Hay buenas noticias para quienes no pueden funcionar sin su café. Un estudio publicado en JAMA —con más de 131,000 participantes seguidos hasta por 43 años— encontró que beber entre dos y tres tazas de café con cafeína al día se asocia con un 20% menos de riesgo de desarrollar demencia. El té también suma: una o dos tazas diarias reducen el riesgo en un 15%.
El punto clave, y el que probablemente le arruinará el día a más de uno, es que el efecto parece depender de la cafeína. El descafeinado no mostró los mismos beneficios. Lo siento.
El estudio también encontró un límite natural: pasadas las dos tazas y media, la ventaja se estanca. El cuerpo parece tener un techo para aprovechar los compuestos bioactivos del café y el té, así que la sexta taza del día no está haciendo lo que crees que está haciendo.
¿Por qué podría funcionar? Los investigadores apuntan a varios mecanismos: la cafeína reduce la neuroinflamación, mejora la función vascular y parece aumentar la sensibilidad a la insulina, lo que protege indirectamente contra la diabetes —un factor de riesgo conocido para la demencia.
Como siempre con este tipo de estudios, la asociación no prueba causalidad. Pero la evidencia se va acumulando, y por ahora, tu rutina de café de la mañana tiene respaldo científico decente.
Modera la leche y el azúcar, eso sí. Otro estudio encontró que agregar más que una pequeña cantidad anulaba los beneficios.