44,3% de la población española aumentó de peso durante el confinamiento
Desirée Pozo para Hipertextual:
Un 44,3% de la población española afirma haber aumentado de peso durante el confinamiento. De ellos, el un 73%, sitúan el rango de elevación del peso entre 1 y 3 kilos, tal y como indica una encuesta realizada por la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO). Mientras que el resto ha cogido peso por encima de los 3 kilos. El estudio ha sido presentado este miércoles a través de videoconferencia.
En caso de que el confinamiento vuelva a nuestras vidas, la doctora Susana Monereo, secretaria de SEEDO, apunta a que lo mejor es la comida sana, hacer ejercicio entre 20 y 30 minutos al día y dar un buen ejemplo a los hijos, si se tiene. Entre los platos que comer, recomienda que al menos dos de ellos durante el día sean verduras y tomar una pieza de fruta de postre. Además, se recomienda comer pescado antes que carnes rojas.
También es muy importante «hacer formación de los hábitos saludables en los niños, porque sobre todo la obesidad afecta a las clases más bajas». «Los médicos predicamos cuando ya están ahí, no podemos hacer el trabajo antes», comentó la doctora. Aunque para Monereo sigue siendo necesario que se consiga el reconocimiento de la obesidad como enfermedad por parte del Gobierno.
El texto da una buena idea para replicar investigaciones en Latianoamérica sobre el aumento de peso de las personas durante la cuarentena. Lee el artículo completo en Hipertextual.
Usar mascarilla es como ponerse cinturón de seguridad o condón
Perri Klass para The New York Times:
Las campañas para que la gente use condones, cascos al andar en bicicleta y cinturón de seguridad implicaron dar un paso más. Las tres implican algún sacrificio de comodidad y conveniencia personal, sacrificios que parecen triviales para algunos y nada triviales para otros.
Y así como necesitamos usar el cinturón de seguridad cada vez que estamos en el auto, aunque no tengamos intenciones de chocar, necesitamos usar cubrebocas en público, aunque no creamos que nosotros o las personas que encontremos estén infectadas del coronavirus.
Y agrega:
Hace unas cuantas semanas, Jill McDevitt, sexóloga en San Diego, hizo publicaciones en las redes sociales acerca de cómo la información arrojada por las investigaciones sobre los condones podrían aplicarse al diálogo sobre los cubrebocas. “Podemos aprovechar los datos de los condones y hacer que funcione”, comentó.
Sobre todo, se enfocó en la necesidad de reconocer que usar cubrebocas no se siente tan bien como no usarlo. “Nadie dice emocionado: ‘¡Sí, tengo que usar cubrebocas hoy!’”, comentó McDevitt. Decirle a la gente que se siente igual, dijo, “resulta invalidante, y provoca que la gente se rehúse aún más”.
Deberíamos centrarnos en ayudar a la gente a conectarse con sus amigos y familiares sin pelearnos. “Dirigir con empatía”, dijo. Comencemos por reconocerlo: “Esto es difícil para ti”. Empecemos preguntando: “¿Cómo hacemos que esto sea lo más fácil posible?”.
Con los condones, eso implicaba volverlos accesibles, disponibles, gratuitos, como los de nuestros consultorios. Pero también significaba ayudar a la gente a negociar, dijo McDevitt: “Puede ser, digamos, algo así: es una monserga usar cubrebocas, y a mí tampoco me gustan, pero esto no es para siempre. Mientras tanto, nos permiten estar más seguros cuando estemos juntos”.
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Estupendo artículo de Anna Goldfarb para The New York Times, sobre la positividad despectiva y algunos elementos que conocemos de la conversación clínica que son muy útiles en estos momentos:
La positividad despectiva puede expresarse de muchas maneras:
“Todo estará bien. ¡Al menos no perdiste tu trabajo!”.
“Sé agradecido por poder aprovechar este tiempo para explorar un nuevo pasatiempo”.
“¡Piensa en cosas felices!”.
“Al menos tienes una pareja con la que compartes el confinamiento”.
“Esto no durará para siempre y tú eres una persona ingeniosa. ¡Saldrás victoriosa!”.
Una propuesta más útil: el principio de reflexionar, validar y curiosidad:
Una mejor manera de formular tu preocupación es usar la reflexión, la validación y la curiosidad, en ese orden, dijo Fregoso. Refleja la emoción que escuchas en la voz de tu amigo. El temor, la tristeza y la preocupación son emociones comunes que la gente está sintiendo ahora mismo.
El artículo incluye una descripción paso a paso de cómo usar el principio de reflexionar, validar y curiosidad. Léelo completo en The New York Times en español.
¿Deberíamos beber menos alcohol?
Anahad O’Connor explica en The New York Times, los cambios que se vienen en las recomendaciones médicas sobre el consumo del alcohol y que son congruentes con investigaciones más nuevas que sostienen que los riesgos asociados con su consumo sobrepasan cualquier posible beneficio:
No obstante, ahora un comité de científicos que ayuda a actualizar la edición más reciente de las Pautas Alimentarias para Estadounidenses adoptó una postura más rigurosa respecto al alcohol. En una conferencia telefónica reciente, el comité afirmó que planeaba recomendar que los hombres y mujeres que beben se limiten a una sola copa de vino, una cerveza o una copa de licor al día. No bebas porque piensas que mejorará tu salud, el comité dice que no es así. Además sostiene que, por lo general, beber menos es mucho más benéfico para la salud que beber más.
Ese mensaje representa una ruptura con las pautas anteriores, que desde 1980 han definido como consumo “moderado” de alcohol hasta dos copas diarias para los hombres y una para las mujeres. Las agencias gubernamentales también han definido desde hace mucho que una copa estándar equivale a 355 mililitros de cerveza normal, 147 mililitros de vino y 45 mililitros de bebidas destiladas (con 40 por ciento de alcohol), cantidades que los estadounidenses superan con frecuencia.
Los estudios que avalan los beneficios del consumos del alcohol son defectuosos:
La nueva recomendación sería una victoria para los expertos que han cuestionado por mucho tiempo el halo de salud en torno al consumo moderado. Dicen que los estudios que demuestran que puede proteger la salud son profundamente defectuosos y que cualquier beneficio cardiovascular que se podría tener, sería superado por el hecho de que el alcohol es una de las principales causas de cáncer que son prevenibles. Según el Instituto Nacional de Cáncer, incluso una bebida al día aumenta el riesgo de cáncer de mama, esófago y oral.
Las interpretaciones exageradas sobre los beneficios del consumo moderado del alcohol:
El debate científico en torno al consumo moderado de alcohol se remonta a la década de 1970, cuando los investigadores de California se dieron cuenta de que los abstemios padecían más infartos que las personas que bebían moderadamente. En las décadas posteriores, muchos estudios observacionales que analizaron poblaciones numerosas documentaron lo que se conoce como la curva en J entre el alcohol y la mortalidad debida a cualquier causa, en especial los padecimientos cardiacos: los índices de mortalidad se redujeron entre quienes bebían moderadamente, en comparación con quienes no bebían y luego aumentaba entre aquellas personas cuyo consumo excedía una o dos copas diarias.
No obstante, los estudios observacionales solo pueden mostrar una correlación, no una causalidad, además de que tienen otras limitaciones. Un factor que provoca mucha confusión es que el estatus socioeconómico es un gran indicador de salud y esperanza de vida, y tiene una relación cercana con los niveles de consumo de alcohol. Los estudios muestran que, en comparación con los bebedores empedernidos y los abstemios, las personas que beben moderadamente suelen ser más acaudaladas y tener un nivel educativo más elevado. También suelen tener mejores servicios de salud, hacer más ejercicio, llevar dietas más saludables y presentar menos obesidad.
Acciones esenciales para salir de la pandemia en América Latina
José Gomes Temporão (médico y exministro de la Salud de Brasil) y Miguel Lago es (director ejecutivo del Instituto de Estudos para Políticas de Saúde (IEPS) describen en The New York Times en español, los desafíos y las acciones que debe realizar América Latina para afrontar la pandemia:
El virus no es el gran igualador social, como se decía al inicio de la pandemia. Si bien todos estamos potencialmente expuestos a la enfermedad, la probabilidad de que se extienda y cause cuadros más graves y más muertes es significativamente mayor entre los más pobres y los que no son blancos. Si la población más vulnerable en Europa son los ancianos, en América Latina la desigualdad distribuye los factores de riesgo de manera más equitativa entre generaciones. En muchas ciudades, incluso antes de la pandemia, la edad promedio de las personas que mueren varía dependiendo del barrio en el que se vive. En São Paulo la diferencia es de hasta 23 años.
En este contexto, las políticas de aislamiento social solo serán efectivas cuando las personas tengan las condiciones materiales para aislarse. En la región, donde la informalidad laboral alcanza alrededor del 50 por ciento de los empleados dejar de trabajar y quedarse en casa simplemente no es una opción. Los mercados populares de alimentos, donde el campo y la ciudad se encuentran, son uno de los grandes focos de infección de países como Perú y Ecuador.
Los efectos de la desigualdad estructural:
En el combate contra la pandemia en América Latina se ve limitado por la desigualdad estructural, la falta de capacidad del Estado y la demagogia política. Hace falta que los gobiernos nacionales y subnacionales se coordinen para compensar estos factores y dar una respuesta homogénea.
Es fundamental prolongar las medidas de distanciamiento social y que cualquier apertura de actividad sea monitoreada y basada en las recomendaciones de la comunidad científica. Para reforzar esa política, se requiere poder identificar a los sintomáticos y ayudar a aislarlos. Finalmente, para asegurar el cumplimiento de dichas medidas es necesario establecer un ingreso de emergencia adecuado para las familias más vulnerables.
América Latina no puede superar en pocos meses sus lagunas estructurales, pero sí puede encontrar en la pandemia la oportunidad para identificar los puntos débiles y la energía para empezar a tratarlos de manera profunda y sistemática.