Entrenar la cognición espacial puede mejorar el aprendizaje de matemáticas en niños
Melinda Wenner Moyer para The New York Times:
Si tus hijos hacen preguntas, puede que no sea porque están inquietos o asustados. Muchos chicos “solo hacen preguntas por curiosidad”, dijo King. Cuando lo hagan, intenta responderlas con calma y precisión sin alterarte, dijo.
Puede que los más pequeños no sepan del conflicto pero los adolescentes y preadolescentes bien pueden haber escuchado algo de sus amigos o haber visto memes preocupantes en Instagram o en TikTok.
“Ya he escuchado que los adolescentes en las redes sociales están compartiendo chistes sobre que los reclutan para la Tercera Guerra Mundial, o amenazas nucleares en las ciudades que viven”, dijo Hina Talib, pediatra y especialista en medicina adolescente en el Colegio Albert Einstein de Medicina.
Si no parecen interesarse por lo que sucede, eso también está bien, dijo Robyn Silverman, especialista en desarrollo infantil y adolescente. “No tienes que insistir”, dijo, aunque sí sugiere que los padres al menos zanjen el tema —tal vez que pregunten a sus hijos que han oído del conflicto— y se aseguren de que saben un poquito sobre lo que está pasando.
Tara Parker-Pope comparte en The New York Times, algunas lecciones y recomendaciones muy útiles para saber que hacer y que no hacer para ayudar a un amigo, familiar o ser querido que pasa por un mal momento:
Sí: Piénsalo dos veces antes de llamar. Me sorprendió la frecuencia con la que sonaba el celular de mi padre y lo agotador que era para él (y para mí). A menudo, las llamadas lo despertaban del sueño que tanto necesitaba. Me hizo darme cuenta de que las llamadas telefónicas durante una crisis, aunque bien intencionadas, pueden resultar intrusivas y agotadoras. Obviamente, las llamadas telefónicas son apropiadas en ciertas situaciones, pero mi consejo es que, si puedes, evites llamar en el momento álgido de la enfermedad o la crisis.
No: Envíes mensajes de texto para obtener información. Intenta evitar mandar un texto que requiera una respuesta. ¿Cómo lo estás llevando? ¿Cómo te sientes? ¿Qué se sabe? Si tu texto termina con un signo de interrogación, hace que el paciente o el cuidador tengan que responder.
Sí: Envía un texto de apoyo. Los textos son menos intrusivos que las llamadas telefónicas y pueden leerse en nuestro tiempo libre. Los mejores textos han sido los que compartían pensamientos de apoyo, ofertas de ayuda o enlaces a un artículo interesante, un recuerdo fotográfico o un video divertido, y luego terminaban con un “Solo pensaba en ti. No hace falta que respondas”.
No: Preguntes a la gente lo que necesita. Muchos amigos han llamado o enviado mensajes de texto amablemente con la pregunta: “¿Qué puedo hacer para ayudar?”. Pero en la niebla de la enfermedad y la pérdida, es muy difícil saber lo que se puede necesitar, así que la mayoría de las veces nos limitamos a decir: “Gracias. Te avisaremos”.
Sí: Haz una oferta concreta de ayuda. En lugar de preguntar qué puedes hacer para ayudar, intenta hacer una oferta específica y permanente que describa cómo podrías ayudar. Mi colega Karen Barrow, cuya madre falleció recientemente, lo expresó de esta manera: “No preguntes cómo ayudar, simplemente ayuda. Envía una comida o ayuda con una tarea”. He aquí algunos ejemplos de cómo ayudar cuando alguien muere o está enfermo:
Chole Williams revisó para el New York Times, la evidencia del método de sumergirse en agua fría para tratar la depresión y ansiedad:
Ningún estudio ha demostrado que el método Wim Hof o la inmersión en agua fría por sí solos mejoren la salud mental, pero algunas investigaciones sugieren que la natación en agua fría puede mejorar el estado de ánimo y el bienestar. Varios equipos de investigadores, especialmente en Europa, han explorado los efectos psicológicos de la natación en aguas frías y han obtenido resultados alentadores. Un estudio realizado en 2020 en el Reino Unido descubrió que 61 personas que siguieron un curso de diez semanas para aprender a nadar en el mar helado experimentaron mayores mejoras en el estado de ánimo y el bienestar que 22 de sus amigos y familiares que los observaron desde la orilla.
Algunos científicos también sospechan que un chapuzón en agua helada podría ayudar a tratar enfermedades mentales, como la ansiedad y la depresión. Un estudio de caso de 2018, también en el Reino Unido, describe a una mujer de 24 años con depresión y ansiedad que emprendió la natación en aguas frías y, después de cuatro meses, ya no necesitaba medicación. Desde entonces, los investigadores han hecho un seguimiento con un ensayo más amplio, pero los resultados aún no se han publicado.
Estos primeros resultados son prometedores, pero conseguir pruebas sólidas es todo un reto, afirma Jeremy Howick, investigador sénior del Centro de Investigación de Ensayos de la Universidad de Cardiff que estudia medicina basada en evidencias. Los investigadores no pueden ocultar el hecho de que alguien está recibiendo un tratamiento con agua fría, dijo, y sus buenas expectativas pueden llevarlos a experimentar un efecto placebo. Hof lo ha sugerido en su libro El método Wim Hof, al escribir que “para sacar el máximo provecho del método, hay que comprometerse mentalmente con él”.
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