Esta mañana, en el estacionamiento del gimnasio, el auto de al lado tenía un candado antirrobo en el volante. Un sistema de bloqueo de volante amarillo y negro. De esos que eran muy populares en los 80 y 90.
Al verlo, me sorprendí. Hace mucho que no veía uno de estos. Y casi de inmediato, sin buscarlo, llegó el segundo pensamiento: qué exagerado.
Así de rápido. Sin más información. La mente hizo un juicio y ya tenía su veredicto.
Unos metros después, lo noté. El momento exacto en que me di cuenta de que había emitido un juicio sobre una persona que no conozco, basado en nada. Eso lo aprendí con la práctica de atención plena y con DBT: a notar lo que corre por la mente antes de que tome decisiones por ti.

Y cuando lo noté, apareció algo distinto: curiosidad.
Me pregunté qué historia podría explicar ese candado. Porque todo comportamiento tiene una historia de aprendizaje y una función. Eso es uno de los principios más básicos del análisis conductual, y también uno de los más difíciles de recordar cuando un comportamiento nos parece ilógico o excesivo.
La función puedo intuirla: proteger el auto, recuperar una sensación de control. Pero la historia que llevó a esa persona a poner ese candado esta mañana, esa no la tengo. Quizás le robaron el auto una vez. Quizás a alguien cercano. Quizás creció en un contexto donde eso era frecuente y el hábito quedó grabado mucho después de que el contexto cambió. Quizás el candado es lo único que le devuelve la calma cuando estaciona.
Cualquiera de esas historias explicaría el candado perfectamente. Porque el comportamiento siempre es perfecto. No en el sentido moral, sino funcional: es la mejor respuesta que esa persona encontró dado lo que vivió.
El juicio lo cerró en dos segundos. La curiosidad lo abrió de nuevo.
En los equipos de consultoría de DBT hay una campanilla que suena cada vez que alguien hace un juicio. No para regañar, sino para recordar: eso fue un juicio, inténtalo de nuevo. Porque los terapeutas también juzgamos. Todos. Y cuando lo hacemos sin notarlo, esos juicios entran al consultorio y moldean cada pregunta que hacemos, cada hipótesis que construimos, cada intervención que elegimos. Nos perdemos la historia de aprendizaje y las contingencias que explican por qué esa persona hace lo que hace.
Y en consulta, eso es lo que más importa.