La marihuana podría potenciar, en lugar de ralentizar, el cerebro de ancianos
Javier Salas para El País:
No son buenos tiempos para la homeopatía y otras pseudoterapias, al menos desde el punto de vista institucional. En los últimos meses, los representantes de estas prácticas sin aval científico han visto cómo perdían cursos en universidades y capacidad de influir en organizaciones médicas y sanitarias. Ahora, se suma a esta corriente el Colegio de Médicos de Madrid (Icomem) que ha decidido eliminar todas sus secciones y actividades en el entorno de las llamadas terapias alternativas. Y por una simple razón: porque carecen de evidencia científica que demuestre que sirven para mejorar la salud de las personas.
Desde que llegó al Colegio la nueva junta directiva hace un año, se tomó la determinación de alejarse de prácticas pseudocientíficas que habían tenido algún tipo de amparo, ya sea como secciones o con la realización de cursos o actividades en sus instalaciones. «Creamos un consejo científico que ha optado por disolver todas estas secciones, más de treinta, que iban desde homeópatas y acupuntores a medicina antroposófica, todos equiparados a cualquier otra especialidad médica reconocida» explica a Materia el presidente de Iconem, Miguel Ángel Sánchez Chillón. “Esta junta directiva está trabajando para que el Icomem tenga el carácter científico que le corresponde y este es un paso más que para nosotros es prioritario”, subrayó.
Aplausos para el Colegio Médico de Madrid. Su decisión es un ejemplo que deben seguir las instituciones de salud en todo el mundo, incluidas la de psicología.
No podemos seguir con la idea de que “todas las terapias son validas” o el clásico del que “todo suma”. Cuando en realidad esos tratamientos no cuentan con ningun tipo de evidencia y sus autores usan la clásica excusa de que a ellos sólo les importa la subjetividad del paciente; o cuando sus autores dicen haberlas evaluado científicamente, pero no comparten los datos y procedimientos, porque según ellos, su terapia es muy compleja para ser analizada por terceros y nos piden que creamos ciegamente en ellos; o cuando usan la nueva estrategia de ponerle los términos “bio” y “neuro” a sus terapias para que parezcan científicas como tan popular Bioneuroemoción.
La decisión para algunos puede parecer rígida y quizás cientificista. Pero una institución de salud no debe incluir tratamientos pseudocientíficos, ya que eso refuerza la idea de que una pseudoterapia cuenta con la misma evidencia que otro tratamiento que si ha demostrado ser efectivo para el tratamiento de una enfermedad o trastorno.
Irene Hartmann para Clarín:
Contar con algún espacio terapéutico parece clave en la agenda de muchos argentinos, pero el “cómo” está viviendo un cambio. Algunos atribuyen esta reconfiguración a un agotamiento del propio psicoanálisis: la crítica más acérrima reduce la teoría de Freud a un complicado y largo viaje, sin parada final ni evidencia empírica. Otros, sin negar su relevancia, prolongan los conceptos psicoanalíticos a una dimensión más integral, enfocada en el ser, conectando cuerpo y mente. Y están los que ven un signo de época: donde prima resolver todo “ya”, no hay tiempo (ni lugar) para tolerar terapias de largo plazo.
“Cuando alguien tiene un trastorno severo, el psicoanálisis no funciona”, arroja el Director Nacional de Salud Mental y Adicciones del Ministerio de Salud de la Nación, André Blake. Agrega que “en esos casos se necesitan teorías como las cognitivo-conductuales o la neurociencia cognitiva. Estamos más atrasados que en el resto del mundo, pero es inexorable que esas terapias le ganarán terreno al psicoanálisis. Hoy predomina, pero obviamente tiende a desaparecer como psicoterapia”.
Distinta es la opinión de la decana de la Facultad de Psicología de la UBA, Nélida Cervone, quien cree que “el psicoanálisis no decayó, aunque sí hay más ofertas. Las terapias cognitivo-conductuales tienen su peso, pero el psicoanálisis nunca estuvo lejos de la salud pública comunitaria”.
El artículo de Clarín ofrece un breve pantalla de algunas de las terapias con mayor evidencia y que usualmente son bastante desconocidas aun cuando se utilizan en otras partes del mundo como por ejemplo la Terapia Cognitiva Conductual y las Terapias de Tercera Generación. El único problema, es que el artículo incluye algunas pseudoterapias como la biocodificación y la peligrosa “terapia” de las constelaciones familiares. Las cuales han sido seriamente criticadas y refutadas por los propios colegios de psicología en Argentina.
El Encuentro Internacional para la Investigación sobre el Autismo o IMFAR por sus siglas en inglés, es una reunión científica anual convocada por la Sociedad Internacional para la Investigación sobre el Autismo (International Society for Autims Reserch, INSAR). Dicha reunión persigue el objetivo de promover el intercambio y la difusión de los últimos descubrimientos científicos y estimular el progreso de la investigación para comprender la naturaleza, las causas y los tratamientos para el TEA (Trastorno del Espectro Autista).
La primer International Meeting for Autism Research se realizó en el año 2001. Durante los días 10, 11, 12 y 13 de Mayo se encontrará celebrando su vigesimosexta edición con sede en la ciudad de San Francisco en Estados Unidos.
Este año, se contó con las conferencias de Pat Levitt, quien estudia los caminos neurales que conducen el aprendizaje y la memoria, y Connie Kasari, quien está desarrollando intervenciones basadas en la comunidad para el autismo. El día sábado Ami Klin y Warren Jones, investigadores del Marcus Autism Center, expondrán sobre cómo evaluar el Autismo en la infancia. El resto de las conferencias anunciadas, cubren un amplio abanico de temas que van desde el lenguaje hasta la genética.
El IMFAR es la reunión más antigua y más grande de la investigación sobre autismo en el mundo y crece edición tras edición. Este año se esperan alrededor de 2200 investigadores, que expondrán sus trabajos en unos 1500 paneles, posters y conferencias. Este número, revela un incremento en comparación a los 1800 participantes y 1400 presentaciones del IMFAR 2016.
Por: Nerea Vargas
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