Cuando el amor no alcanza: lo que revela una primera ruptura
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Un hermoso artículo de Jancee Dunn para The New York Times, que recopila las distintas maneras de experimentar el duelo. Comparto este artículo porque en la clínica a menudo veo que los pacientes creen que hay una forma «apropiada» de experimentar el duelo y manejar la perdida, cuando cada quien lo experimenta de una forma única y a su manera:
Un amigo mío quedó destrozado cuando su tía abuela murió el año pasado. Una cosa que les encantaba hacer juntos, dijo, era ver The Real Housewives of Atlanta. Él sigue sintonizándola, y hace comentarios durante todo el programa.
Es como si ella siguiera sentada a su lado, dijo.
A menudo procesamos la muerte a través de funerales y comida compartida. Por eso puede resultar extraño desviarse de los rituales de duelo culturalmente aceptados, dijo Carla Fernandez, autora de Renegade Grief.
Pero no hay dos personas que experimenten el duelo de la misma manera, dijo Larry Carlat, asesor de duelo y autor de A Space in the Heart, una guía de supervivencia para padres en duelo.
“Nuestro duelo se adapta a nosotros como un guante”, dijo. “Y está moldeado por la persona que amamos y perdimos”.
Perder a un ser querido de forma inesperada —por suicidio, un accidente o cualquier causa súbita— desestabiliza por completo la vida de una persona. A diferencia de una muerte anticipada, estas pérdidas sumergen a los dolientes en un caos emocional y práctico, donde incluso los gestos más simples de apoyo pueden marcar una gran diferencia.
Las investigaciones y experiencias personales muestran que no siempre las personas en duelo reciben ayuda efectiva. Muchas veces, familiares y amigos se alejan, incapaces de tolerar el dolor ajeno o por miedo a confrontar su propia vulnerabilidad. Esto puede generar una “segunda pérdida”: la del sostén social.
El artículo recuerda que el duelo no tiene una línea de tiempo fija, y que los mejores apoyos no son los que prometen “curar” sino los que permanecen cerca, con acciones tangibles y compasión sostenida.
Fuente: The New York Times
Este conmovedor ensayo de Ida Momennejad para la columna Modern Love de The New York Times me llegó al corazón. Con una sensibilidad única, Momennejad narra su experiencia enfrentando el duelo tras la pérdida de su madre, explorando el dolor, la memoria y el amor que persiste incluso en la ausencia:
Antes del derrame cerebral de mi madre, creía que el tiempo era lineal, una flecha que solo se movía en una dirección. En mi investigación, abordaba la memoria como un objeto de observación empírica, una entidad cuantificable. Pero a través de la lente del dolor, la flecha del tiempo se partió en una constelación de puntos dispersos y móviles. El dolor teletransportó mi mente a pasados en los que mi madre era la estrella en torno a la cual giraba nuestra familia, y a posibles futuros con o sin ella.
Sarah Wildman en The New York Times:
El dolor siempre está ahí para nosotros. Nos estará esperando en el apartamento cuando volvamos esta noche, y se tumbará junto a nosotros en la cama o vendrá a vernos cuando despertemos: siempre lo tenemos. Pero tenemos que dejar entrar a esta belleza, también. Esa será la tarea para el resto de nuestros días: sostener este dolor y esta belleza el uno junto a la otra, sin permitir que uno aplaste o desplace al otro. También tenemos que dejar entrar esta belleza.
Hermoso.
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