La IA te ofrece alivio inmediato al esfuerzo del escribir, pero ¿has pensando en lo que pierdes?
La IA ofrece alivio inmediato al dolor y al esfuerzo que exige escribir. Pero no todo tiene que ser fácil y automatizado. Hay tareas que son valiosas justamente por el esfuerzo que requieren, y la escritura es una de ellas.
Dana Goldstein escribe sobre esto en The New York Times:
Las investigaciones demuestran que la composición tradicional es valiosa sin duda, no a pesar de la dificultad, sino precisamente por ella. La escritura desarrolla nuestra memoria de trabajo, habilidades de planificación ejecutiva y metacognición, que es la capacidad de reflexionar sobre nuestro propio pensamiento, sopesar puntos de vista alternativos y revisar el texto en busca de claridad y estilo. Se necesitan décadas para desarrollar las habilidades de escritura, desde la primera infancia hasta la edad adulta.
“La escritura es una tecnología para pensar”, afirmó Kellogg.
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(…) no hay ninguna parte del proceso de escritura que pueda delegarse a la IA sin que haya un costo. El crecimiento intelectual se da en cada etapa, desde la lluvia de ideas hasta el ajuste de un borrador final. Si escribir es pensar, entonces cualquier parte de ese esfuerzo que se delegue a la tecnología equivale a renunciar a cierta libertad de percepción. ¿Cómo sabrán los estudiantes lo que realmente piensan sobre cualquier tema —ya sea El crisol o la misma IA— si le piden a una máquina que les dé la respuesta?
Cuando comparto estos artículos no lo hago con afán de juzgar, como un intento de sermonear a quienes usan la IA. Lo que intento es invitar a la reflexión: qué uso le estamos dando y qué quieres lograr con tu conocimiento y tu aprendizaje.