Comprendiendo el pánico
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Karelia Vazquez para El País:
El fenómeno de la gente pidiendo procedimientos quirúrgicos para parecerse a su imagen filtrada digitalmente fue acuñado como dismorfia de Snapchat (los primeros filtros llegaron a través de esa plataforma) por el doctor Tijion Esho, un cirujano plástico con clínicas en Londres y Newcastle. En 2018, un estudio publicado en la revista JAMA Facial Plastic Surgery sugería que las imágenes filtradas de uno mismo difuminaban la línea entre la realidad y la fantasía y podían desencadenar el trastorno dismórfico corporal, un desorden mental caracterizado por la obsesión con imperfecciones físicas imaginadas.
“Hasta que llegaron los filtros nunca nos habíamos enfrentado a nuestra mejor versión, y esto es lesivo porque induce a una comparación en la que la realidad siempre sale perdiendo. La percepción de nuestro cerebro se altera, y cuando te ves sin maquillaje sientes cierto rechazo hacia tu imagen porque el cerebro también prefiere la mejor opción”, opina la doctora Pérez Sevilla.
Edith Sanchez para La Mente es Maravillosa:
Más allá del interés que se pueda despertar en el interlocutor, lo verdaderamente valioso de la regla está en que brinda la posibilidad de organizar mejor las ideas, en lugar de responder lo primero que pasa por la cabeza. Se podría decir que es un antídoto contra la impulsividad en la comunicación.
Junto con lo anterior, tomarse esa pausa larga permite mejorar el discurso. En lugar de decir cualquier cosa, se procesa la información mentalmente y se ofrece una comunicación más clara y directa. De este modo, evitas las divagaciones y, en condiciones de trabajo, ahorras tiempo.
Tenemos que aprender a manejar los silencios para permitirnos pensar antes de hablar y también para dejar que nuestras palabras hagan su efecto. A menudo en terapia para ansiedad social, exploro el pavor que sienten las personas con los silencios y les entreno en utilizarlos a su favor. Este artículo y los videos que comparto muestran muy bien el efecto del silencio.
Barack Obama es un maestro de las pausas y el silencio:
Justin Trudeau se tomó una pausa de 21 segundos para responder una pregunta complicada:
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