Es justo que empiece este artículo de opinión advirtiéndole que esto es, entre otras cosas, mi crítica personal al psicoanálisis y al sistema de educación superior en psicología en Argentina. Es también un intento de repensar aquello que consideramos normal y aceptable solo porque estamos acostumbrados. Si lo primero le genera escozor, quédese al menos con lo segundo. De todas formas, usted está avisado.


¿Hay algo de esto que no funcione? Parece ser una pregunta sencilla que incluso nos hacemos algunas veces. Obviamente no estoy hablando de si no funciona el control remoto de la televisión y necesitamos así comprar nuevas pilas. Estoy hablando de todos aquellos aspectos que no funcionan en nuestras vidas (no es tan fácil conseguir pilas nuevas para solucionar esto, ¿verdad?).

Alguna relación de amistad que mantenemos sin saber por qué, decisiones que tomamos y no nos acercaron pero tampoco nos alejaron de nuestras metas, ideas y conceptos que seguimos repitiendo sin que la realidad pareciera confirmarlos. Puede que muchas cosas no estén funcionando y no hacemos nada solo porque no funcionan mal. Creemos que hay una diferencia enorme entre esas dos situaciones. Suponemos que no es lo mismo un control remoto que no responde en absoluto porque se le acabaron las baterías, a uno que cuando quiero subir el volumen me lo baja. El primer caso no pareciera ser tan negativo como el segundo. Pensamos que una relación en la que hay constantes discusiones y desacuerdos es peor que una relación en la que solo se está aburrido y desanimado. Como si algo que no funcionara fuera perfectamente inocuo.

Y no, no lo es. La acumulación de todo aquello que no funciona es muy dañina. Acostumbrarnos a esa supuesta ‘“inocuidad” transforma nuestra interpretación de lo que consideramos normal y se vuelve perfectamente cotidiano vivir a medias.

La primera vez que escuché esa pregunta, así tal cual la escribí en el título, fue en un postgrado de psicoanálisis lacaniano. Me encontraba en mi segundo año de cursada y en el décimo año de mi educación psicoanalítica. Los profesores me parecían geniales y lo que explicaban me resultaba a veces deslumbrador y a veces inalcanzable de entender. Y de pronto, de la nada, un compañero hace esa pregunta: ¿Hay algo de esto que no funcione? Se generó un silencio terrible seguido de algunas risas. Mi compañero continuó desarrollando su duda y preguntó si a lo largo de los años la comunidad psicoanalítica se había puesto de acuerdo o no con respecto a aquellas prácticas que no dieron resultados. Leíamos los libros de Freud y de Lacan y de tantos otros sin decir nunca: “Este capítulo no lo tomen tan en cuenta porque se ha demostrado que no sirve para la clínica.” O “No vamos a profundizar en el tomo XII porque otros autores han mejorado ese tipo de intervenciones.”

No, jamás ni en la facultad ni en las supervisiones ni en los grupos de estudio ni en ese postgrado se había dicho qué de esa doctrina no funcionaba. Jamás fue una opción leer ciertos libros más que para tener una idea de los inicios de una terapia, no, había que leer todo y estudiar cada punto o coma.

En toda mí cursada en la carrera e incluso luego en un postgrado, nunca jamás leímos alguna investigación científica sobre psicoanálisis

Esa pregunta fue el inicio del fin. Empecé a recordar todas las clases de la carrera, miré mis apuntes, hablé con algunas colegas… y nada. Siempre habíamos estudiado en profundidad todos los temas sin nunca descartar algo. Un libro escrito hace un siglo atrás explicaba formas de intervenir en pacientes que al parecer seguían funcionando perfectamente. A pesar de que los pacientes que yo trataba no vivían ni en la sociedad ni en el momento histórico ni tenían el nivel económico de los pacientes de Freud. Y eso sin tener en cuenta que estudiábamos dos o tres casos que el mismo Freud diagnosticaba de una u otra manera y generalizábamos luego para tratar dichas patologías solo a partir de la información recolectada de esos escasos ejemplos.

Es obvio que mis profesores se daban cuenta de esa brecha y la corregían afirmando que si se ajustaban ciertas distancias y se tenía en cuenta que muchos otros psicoanalistas habían “repetido” las experiencias de Freud en la clínica, podíamos de todas formas usar las mismas técnicas. Incluso he tenido profesores que afirmaban que aunque utilicemos técnicas de otras orientaciones, mantengamos de todas formas el marco teórico psicoanalítico para aplicarlas “mejor”. Pero eso sí, investigaciones científicas que nieguen o afirmen todo esto no leímos nunca. Y quiero ser insistente en este punto: en toda mí cursada en la carrera e incluso luego en un postgrado, nunca jamás leímos alguna investigación científica sobre psicoanálisis.

N<o funciona un sistema en el que no es la norma enseñar y facilitar el acceso a otras teorías

¿Cómo era posible entonces no haberme hecho esa pregunta durante una década? Y la verdad, era muy posible. La gran mayoría de mis profesores eran psicoanalistas, prácticamente no profundizamos en ninguna otra teoría durante mis estudios, la única terapia personal que conocí en ese período fue en un diván, los dos colegios de psicólogos en los que estuve matriculada poseían un largo historial de comisiones ejecutivas de solo psicoanalistas. Estaba rodeada y caí en una trampa que nadie puso. No estaban mal ni Freud ni mis profesores ni mi terapia, estaba mal el sistema. El umbral de lo que consideraba normal se construyó en ese contexto.

Hoy en día, ya divorciada de todo eso y luego de haber tenido incluso pacientes en diván, puedo decir que ese sistema no funciona. ¿No funciona el psicoanálisis? Tengo mi respuesta personal a esa pregunta pero científicamente hablando no lo sé, es tarea de los psicoanalistas llevar adelante sus estudios e investigaciones y responderla. De lo que estoy bastante segura es que no funciona un sistema en el que no es la norma enseñar y facilitar el acceso a otras teorías. Claro que aprendí sobre otras formas de terapia, pero poco o nada. Y en un país como Argentina, me llevó mucho dinero y esfuerzo acceder a otras fuentes de información. Vivía a 1000km de Buenos Aires por ejemplo, y tuve que viajar e invertir hasta el cansancio para subsanar las fallas de un sistema que prácticamente solo me había enseñado sobre Freud… y algo de Lacan.

No educar a nuestros futuros colegas desde la ciencia y la diversidad es un error grave aunque en el contexto argentino pueda no parecerlo

¿Se acuerda del ejemplo del control remoto? Quizás se vea tentado a pensar que en un país con tanta tradición psicoanalítica está bien que existan universidades que enseñen fundamentalmente con esa orientación. Será tarea de cada uno luego buscar su propio camino como profesional. Quizás crea que está bien eso porque no funciona mal. Pero, ¿funciona? Lo que no funciona no es inocuo. Un control remoto con las baterías agotadas no es inocuo, aunque a usted le pueda parecer normal tener que levantarse del sillón para cambiar de canal porque hace 3 semanas que no recuerda comprar nuevas pilas.

Esta es un poco mi experiencia personal y mi crítica al psicoanálisis y a sus fallas para acomodarse a los mínimos estándares científicos, sí, pero es fundamentalmente también mi crítica al sistema educativo en las facultades de psicología. Sé que no todas son así, pero un interesante porcentaje entran en esa categoría. No podemos obviar que no enseñar a alguien sus opciones es lo mismo que no dárselas. No educar a nuestros futuros colegas desde la ciencia y la diversidad es un error grave aunque en el contexto argentino pueda no parecerlo. Lamentablemente, en Argentina la diversidad es un lujo para quienes viven en ciudades grandes. Yo tuve el privilegio de poder ir hacia la montaña, pero hasta el día de hoy la montaña no se acerca a quienes no viven cerca.

Un profesional que se recibe en una facultad que mayoritariamente enseña solo una teoría, y luego se matricula en un colegio dirigido por colegas que siguen la misma teoría, y asiste a capacitaciones y postgrados pensados y organizados por otros colegas que también apoyan dicha teoría, ese profesional no eligió libremente su orientación. Se le fue impuesta.

¿Hay algo de todo eso que no funcione? Sí, y no es inocuo.

8 Comentarios

  1. Eso habla justamente de la (im)posibilidad de enseñar el psicoanálisis en la academia. Nadie enseña a nadie, nadie transmite técnicas a nadie. El psicoanálisis no es técnica y por eso combate la reductibilidad de la ciencia empírica. Su lucha es ética, una orientación frente a un otro que se desconoce a sí mismo. Considero tu pregunta impecable, porque apunta directamente a eso que no funciona, que está en la imposibilidad de enseñar, de gobernar y en lo real de todo ser hablante, que resiste incluso al análisis.

  2. Me encantó la nota, me sentí identificado. Soy estudiante de la UBA, segundo año de la carrera, y al comienzo ingresé con una idea bastante romántica del psicoanálisis. Películas, charlas entre amigos, música, todo se veía atravesado por esta corriente y yo quería entender su dinámica y aplicarla como profesional. Sin embargo, empecé a leer sobre la TCC (aprovecho para hacer una mención a Mauro Colombo que por una de sus notas en esta pagina conocí la tcc) y se me dio vuelta el tablero. Como estudiante es una lucha constante la cursada con compañeros que no visibilizan la problemática del sistema educativo, como bien mencionaste. Sumado a eso docentes que tampoco ayudan a la causa y prefieren estudiantes que acepten la teoría y ya. En fin, la lucha es larga en un país en el que esta bastante asentado el psicoanálisis, pero de a poco la cosa va a ir cambiando.

  3. Daniel: qué interesante que la pregunta también haya atrapado tu atención. Aún hoy puedo cerrar los ojos y oír a mi compañero haciéndola. Yo también creo que la intención del Psicoanálisis es la que vos describís, sin embargo, uno puede ser crítico de la ciencia sin negarla y haciéndo uso de todas formas de sus herramientas. Mantenerse solo en la crítica y negarse a buscar datos que respalden lo que se afirma o se niega es una locura, y es quizás lo que no le permite al Psicoanálisis concretar esa lucha ética de la que hablás.

    Tomás: te cuento que a mí me sucedió algo parecido. Empecé a usar redes sociales en los últimos años de mi cursada en la carrera, y ya recibida comencé a leer comentarios en grupos de Facebook de colegas que trabajaban desde otras orientaciones. Particularmente, me gustó mucho leer a Fabián Maero, quien también escribe en esta página. Empecé a informarme sobre otros estilos de terapia y luego me ocurrió la anécdota que cuento en el artículo.
    Como bien decís, la lucha es larga, pero creo que ahora contamos con herramientas que nos permiten difundir y compartir esa diversidad de ideas que desde las aulas no se obtiene.

  4. Estoy bastante de acuerdo con algunos de tus puntos. Yo soy de Querétaro, México y acá en la facultad de psicología también hay una fuerte carga de Psicoanálisis y por lo tanto, también muchos estudiantes lidiamos con los mismos problemas que tu describes. Es cotidiano que algunos docentes e incluso estudiantes demeriten otros enfoques teóricos y se mantenga un silencio total en clases respecto a esas mismas teorías. Existe un miedo a otros conocimientos y muchas veces se catalogan esas teorías dentro de ese discurso absurdo de “ciencia mala (y aquí son echadas la gran mayoría de las psicologías), psicoanálisis bueno”, causando que una verdadera apertura teórica al interior de las aulas sea una situación casi imposible. Creo que habría que retomar el cuestionamiento que hace Daniel y pensar qué pasa cuando el Psicoanálisis se convierte en plan de licenciatura y posgrado. Me parece que dar cuenta de las limitaciones de una teoría y de su práctica permiten un ejercicio ético de la misma.

    Y es que también hay que discutir que estamos pensando cómo psicoanálisis, porque algo que también pasa en la facultad y me imagino que en otras partes, es que existe esta idea de que la teoría siguió una línea entre Freud y Lacan, como si en medio de ellos dos y después de la muerte de Lacan, no existiera otra posibilidad de psicoanálisis, ya sea con Klein, Laplanche, Bion, Winnicott etc. Esto ocasiona precisamente que la manera de impartirse las clases, en algunos casos, se reduzca a una lectura de las sagradas escrituras Lacanianas o Freudianas, como si nada más existiera, o si existe, no sirve porque es una explicación superficial. Con esto no niego el valor de la lectura de los autores, pero pienso que al final hay que reflexionar que hay existe de todo eso, que hacen o escriben otros autores acerca de los mismos temas. El valor de una teoría se encuentra en el diálogo que puede establecer con otras teorías. Finalmente, creo que tanto estudiantes como profesores deberíamos de entender que el conocimiento de otros enfoques, de otras teorías y autores es necesario en cualquier formación dentro del campo psicológico. Creo que los psicólogos entendemos muy bien que cualquier discurso del hombre y su padecer siempre es insuficiente. Por lo tanto, el acercamiento a otras posturas diferentes de la nuestra, siempre es un buen ejercicio de crítica a la posición que sostenemos ante nuestra propia formación.

  5. Eduardo: me parece muy correcto cuando decís que dar cuenta de las limitaciones de una teoría y de su práctica permiten un ejercicio ético, y agregaría que hay que dar cuenta siempre desde la evidencia. Sino nos quedamos en la mera discusión y no se apunta a eso. Que una comunidad de terapeutas de la misma orientación se reúnan y digan “Ok, nos pusimos de acuerdo y consideramos que esto, esto y esto no sirve. Listo.” eso es a penas el primer paso, solo con eso no alcanza. Y ahí juega un papel importante (de forma negativa) esta idea de la “ciencia mala” de la hablás. Porque no se trata de sostener discursos perfectos y completos, sino de poder fundamentar correctamente cualquier discurso, por más incompleto que sea.
    Una cosa es permitir la diversidad de teorías en la Facultad, estudiar y ser crítico desde diferentes puntos de vista, pero luego viene el trabajo no tan sencillo de diferenciar cuales teorías y métodos terapéuticos pueden ser utilizados con personas en la vida real y cuales no tienen las condiciones mínimas y necesarias que nos permitan asegurar que con su uso no hacemos daño a nuestros pacientes.

  6. gracias Gabriela, definitivamente concuerdo contigo, Freud y su enseñanza siempre será admirado por mi, pero en la practica clínica, no necesariamente puedo aplicarlo a todo, la diversidad, la neurobiología, los distintos metodos deben tener cabida y hay que tener acceso a ellos. y que bueno que podemos tener la libertad de cuestionarlos.

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