Un viaje de 195 países para tratar su TOC
Me gustó este artículo de Christina Caron para The New York Times, con recomendaciones de usan los psicólogos deportivos para mejorar el rendimiento de atletas de alto rendimiento y que pueden ser muy útiles para ayudarte a alcanzar tus metas:
Céntrate en los pensamientos útiles, no solo en los positivos
En el deporte y en la vida, centrarse incesantemente en la positividad puede convertirse en una distracción, dijo Jack J. Lesyk, director durante muchos años del Centro de Psicología Deportiva de Ohio. Aconseja a los deportistas que, en su lugar, piensen en lo que es útil.
Por ejemplo, añadió, imagina que un golfista domina el tramo más difícil del campo: el hoyo 12. “Esta es la mejor vuelta de golf que he hecho en mi vida”, piensa. “Si sigo jugando, batiré un récord personal”.
Pero este tipo de pensamiento positivo puede acabar distrayendo al jugador de la tarea que tiene en ese momento: introducir la bola en el hoyo 13. En esta situación, dijo Lesyk, el golfista puede concentrarse en pensamientos que estén mejor alineados con conseguir ese objetivo, por ejemplo: “¿Dónde está la pelota ahora? ¿Adónde quiero que vaya después? ¿Cómo puedo conseguirlo?”.
Y
Visualiza los momentos más cruciales
A menudo se enseña a los deportistas a ensayar mentalmente el éxito: imaginar sus movimientos con antelación estimula las mismas zonas del cerebro que utilizan cuando las llevan a cabo, lo que refuerza sus habilidades y ayuda a calmar los nervios.
Lesyk recomienda visualizar una tarea poco a poco.
Digamos que has practicado para una presentación importante en el trabajo. Durante tu primer ensayo mental, empieza poco a poco y ve hacia atrás. “Imagina primero el final”, dijo Lesyk. Después, imagina los dos últimos pasos y añade sucesivamente más pasos. Luego intenta imaginarlo todo de principio a fin.
Aquí tienes una versión editada y más fluida de tu texto:
Estas dos estrategias son muy comunes en terapia y suelen ser muy efectivas para ayudar a las personas a alcanzar sus objetivos. Si quieres conocer las demás estrategias recomendadas, puedes leer el artículo completo en The New York Times.
David Dorenbaum para El País:
(…) “La memoria se reconfigura a partir del presente, es decir, que los acontecimientos y experiencias pasadas se reinterpretan en función del presente. Este recuerdo es a su vez transformador de la realidad social, y promueve nuevas alternativas para interpretar el aquí y el ahora”. La dirección de nuestros recuerdos no es del pasado hacia el presente, sino, por el contrario, del presente hacia el pasado; quiénes somos ahora afecta cómo percibimos el pasado, cómo lo moldeamos, lo remodelamos o incluso lo inventamos.
Existe un malentendido muy común sobre cómo funciona la memoria. Muchas personas creen que sus recuerdos son imágenes fieles de sus experiencias, pero las investigaciones muestran que no podemos confiar del todo en ellos. Cada vez que un recuerdo llega a nuestra mente lo reconstruimos y lo remodelamos, lo que puede llevarnos a añadir o eliminar información del contexto y de los hechos.
Este fenómeno se convierte en un obstáculo cuando una terapia se centra de manera excesiva en explorar y reinterpretar el pasado del paciente. Si los recuerdos no son registros fijos, sino reconstrucciones cambiantes, el riesgo es que tanto el paciente como el terapeuta trabajen sobre versiones distorsionadas de la experiencia. Eso puede generar conclusiones poco fiables o incluso reforzar narrativas que no reflejan lo que realmente ocurrió.
Además, al depositar demasiado peso terapéutico en la exactitud de los recuerdos, se corre el peligro de desviar la atención de los problemas presentes. Una terapia que busca soluciones basándose únicamente en la reconstrucción del pasado puede dejar de lado los recursos actuales del paciente, así como las conductas y patrones que mantienen su malestar en el aquí y el ahora. Por eso, muchas terapias contemporáneas ponen el énfasis en cómo la persona se relaciona con sus pensamientos, emociones y recuerdos, en lugar de validar su fidelidad histórica.
Ezekiel J. Emanuel es profesor de ética y médica y política en la Universidad de Pensilvania y en este ensayo invitado para The New York Times relata cómo implementó la prohibición del celular y computadora en el salón de clases, los datos que apoyan esta decisión y los beneficios qué obtuvieron los estudiantes:
He impartido el mismo curso a una clase de estudiantes de licenciatura, maestría en administración, medicina y enfermería cada año durante más de una década. Aunque no cambié mis clases ni mi estilo de enseñanza, de alguna manera las evaluaciones de los alumnos de la clase del año pasado fueron mejores que nunca:
“Este curso me ha enseñado más que cualquier otro curso que haya aprendido en Penn …”.
“El mejor curso que he llevado nunca”.
“¡¡¡Una clase increíble!!!”.
De todas las críticas, solo una era negativa. Pero no se trata de presumir: no creo que estos comentarios reflejen nada sobre mí y mi capacidad de enseñanza. Estoy enseñando básicamente de la misma manera que lo he hecho durante años.
¿Qué ha cambiado? Prohibí todos los teléfonos celulares y la toma de apuntes por computadora en el aula, con la excepción de que los alumnos podían utilizar un dispositivo si escribían con un lápiz óptico. Al principio, mis alumnos se mostraron escépticos, si no es que se opusieron totalmente. Pero al cabo de un par de semanas, reconocieron que les iba mejor: eran más capaces de absorber y retener la información, y podían disfrutar más de su tiempo en clase.
Este artículo me dejó muy buenas ideas. A comienzos de este año dicté una materia de maestría en psicología clínica y, aunque destaqué la importancia de no usar el celular o la computadora durante la clase, no fue fácil que los estudiantes siguieran la recomendación. Ahora, gracias a este artículo, tengo una guía más clara para implementar esta política en mis clases.
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