¿Por qué los niños pueden aprender más de los cuentos de fantasía que de realidad?
Olga Carmona para El País:
Ser testigo y víctima de una comunicación tóxica, basada en el control, la manipulación, el chantaje, el discurso ambivalente (si hago esto es porque te quiero) y la progresiva aniquilación de la autoestima de otro ser humano, pasa unas facturas enormes a los hijos que respiran esa atmósfera. Las secuelas son tanto físicas como psicológicas y les afectan a su presente pero también a su futuro: condicionan la vida de los niños de forma muchas veces irreversible.
Seguramente muchas personas intuyen que el daño será psicológico. Lo que en general se desconoce es que las secuelas pueden ser también de índole física, puesto que el desarrollo de los niños se ve alterado por la exposición a ambientes emocionalmente tóxicos. Estas consecuencias son, entre otros, problemas relacionados con el sueño y la alimentación, retraso en el crecimiento, síntomas psicosomáticos tales como asma, problemas de piel e, incluso, retrasos de crecimiento, retraso o poca habilidad motriz.
A nivel emocional el daño es mayor, afectando a todas las escalas de una estructura de personalidad en formación, con problemas de ansiedad, ira, depresión, trastornos del apego, del autoconcepto e incluso trastornos de conducta en la adolescencia y edad adulta. En la infancia todo eso se traducirá en problemas de comportamiento tales como conducta agresiva hacia iguales o hacia animales, rabietas, comportamiento disruptivo, hiperactividad, habilidades sociales muy pobres, falta de empatía, aislamiento y depresión.
No soy fanático del término “tóxico” en psicología, pero creo que en esta ocasión si se amerita su uso. El ambiente familiar “tóxico” tiene terribles consecuencias en la salud de los niños y el artículo de Carmona los sintetiza elegantemente tanto para los profesionales como para padres y familiares.
Fabiola Czubaj para La Nación:
Calma. Así se llama la primera aplicación interactiva para celulares orientada a prevenir el suicidio en los adolescentes y los jóvenes. Durante seis meses, un equipo de psiquiatras y psicólogos argentinos trabajó en esta herramienta que se puede descargar y usar de manera gratuita.
Este «salvavidas» portátil para el manejo de una crisis que puede llevar a la muerte se presentó en Mar del Plata, durante el Congreso Argentino de Psiquiatría, que organizó la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). Un equipo de investigadores del Instituto de Farmacología de la Facultad de Medicina de la UBA explicó cómo funciona esta aplicación que no reemplaza el tratamiento especializado, pero puede complementarlo.
«Uno de nuestro intereses centrales es el estudio de la conducta suicida», explicó Federico Daray, investigador adjunto del Conicet. «Estuvimos trabajando en intervenciones para la prevención en los adolescentes y los jóvenes. Es un tema muy grave en nuestro país, donde las cifras se duplicaron en estos 15 años y, actualmente, es la segunda causa de muerte en esos grupos», dijo en diálogo con LA NACION antes de la presentación de Calma.
Ya era hora de que la psicología en Latinoamérica aproveche todos los recursos digitales de nuestra era en beneficio de la prevención del suicidio y de la salud mental en general. Calma no es la primera aplicación para prevenir el suicidio. Hay otras apps que también han funcionado bastante bien, pero lamentablemente están en inglés. Calma está diseñada completamente en español, por terapeutas de la región y utiliza los recursos de la Terapia Dialéctica Conductual, una de las terapias especialmente diseñadas para los trastornos de desregulación emocional e intentos de suicidio que cuenta con buena evidencia de su efectividad.
La app está disponible para Android y pronto para iOS.
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