Carl Rogers (enero 8 de 1902, Oak Park, Illinois, Estados Unidos — febrero 4 de 1987, San Diego, California, Estados Unidos) fue un psicólogo de la corriente humanista conocido por su método de psicoterapia centrada en el cliente.

De acuerdo con una encuesta realizada por la Asociación Americana de Psicología (APA) en 2002, Rogers es considerado el sexto psicólogo más eminente del siglo XX. Gran parte de su mérito está en haber desarrollado una corriente terapéutica que hizo un contraste positivo con las teorías predominantes de la época: el conductismo y el psicoanálisis.

Hoy profundizamos en la vida y obra de Carl Rogers de la manera más personal posible. Acompáñanos a lo largo de este artículo, que realza las contribuciones de Rogers a la evolución de la psicología.

La vida de Carl Rogers: primeros años

“Me siento honrado y halagado al saber que un grupo desea conocer quién soy. intentaré responder a una pregunta honesta con toda la honestidad de que soy capaz” — Carl Rogers, convertirse en persona (1961), primera parte, Pág. 15

En su libro Convertirse en persona: mi técnica terapéutica (1961), Rogers dedica un importante espacio a compartir su experiencia personal y el proceso que le llevó a convertirse en psicólogo (o como él mismo prefiere llamarse: asesor personal).

“Me crié en un hogar caracterizado por estrechos lazos familiares, en una atmósfera ética y religiosa muy estricta e intransigente”, escribe Carl, el cuarto de seis hijos, que complementa los detalles más significativos de su infancia refiriéndose a mucho trabajo y poca vida social.

A los doce años, Rogers y su familia se trasladaron a una granja, evento que describe como un intento de sus padres por “alejar a los adolescentes de las tentaciones de la vida suburbana”. Ahí pasaría el resto de sus primeros años y desarrollaría dos de los intereses que tal vez hayan orientado el rumbo de su vida: las mariposas y la agricultura, curiosidades que Rogers descubrió, años después, habían sido su primera aproximación a la ciencia.

“Me crié en un hogar caracterizado por estrechos lazos familiares, en una atmósfera ética y religiosa muy estricta e intransigente”

A través de libros como Feeds and Feeding de Morrison, Rogers aprendió a planificar experimentos y analizar resultados respetando el método científico. Así pasaron los años siguientes de su infancia y el interés por la agricultura se mantuvo hasta la universidad, donde se inició en este campo durante los primeros dos años de educación superior.

En la búsqueda de su auténtica vocación, Rogers cambió su objetivo profesional y se inclinó por el ministerio sacerdotal; comenzó a estudiar historia y, en 1922, fue seleccionado entre una docena de estudiantes para participar en una conferencia internacional de la Federación Cristiana Estudiantil Mundial en China. Rogers describe esto como “una experiencia muy importante” donde pudo ser testigo de cómo, cuatro años después de la Primera Guerra Mundial, persistía el odio entre franceses y alemanes.

“Me vi obligado a ampliar mi pensamiento y admitir que personas muy sinceras y honestas pueden creer en doctrinas religiosas muy diferentes”, escribió Rogers. A partir de ese momento, fue inminente la separación entre Rogers y el pensamiento religioso de sus padres, hecho que define como el inicio de convertirse en una persona independiente.

En el mismo periodo, Rogers contrajo matrimonio con Helen Elliot, a quien conocía desde la infancia. En su libro Convertirse en persona, Rogers describe su matrimonio como un “constante compañerismo (…) sumamente importante y enriquecedor en mi vida”.

Más adelante, asistió al Union Theological Seminary (1924), el seminario teológico más liberal del país en esa época. Ahí empezó a sentirse atraído por los cursos y conferencias sobre psicología y psiquiatría (que apenas comenzaban a desarrollarse). Rogers recuerda especialmente a quienes contribuyeron a despertar su interés: Goodwin Watson, Harrison Elliot y Marian Kenworthy.

Más adelante, tomaría un curso sobre filosofía de la educación dictado por William H. Kilpatrick, uno de sus grandes maestros. Inició prácticas clínicas con niños bajo la supervisión de Leta Hollingworth y pronto comenzó a identificarse a sí mismo como psicólogo clínico, un paso “dado suavemente y con poca conciencia”, simplemente dedicándose a las actividades que le interesaban.

“¿Cómo me convertí en psicólogo?”

Rogers solicitó una beca en el Institute for Child Guidence. Ahí se familiarizó con los enfoques freudianos dinámicos. Poco después comenzó a trabajar como psicólogo en el Child Study Department de la Society for the Prevention of Cruelty to Children (Departamento de Estudios Infantiles de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Niños). Rogers aceptó este puesto a pesar de que su familia estaba creciendo y el salario ($2,900 dólares al año) no era bueno ni siquiera en esa época.

Según describe Rogers en Convertirse en persona, siempre creyó que si hallaba una oportunidad para hacer lo que más le interesaba, lo demás se solucionaría solo.

Rogers trabajó ahí durante doce años, en los cuales estudió de cerca casos de delincuencia infantil. Fue entonces cuando comenzó a notar que algo no andaba bien con los métodos y teorías de la época, que resumían el comportamiento delictivo a conductas sexuales reprimidas.

“Los períodos más fructíferos de mi trabajo son aquellos en que fui capaz de alejarme por completo de lo que otros piensan (…)

Dejó de compartir la postura de doctores como William Healy, a quien antes había seguido, y comenzó a descubrir un camino distinto alejado de “cualquier enfoque coercitivo o agresivo” para sacar a flote las verdades ocultas. Rogers descartó el uso del interrogatorio por considerarlo “superficialmente eficaz” y aprendió a ser más sutil, más delicado y comprensivo a la hora de interpretar la conducta de las personas. “Comencé a pensar que, en realidad, yo no era un psicólogo”, escribe, y que “nadie se interesaba por mis enseñanzas”.

Rogers comenzó a asistir a las sesiones de la APA (Asociación Americana de Psicología) y pudo verificar que existían investigaciones en torno al aprendizaje de las ratas y experimentos de laboratorio que no tenían nada que ver con lo que él estaba descubriendo. No obstante, hubo entendimiento con los asistentes sociales psiquiátricos, así que decidió emprender actividades en ese campo y comenzó a relacionarse con organismos locales y nacionales.

Con la creación de la American Association for Applied Psychology (Asociación Norteamericana de Psicología Aplicada, que existió entre 1937 y 1945), Rogers comenzó a desempeñarse activamente como psicólogo dictando cursos sobre cómo comprender y tratar a los niños con problemas en el Departamento de Sociología de la Universidad de Rochester. Poco a poco, el Departamento de Educación quiso incluir los cursos de Rogers en la categoría de cursos sobre educación y, más adelante, el Departamento de Psicología solicitó su permiso para incorporar los cursos, aceptándolo como psicólogo.

Aportó una mirada más íntima y asistencial del oficio del psicólogo

Rogers comprendió entonces que había conseguido establecer “sus propias líneas de trabajo” y que era momento de avanzar con ellas sin preocuparse por seguir o no al rebaño.

“Los períodos más fructíferos de mi trabajo son aquellos en que fui capaz de alejarme por completo de lo que otros piensan. Por todo ello, aprecio el privilegio de estar solo” — Carl Rogers, convertirse en persona (1961), primera parte, Pág. 25-26.

En 1940, Rogers fue nombrado catedrático en la Universidad del Estado de Ohio. Durante el proceso de enseñanza a sus alumnos, Rogers comenzó a darse cuenta de que había desarrollado un punto de vista muy personal que difería de las posturas establecidas. Hizo una recapitulación de sus ideas y presentó un manuscrito a la Universidad de Minnesota en diciembre del mismo año. “Por primera vez comprendí el hecho de que una idea mía, que quizá me parezca brillante y plena de potencialidades, puede representar una seria amenaza para otras personas”, escribió Rogers, que se convirtió entonces en el centro de críticas y, pero también de opiniones a favor.

A pesar de los contratiempos, Rogers estaba convencido de que tenía cosas muy importantes que aportar a la psicología, así que redactó Counseling and Psychotheraphy (1942), donde describe lo que considera una orientación más eficaz de la terapia. El libro estuvo a punto de no ser publicado, pues Rogers sólo conocía dos cursos (uno a su cargo y otro en una universidad distinta) donde era válido adoptar el texto, un panorama poco prometedor para la venta de los 2.000 ejemplares requeridos para cubrir los gastos.

El editor decidió finalmente publicar la obra cuando Rogers le dijo que la presentaría a otra editorial. Ninguno de los dos esperó nunca los resultados: 70.000 ejemplares vendidos hasta 1961.

Años más tarde, Rogers publicaría Client-Centered Therapy: Its Current Practice, Implications, and Theory (1951) y Psychotherapy and Personality Change: Coordinated Research Studies in the Client-Centered Approach (1954), donde profundizaría en las bases de su terapia centrada en el cliente.

Contribuciones de Carl Rogers a la psicología

Terapia Centrada en el Cliente, también llamada Terapia Centrada en la Persona

El concepto puede ser redundante para los superficiales, después de todo, se supone que la psicología siempre está “centrada en sus clientes”. Pero la verdad es que la filosofía Rogeriana ha tenido mucho que ver con el despertar progresivo de una praxis psicológica más cercana a las verdaderas necesidades del individuo y menos apegada al checklist rutinario, al ojo clínico, las pruebas psicométricas y el inventario de oficina.

La terapia debía ser un encuentro entro dos seres humanos en igualdad de condiciones, donde el psicólogo no representaba una figura de autoridad sino un agente de mediación

A diferencia de la terapia conductual, Rogers no se enfocó estrictamente en el análisis del comportamiento, y tampoco lo hizo en torno a los deseos e impulsos inconscientes, como el psicoanálisis, sino que aportó una mirada más íntima y asistencial del oficio del psicólogo.

Para Rogers, la terapia debía ser un encuentro entro dos seres humanos en igualdad de condiciones, donde el psicólogo no representaba una figura de autoridad sino un agente de mediación y el “paciente” era tratado como un “cliente” que solicita ser escuchado, auxiliado en su búsqueda de reencontrarse con quien realmente es.

La terapia de Rogers se basa en la premisa de que es el cliente quien sabe en realidad los males que lo aquejan, de dónde provienen y la manera de remediarlos. El psicólogo cumple la función de acompañarlo en el proceso de reconectarse consigo mismo, para lo cual no emplea interrogatorios policíacos ni adopta posturas autoritarias, sino que hace todo lo humanamente posible por comprender al otro sin juzgarlo, comprender lo que su afirmación significa para él y hacer de este un proceso doblemente enriquecedor.

Consideración positiva incondicional

Rogers creía que los psicólogos deben considerar positivamente a los clientes incluso si sus visiones subjetivas del mundo son drásticamente diferentes a las de ellos. Esto hace de la terapia una experiencia de crecimiento igualitaria para ambos, además de una experiencia justa para los clientes. “Mi comprensión de estos individuos les permite cambiar”, escribió Rogers en 1961. “Aceptar sus propios temores y sus extraños pensamientos, sus sentimientos trágicos y sus desesperanzas”.

Evidencia de la calidez humana como herramienta terapéutica

Rogers dejó evidencia de su técnica en el caso Gloria (1965), donde vemos a una mujer siendo entrevistada por él (capítulo uno), Fritz Perls, creador de la Terapia Gestalt (capítulo dos) y Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva (capítulo tres). La filmación es una oportunidad única para ver en acción a tres de los psicólogos más importantes del siglo XX (el vídeo completo de la intervención de Rogers a continuación).

Los valores y convicciones Rogerianas son un legado incuestionable para la psicología moderna, la sociología e incluso la política y las ciencias humanas en general.

Lo que Rogers enseñó al mundo a través de sus propias experiencias es que las habilidades empáticas son inmensamente más importantes y eficaces que seguir la teoría al pie de la letra, y que la riqueza de la terapia está en el encuentro de dos seres humanos abiertos a comprenderse y ayudarse a Ser.

Referencias bibliográficas:

Rogers, Carl R. Convertirse en Persona: mi técnica terapéutica. Boston: Houghton Mifflin, 1961. También publicado en 1965 con una introducción de Peter Kramer

Eminent psychologists of the 20th century. (2018). http://www.apa.org. Consultado el 31 de marzo de 2018 en http://www.apa.org/monitor/julaug02/eminent.aspx

Rita Arosemena P.
Graduada en Comunicación y especialista en Educación Superior. Amante de la literatura, el arte y las ciencias (y del café. El café no se lo toquen). Le interesan especialmente la neuropsicología, la psicología evolutiva y la psicopatología. Le apasiona la música francesa y no tiene nada contra Freud.

3 Comentarios

  1. Me gustó el video porque la exposición de la sesión psicoterapéutica permite ver de manera real la forma de trabajar del excelentísimo Carl Rgers

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