Factores predisponentes del trastorno bipolar
Sergio Parra resume una muy curiosa investigación de la revista Bioacustics sobre la risa en animales:
La primatóloga y estudiante de posgrado en antropología de UCLA, Sasha Winkler, y el profesor de comunicación de UCLA, Greg Bryant, compartieron sus hallazgos en un estudio en la revista Bioacoustics.
Los autores exploraron varios sonidos de vocalización de juegos, registrándolos como ruidosos o tonales, fuertes o silenciosos, de tono alto o bajo, cortos o largos, una sola llamada o patrón rítmico.
Sin embargo, la risa en algunos animales no es tan evidente como en estos zorros y chimpancés. Investigadores de la Universidad Humboldt de Berlín descubrieron que las ratas se ríen cuando se les hace cosquillas, y parecen disfrutar de las cosquillas, ya que las buscan, pero sus vocalizaciones son ultrasónicas, por lo que es difícil escucharlas sin instrumentos especiales.
Muy buen reportaje de Álvaro Caballero para RTVE lo que afrontan las personas que deciden ir a terapia:
Diego decidió ir a terapia hace poco más de un mes por la ansiedad que sufría en su trabajo. Cuenta que a sus padres «les costó un poco entenderlo porque son de otra generación», pero que finalmente lo aceptaron, mientras que en su entorno se ha vivido con total naturalidad. «No solo lo aceptan, sino que lo apoyan», explica este madrileño de 26 años.
Es el testimonio que comparten la mayoría de jóvenes entrevistados. Hablan con sus amigos de su terapia, se recomiendan psicólogos y luego ponen sus experiencias en común. «Sé que entre amigos puedo decirlo porque está muy extendido, pero mi familia no lo sabe», reconoce María. Asegura que no se lo ha contado «para no preocuparles, porque van a pensar que hay un gran problema».
Para no levantar sospechas con los movimientos de su cuenta y que sus padres no se den cuenta, combina el pago de la terapia con Bizum una semana y en efectivo la siguiente. En cambio otros, como Ana, de 23 años, han llegado a la terapia por la recomendación de sus padres.
El artículo plasma algo que veo a diario con mis pacientes. Algunos tienen total apoyo de sus amigos y familiares. Otros llegan a escondidas y con miedo de que la sesión demore un poquito más porque después no podrán explicar dónde estaban. Si eres profesional de la salud mental o si eres o fuiste paciente – y quieres hacerlo – aprovecha cada oportunidad que tengas para naturalizar el uso de la terapia. Nunca se sabe quién está sufriendo mucho y al escuchar que la terapia puede ayudar y que no hay nada malo con ello, puede ser de una gran ayuda.
Elena González entrevistó a Marino Pérez para Redacción Médica:
El problema, explica, es la «la vulnerabilidad de la gente y la patologización de problemas normales de la vida», derivados de la sociedad. Esta, acaba naturalizándolos como problemas genéticos y neuroquímicos, de manera que «al final nadie es responsable de nada».»El código postal dice más de la salud de la gente que el código genético», afirma, al negar que se trate de una «lotería genética» sino de aspectos sociales. Critica, asimismo, la instrumentalización partidista de la salud mental y señala al estado como «responsable de que los individuos no estén a expensas del mercado ni se mercadee con la salud mental».
Y agrega:
Otra de las novedades diagnósticas es la consideración de la noción de espectro «aplicada prácticamente a todas las categorías» y que «termina por diluir categorías diferentes y por patologizar aspectos normales ahora abarcados como ‘trastorno del espectro’ autista, bipolar, de la adicción, psicótico, etc».
El problema, afirma, es que los umbrales de sensibilidad de la gente para tener ‘síntomas’ de algo son «cada vez más bajos» y «los clínicos son pródigos en diagnosticar en buena medida presionados por los usuarios y el sistema sanitario». Más que un plan de acción, el experto en psicopatología cree que habría que tener en cuenta «la prevención cuaternaria consistente en abstenerse de emitir diagnósticos y medicar y en su lugar normalizar, esperar y ver». «No existen marcadores biológicos ni pruebas psicométricas que digan cuando, por ejemplo, la tristeza es depresión o la actividad de un niño es TDAH».
Esto ultimo me recuerda a lo que argumenta Pablo Malo Ocejo en su libro Los peligros de la moralidad, sobre el fenómeno conocido como deslizamiento del concepto en la que el significado de un concepto cada vez se hace menos riguroso, menos exigente y se extiende a variantes más leves que no entraban en la definición original. Lo que puede ayudar a que otras personas reciban ayuda y tratamiento, pero también mete en el mismo saco a un montón de situaciones y problemas que son de la vida diaria y no son problemas psicológicos.
Ada Nuño escribió para El Confidencial un buen resumen de la historia del hábito del sueño.
(…) Las ocho horas reglamentarias que en tantas revistas nos aseguran que son algo así como la llave para conseguir la vida eterna y el cutis más bello, son en realidad una cosa relativamente moderna. No es algo que digamos nosotros, sino que se lleva estudiando desde hace tiempo. Según Roger Ekirch, historiador del sueño de la Universidad de Virginia, el patrón del sueño dominante desde tiempos inmemoriales era en realidad bifásico. En otras palabras, nuestros antepasados dormían en dos bloques de cuatro horas (así que, en el fondo, cumplían también aquello de las ocho horas. Aunque de manera diferente).
Hace algunos años leí un estupendo ensayo de Karen Emslie que explica cómo la luz artificial cambió nuestros hábitos de sueño. Es un texto un poco más extenso, pero que vale la pena leerlo.
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