior.

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El profesor de psicología de la Universidad de Cornell, Gilovich, afirma que cuando compramos objetos sentimos satisfacción, pero con fecha de caducidad. Y cuando nos acostumbramos a esa felicidad, con el tiempo ese encanto se va perdiendo.

Por tanto, para Gilovich lo que realmente nos hace feliz no es el Golf nuevo que acaba de salir al mercado o el último MAC, sino gastar el dinero en experiencias como viajar, practicar algún deporte, comer en un restaurante, asistir a un evento, etc.

Con el fin de descubrir qué es lo que hacía más feliz a la gente, Gilovich realizó un estudio con Leaf Van Boven, y la web especializada en investigación, ScienceDaily recoge las conclusiones.

el nivel de satisfacción era el mismo para uno y para el otro, pero a medida que pasaba el tiempo, la satisfacción que venía de la compra de objetos bajaba

Todo empezó con una encuesta nacional dirigida por Harris Interactive on behalf of Northwestern Mutual Financial Network en la que participaron más de 12.000 ciudadanos americanos. Van Boven descubrió que lo que les hacía más felices a estas personas no era la adquisición material de un producto en sí mismo, sino invertir en una experiencia.

En un segundo estudio de seguimiento, donde participaron estudiantes universitarios, Van Boven llegó a la conclusión que los sentimientos de los estudiantes eran más positivos cuando pensaban en invertir en experiencias que cuando realizaban una compra material.

Este estudio de investigación dirigido por Van Boven salió en la publicación de Diciembre de 2003 de la revista Journal of Personality and Social Psychology, donde el profesor Gilovich también participó y consistió en lo siguiente:

Hicieron dos grupos al azar con los estudiantes universitarios, a uno se le indicó que pensara en objetos comprados recientemente y al otro que contara una experiencia por la que tuvieron que pagar y que vivieron hace poco también.

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Al principio, el nivel de satisfacción era el mismo para uno y para el otro, pero a medida que pasaba el tiempo, la satisfacción que venía de la compra de objetos bajaba, algo que no ocurría con la satisfacción de la experiencia, que subía. Por tanto, las experiencias daban más felicidad a corto y largo plazo, mientras que los objetos sólo a corto plazo.

El motivo por el que ocurría esto era porque siempre retenemos más en la memoria lo positivo que vivimos. Por ejemplo, olvidaste las agujetas que tuviste el primer día tras practicar zumba, sin embargo recuerdas la subida de adrenalina que sentiste al bailar la coreografía. En definitiva, aunque un objeto dure más, las experiencias las sentimos como parte de nosotros durante mucho tiempo.

Con los productos se tiende a perder el valor que le damos al principio. ¿Recuerdas hace dos años el móvil que te compraste? De última tecnología, potente, bonito…y sin embargo, a la semana (o un poco más), pierdes la ilusión en él porque el artículo ha perdido su atractivo al convertirse en un objetivo usado, antiguo o pasado de moda.

Además, otra razón por la que demuestran que las experiencias generan más felicidad que los objetos es que cuando vamos a un restaurante o viajamos, lo hacemos acompañado, y por tanto la sociabilidad, indiscutiblemente, nos hace sentirnos mejor.

Pasar tiempo con otras personas también forma parte de esa experiencia. Pero cuando nos centramos en un objeto, ocurre exactamente lo contrario, tendemos a aislarnos de las personas que nos rodean y dedicar todo nuestro tiempo a lo material.

Teniendo en cuenta este estudio y su revelación de que los buenos recuerdos de las experiencias permanecen en nuestra mente un largo periodo de tiempo, y por tanto, nos produce mayor satisfacción y felicidad, ¿qué experiencia pagarías próximamente y con quién la compartirías?

Edith Gómez
Edith Gómez es editora en Gananci, apasionada del marketing digital, especializada en comunicación online. Se niega a irse a la cama cada noche sin haber aprendido algo nuevo. Le inquietan las ideas de negocio y, más aún, aportar una mirada creativa al pequeño mundo en el que vivimos.