Pesadillas, un vínculo con el suicidio adolescente
Teddy Rosenbluth en New York Times:
Un estudio publicado en la revista Lancet Gastroenterology and Hepatology descubrió que, tras solo tres meses de uso de una herramienta de IA diseñada para ayudar a detectar crecimientos precancerosos durante las colonoscopias, los médicos eran significativamente peores a la hora de detectar los crecimientos por sí mismos.
Se trata de la primera prueba de que el uso de herramientas de IA puede mermar la capacidad del médico para realizar tareas fundamentales sin la tecnología, un fenómeno conocido como “descualificación” (deskilling, en inglés).
La inteligencia artificial necesita supervisión. Aunque puede ofrecer respuestas rápidas y precisas, también comete errores. En esos casos, la intervención de los especialistas, como los médicos, resulta indispensable. Pero si los médicos pierden las habilidades necesarias para evaluar y corregir estos resultados, ¿cómo podrían detectar los fallos?
Este riesgo de pérdida de competencias ha llevado a que algunas instituciones educativas consideren limitar o incluso prohibir el uso de la IA en los primeros años de formación médica.
Enrique Alpañés en El País resume los datos de una investigación de la revista Neurology que asocia el consumo frecuente de edulcorantes con el deterioro cognitivo:
La investigación cogió una base de datos de 12.700 adultos, pero se centró en aquellos de entre 55 y 72 años (unos 5.000), después siguió su evolución durante ocho años. En este tiempo se les hizo registrar todo lo que comían y se les sometió a pruebas para comprobar su rapidez mental y deterioro cognitivo. Los investigadores hicieron un seguimiento de siete edulcorantes artificiales que suelen encontrarse en alimentos ultraprocesados. Las personas que consumían las cantidades totales más elevadas presentaron un deterioro más rápido de las capacidades cognitivas y de memoria en general, equivalente a 1,6 años de envejecimiento, que aquellos que apenas consumían edulcorantes.
La investigación presenta algunas limitaciones, entre ellas que la cantidad de edulcorantes consumida por los participantes fue demasiado amplia. Además, se trata de un estudio correlacional, lo que implica que, aunque exista una relación entre ambas variables, no puede afirmarse que el consumo de edulcorantes sea la causa del deterioro cognitivo. Aun así, los autores consideran que los hallazgos ofrecen información valiosa y nos invitan a ser más cautelosos con el consumo excesivo de estos endulzantes:
”Hay dos hallazgos que sugieren que los edulcorantes podrían tener efectos específicos más allá de ser un marcador de una dieta deficiente”, se defiende Suemoto. “En primer lugar, observamos asociaciones para varios edulcorantes individuales”, explica. Estos son los que echa la gente en el café o el yogur a diferencia de los compuestos, que usa la industria en sus productos. “Además, existe una plausibilidad biológica a partir de estudios en modelos animales”, continúa la experta. Los edulcorantes artificiales pueden desencadenar procesos como la neuroinflamación, la neurodegeneración o la alteración del eje intestino-cerebro. Así lo han demostrado varios estudios en ratones. Estos fenómenos podrían afectar al cerebro y explicar su deterioro.
Y añade:
“Hemos añadido pruebas sólidas de que estos compuestos pueden no ser inocuos”, resume Suemoto, “especialmente cuando se consumen con frecuencia y a partir de la mediana edad”. En un contexto científico más amplio, estos hallazgos ponen de relieve la necesidad de examinar de forma más crítica lo que utilizamos para sustituir el azúcar en nuestra dieta, y subrayan que las elecciones alimentarias en la mediana edad pueden tener consecuencias para la salud cerebral décadas más tarde.
Me gustó este artículo de Christina Caron para The New York Times, con recomendaciones de usan los psicólogos deportivos para mejorar el rendimiento de atletas de alto rendimiento y que pueden ser muy útiles para ayudarte a alcanzar tus metas:
Céntrate en los pensamientos útiles, no solo en los positivos
En el deporte y en la vida, centrarse incesantemente en la positividad puede convertirse en una distracción, dijo Jack J. Lesyk, director durante muchos años del Centro de Psicología Deportiva de Ohio. Aconseja a los deportistas que, en su lugar, piensen en lo que es útil.
Por ejemplo, añadió, imagina que un golfista domina el tramo más difícil del campo: el hoyo 12. “Esta es la mejor vuelta de golf que he hecho en mi vida”, piensa. “Si sigo jugando, batiré un récord personal”.
Pero este tipo de pensamiento positivo puede acabar distrayendo al jugador de la tarea que tiene en ese momento: introducir la bola en el hoyo 13. En esta situación, dijo Lesyk, el golfista puede concentrarse en pensamientos que estén mejor alineados con conseguir ese objetivo, por ejemplo: “¿Dónde está la pelota ahora? ¿Adónde quiero que vaya después? ¿Cómo puedo conseguirlo?”.
Y
Visualiza los momentos más cruciales
A menudo se enseña a los deportistas a ensayar mentalmente el éxito: imaginar sus movimientos con antelación estimula las mismas zonas del cerebro que utilizan cuando las llevan a cabo, lo que refuerza sus habilidades y ayuda a calmar los nervios.
Lesyk recomienda visualizar una tarea poco a poco.
Digamos que has practicado para una presentación importante en el trabajo. Durante tu primer ensayo mental, empieza poco a poco y ve hacia atrás. “Imagina primero el final”, dijo Lesyk. Después, imagina los dos últimos pasos y añade sucesivamente más pasos. Luego intenta imaginarlo todo de principio a fin.
Aquí tienes una versión editada y más fluida de tu texto:
Estas dos estrategias son muy comunes en terapia y suelen ser muy efectivas para ayudar a las personas a alcanzar sus objetivos. Si quieres conocer las demás estrategias recomendadas, puedes leer el artículo completo en The New York Times.
David Dorenbaum para El País:
(…) “La memoria se reconfigura a partir del presente, es decir, que los acontecimientos y experiencias pasadas se reinterpretan en función del presente. Este recuerdo es a su vez transformador de la realidad social, y promueve nuevas alternativas para interpretar el aquí y el ahora”. La dirección de nuestros recuerdos no es del pasado hacia el presente, sino, por el contrario, del presente hacia el pasado; quiénes somos ahora afecta cómo percibimos el pasado, cómo lo moldeamos, lo remodelamos o incluso lo inventamos.
Existe un malentendido muy común sobre cómo funciona la memoria. Muchas personas creen que sus recuerdos son imágenes fieles de sus experiencias, pero las investigaciones muestran que no podemos confiar del todo en ellos. Cada vez que un recuerdo llega a nuestra mente lo reconstruimos y lo remodelamos, lo que puede llevarnos a añadir o eliminar información del contexto y de los hechos.
Este fenómeno se convierte en un obstáculo cuando una terapia se centra de manera excesiva en explorar y reinterpretar el pasado del paciente. Si los recuerdos no son registros fijos, sino reconstrucciones cambiantes, el riesgo es que tanto el paciente como el terapeuta trabajen sobre versiones distorsionadas de la experiencia. Eso puede generar conclusiones poco fiables o incluso reforzar narrativas que no reflejan lo que realmente ocurrió.
Además, al depositar demasiado peso terapéutico en la exactitud de los recuerdos, se corre el peligro de desviar la atención de los problemas presentes. Una terapia que busca soluciones basándose únicamente en la reconstrucción del pasado puede dejar de lado los recursos actuales del paciente, así como las conductas y patrones que mantienen su malestar en el aquí y el ahora. Por eso, muchas terapias contemporáneas ponen el énfasis en cómo la persona se relaciona con sus pensamientos, emociones y recuerdos, en lugar de validar su fidelidad histórica.
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