Altman, los cuadernos y el valor de tirar ideas (video)
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El País publicó recientemente un artículo sobre el mito de la catarsis. Y aunque es algo que ya sabíamos, está muy bien que los medios tradicionales publiquen este tipo de información:
“Al expresar la ira estás practicando un comportamiento agresivo. Quería romper el mito de que es algo efectivo a la hora de controlarla y mostrar alternativas más sanas”, explica. Para ello, revisó 154 estudios que exploraban la eficacia de distintas actividades a la hora de reducir ese nivel de excitación al que nos lleva la ira. La conclusión es clara: desahogarse soltando la rabia (golpeando objetos, saliendo a correr, etc.) no funciona. Sí lo hace, en cambio, bajar nuestro nivel de activación: respirar hondo, meditar, practicar yoga…
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Interesante artículo en BBC Mundo sobre el mito de la catarsis:
Desahogar la ira puede parecer atractivo, pero la evidencia científica desmiente la teoría de la catarsis. Descargar la rabia agresivamente suele intensificarla y prolongarla, según estudios. No es un paso útil hacia el procesamiento saludable de la emoción. La ira es difícil de regular y desencadena una fuerte respuesta fisiológica. Ejercicios físicos como boxeo o correr, aunque parezcan útiles, pueden empeorar la situación al aumentar la excitación fisiológica, alimentando así la ira en lugar de calmarla.
Artículo completo en BBC Mundo.
En Psyciencia también publicamos este mito hace varios años ya y puedes leerlo aquí.
Interesante fenómeno descrito en The New York Times:
La apnea de pantalla es una manifestación de la respuesta al estrés de nuestro organismo, afirmó Stephen Porges, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill especializado en el sistema nervioso autónomo. Cuando nos enfrentamos a cualquier tipo de estímulo, nuestro sistema nervioso busca señales para descifrar si se trata o no de una amenaza, aseguró Porges.
Ese tipo de concentración y atención requiere un esfuerzo mental, que detona una serie de cambios fisiológicos, como una respiración menos profunda y una disminución de la frecuencia cardiaca para “tranquilizar” el cuerpo y desviar recursos que nos ayuden a concentrarnos, explicó. Puso el ejemplo de los gatos que acechan a su presa; a menudo, justo antes de atacar, se quedan inmóviles y su respiración se vuelve superficial. Eso es lo que ocurre cuando recibes un correo electrónico, un mensaje de texto o un mensaje de Slack: te quedas inmóvil, lees e ideas un plan de acción.
El efecto de las notificaciones:
Cuanto más inesperado es un estímulo —por ejemplo, recibir una notificación de texto de la nada—, más probable es que el cuerpo lo perciba como una amenaza.
El artículo incluye recomendaciones para prevenir la apnea de pantalla. Puedes leerlo completo en The New York Times.
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