Ayudando a los consultantes a tratarse con compasión
Claire Cain Miller para The New York Times:
La investigación también encontró que los progenitores de hoy sienten una enorme presión para educar a sus hijos e interactuar con ellos en todo momento, mientras que las generaciones anteriores pasaban más tiempo haciendo actividades de adultos cuando sus hijos estaban presentes. Aunque esta mayor atención solía ser una meta de la clase media alta, estudios más recientes muestran que personas de todas las clases creen que es la mejor manera de ser padres.
El Centro Pew encontró que en muchas ocasiones esto significa un mayor compromiso emocional. Casi la mitad de los encuestados afirmaron que educaban a sus hijos de manera distinta a como lo habían hecho sus propios padres y la mayoría dijo que la principal diferencia radicaba en la forma en que mostraban amor y entablaban relaciones con sus hijos. En respuestas abiertas, comentaron que querían criar hijos que sintieran el apoyo incondicional de sus padres. Eso significaba menos gritos y más afirmaciones verbales, muestras de afecto y conversaciones sinceras sobre temas difíciles.
Parece que todo es positivo, pero los datos también muestran que tanta presión por ser un buen padre o madre ha sido en parte responsable del declive de fertilidad:
Según la encuesta, otra de las dificultades de ser padre en la actualidad tiene que ver con una nueva serie de preocupaciones sobre el bienestar de los niños. Los padres suelen preocuparse por esto, pero los temores han cambiado a lo largo del tiempo. Los llamados padres helicóptero de la década de 1980 se preocupaban sobre todo por la seguridad física, como los secuestros y los embarazos adolescentes. Esas preocupaciones persisten, pero han sido sustituidas por otras relacionadas con la salud mental: tres cuartas partes de los padres declararon que les preocupaba que sus hijos sufrieran ansiedad o depresión o que fueran víctimas de acoso escolar.
Cochrane es una organización científica que reúne a más de 30 mil investigadores de 90 países para elaborar procesos de revisiones sistemáticas y rigurosas de los tratamientos de salud. Es una de las entidades más respetadas y conocidas del mundo. Y recientemente publicaron un artículo que nos ayudan a ser más cautelosos con las interpretaciones poco realistas de los estudios:
Cada día recibimos mensajes sobre los efectos de todo tipo de tratamientos: medicamentos nuevos y más eficaces, medidas preventivas, cirugías definitivas, dietas más saludables…
Muchos de estos mensajes se basan en un solo estudio, generalmente recién publicado. La mayoría, además, suele destacar solo sus efectos beneficiosos.
Pero confiar en que un único estudio tiene la respuesta definitiva sobre los beneficios y daños de un tratamiento es tan poco realista como pretender entender el argumento de un libro a partir de frases sueltas.
Los resultados de un solo estudio casi nunca son suficientes para conocer los efectos de un tratamiento
Esto es así porque…
Además, hay que tener en cuenta que:

Daniel Mediavilla entrevistó para el País al reconocido científico Stanislas Dehaene para aprender más sobre los últimos descubrimientos del cerebro infantil:
Lo primero que hay que decir es que no todo lo hacemos mal, al contrario. Pero hay algunas cosas que mejorar. En primer lugar, solemos subestimar a los niños. Existe esta idea de Piaget, que dice que los niños se van a desarrollar muy lentamente, con una agenda muy rígida, año a año, y ahora sabemos por la ciencia cognitiva y la neurociencia que en realidad los niños tienen unas habilidades mucho más sofisticadas. En el lenguaje, vemos que adquieren de 10 a 20 palabras diarias, mucho más rápido que cualquier ordenador actual y mucho mejor que la inteligencia artificial. Y también en matemáticas, donde tienen habilidades para los números desde muy temprano y para integrar números y espacio. Tienen intuiciones muy fuertes y hay que vincular las enseñanzas a esas intuiciones, en particular en matemáticas. Muchas veces tienen problemas en matemáticas porque no ven que los nuevos símbolos están relacionados con lo que ya conocen, y se les enseñan como si fuesen un dominio completamente abstracto en el que no encuentran ningún significado.
El otro error es creer que todos los niños son diferentes. En las ciencias cognitivas estamos viendo que en realidad hay muchas similitudes. Cuando la gente aprende a leer siempre se enciende el mismo circuito, y hay una variabilidad de unos pocos milímetros, quizá un centímetro como mucho. Así que no es cierto que haya que adaptar la pedagogía a cada niño, hay principios de aprendizaje que aplican a todos.
Sobre las matemáticas:
Las matemáticas requieren un esfuerzo y eso es lo primero que hay que entender. Todos los niños deben hacer un esfuerzo para aprender, no existe el aprendizaje de matemáticas sin esfuerzo. Y hay un cierto abandono de las matemáticas como parte de nuestra cultura. Al nivel del cerebro vemos que el lenguaje y las matemáticas activan redes completamente diferentes, que apenas se solapan. Eso significa que desarrollar una cultura lingüística no nos va a dar una cultura matemática. Yo abogo con vehemencia por un refuerzo de la cultura matemática.
Un gran malentendido es que las matemáticas van de números. Especialmente en la escuela primaria son todo cálculos, pero eso no son realmente las matemáticas. Las matemáticas se han definido como la ciencia de los patrones. Se trata de entender regularidades y de la organización lógica. Así que son una herramienta muy útil para la vida diaria. Por ejemplo, los gráficos, en los que tienes una cantidad enorme de puntos de datos en los ejes X e Y, y puedes ver cómo esos cientos de puntos evolucionan y los puedes percibir como un solo gráfico. Esto es algo que deberíamos valorar más en nuestra sociedad y lo deberíamos enseñar mejor, porque es como otra forma de leer y es completamente diferente. Requiere unos circuitos cerebrales distintos y es una tarea igual de importante para desenvolverse en nuestra sociedad.
Sobre el efecto de las pantallas en el aprendizaje de los niños:
(…) Tenemos muchas pruebas de que los niños pequeños necesitan estar muy expuestos al lenguaje desde muy temprano, en los primeros 18 meses de vida. Si no se les expone a este lenguaje sufrirán atrofias que duran para toda la vida. Esto es un fuerte mensaje para los padres, porque muchos están siendo atrapados por sus teléfonos y no les hablan suficiente a sus hijos. Cuando la gente discute el peligro de los teléfonos móviles, hablan como si las pantallas fuesen problemáticas para los niños. Pero los que tienen problemas con las pantallas son los padres, porque les apartan de la interacción con sus hijos. La tecnología restringe el entorno de aprendizaje de los niños por los padres.
Lee el artículo completo en El País.
Artículo relacionado: “Yo soy visual” – El mito de los estilos de aprendizaje
Ingresa las palabras de la búsqueda y presiona Enter.