Estás compartiendo por primera vez una cena con la familia de tu pareja y la ansiedad te domina: en general te interesa dar una buena impresión, ¿cuánto más cuando se trata de los vínculos afectivos cercanos de una persona significativa?

Conocer nuevas personas, hablar con ellas, sostener una conversación y buscar descubrir cómo nos perciben (algo llamado “metapercepción” por los investigadores) son cuestiones que suelen ir de la mano. Según un estudio, es probable que nuestros interlocutores disfruten de la conversación y de nuestra compañía más de lo que imaginamos (Boothby, Cooney, Sandstrom, & Clark, 2018).

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Usualmente hay una brecha entre lo estimamos y lo que realmente piensa la otra persona. Esto puede ser un obstáculo para desarrollar nuevas relaciones, explican Erica Boothby y Margaret Clark, autoras de la investigación. Examinaron esta brecha en una serie de cinco estudios.

Entendiendo la brecha

En un estudio, los investigadores unieron a participantes que no se conocían de antes y les encargaron mantener una conversación de 5 minutos con preguntas típicas para romper el hielo (por ejemplo, ¿de dónde sos? ¿Cuáles son tus pasatiempos?). Al final de la conversación, los participantes respondieron preguntas que midieron cómo les había caído su compañero de conversación y cómo pensaban que habían caído ellos mismos.

En promedio, las calificaciones mostraron que a las parejas de conversación cayeron mejor de lo que los participantes pensaban que ellos mismos habían caído. Esta disparidad en las calificaciones promedio sugiere que los participantes tienden a cometer un error de estimación. De hecho, los análisis de las grabaciones de video sugirieron que los participantes no tenían en cuenta las señales de comportamiento de sus pareja que indicaban interés y disfrute.

En otro estudio, los participantes reflexionaron sobre las conversaciones que acababan de tener: según sus calificaciones, creían que los momentos más destacados que formaban los pensamientos de sus interlocutores sobre ellos eran más negativos que los momentos que formaban sus propios pensamientos sobre sus interlocutores.

Clark señaló que los participantes parecían envueltos en su preocupación sobre lo que deberían decir o lo que habían dicho, de tal forma que no percibían las señales de agrado en los otros.

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Estudios adicionales mostraron que la brecha surgió independientemente de si las personas tenían conversaciones más largas o conversaciones en entornos del mundo real. Y un estudio de compañeros de habitación universitarios reales mostró que la brecha puede perdurar durante varios meses.

El fenómeno es interesante porque contrasta con el hallazgo bien establecido de que generalmente nos vemos a nosotros mismos de manera más positiva que a los demás, ya sea que estemos pensando en nuestras habilidades para conducir, nuestra inteligencia o nuestras habilidades al experimentar situaciones negativas como enfermedades o divorcios.

“Cuando se trata de la interacción y conversación social , las personas a menudo dudan, no están seguras de la impresión que están dejando en los demás y son demasiado críticas con su propio desempeño,” dicen Boothby y Cooney. “A la luz del gran optimismo de las personas en otros dominios, el pesimismo sobre sus conversaciones es sorprendente.”

Los investigadores plantean que esta diferencia puede deberse al contexto en el que hacemos estas autoevaluaciones. Cuando hay otra persona involucrada, como un interlocutor, podemos ser más cautelosos y autocríticos que en situaciones en las que calificamos nuestras propias cualidades sin otra fuente de información. Este autocontrol puede impedir que busquemos relaciones con otros a quienes realmente les caemos bien.

“Cualquier error sistemático que cometemos podría tener un gran impacto en nuestra vida personal y profesional.”

Referencia bibliográfica:

Boothby, E. J., Cooney, G., Sandstrom, G. M., & Clark, M. S. (2018). The Liking Gap in Conversations: Do People Like Us More Than We Think? Psychological Science, 29(11), 1742-1756. https://doi.org/10.1177/0956797618783714

Fuente: Psychological Science

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