Quetiapina: qué es, para qué se usa y efectos secundarios
Una reflexión de Elizabeth Spiers para The New York Times sobre nuestras publicaciones en redes sociales frente a los problemas y conflictos sociales:
Existe una versión simplista de la toma de postura en las redes sociales que genera justas palmaditas en la espalda, pero reduce cuestiones complejas a un simple sí o no. Adoptar posturas simplistas también puede llevar a tergiversar las palabras.
(…)
El impulso de hacer declaraciones estridentes y reductoras refleja un miedo genuino a los horrores que yacen más allá de las palabras. Las soluciones binarias simples implican soluciones simples. Y es mucho más agradable decirse a uno mismo que está del lado del bien, contra el mal, que cuestionarse si las líneas divisorias se trazaron bien.
Es difícil lidiar con la incertidumbre, en especial cuando las redes sociales nos han acostumbrado a esperar información perfecta en tiempo real durante acontecimientos traumáticos y a querer respuestas y soluciones instantáneas. La certeza moral es un ancla a la que nos aferramos cuando la certeza fáctica no es posible. Y cuanto más rápido la expresamos, más seguros parecemos. Los más rectos entre nosotros publican, y lo hacen de inmediato.
Interesante y extenso artículo en The New York Times acerca de Ozempic, la inyección autoadministrada que está revolucionando las redes sociales como la solución para la obesidad:
Hemos adquirido soltura con el nuevo lenguaje de la farmacología, la diabetes y la pérdida de peso. Ozempic, Wegovy y Mounjaro son parte de nuestro léxico público. Los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) son fármacos que salvan vidas, creados para ayudar a los millones de personas que padecen diabetes tipo 2 y obesidad clínica. Prometen librar a Estados Unidos de la obesidad, si nuestro país consigue hacer asequible la costosa cura.
Pero estos fármacos milagrosos también son una abreviatura de nuestro lenguaje codificado de la vergüenza, el estigma, el estatus y los prejuicios en torno a la gordura. Desenredar esas dos funciones es un problema social que un fármaco milagroso no puede arreglar.
Un científicos propone una nueva explicación para algunos casos de COVID prolongada, relacionándola con niveles más bajos de serotonina en las personas afectadas. En un estudio publicado en la revista Cell, los investigadores sugieren que la disminución de la serotonina podría ser causada por restos del virus que permanecen en los intestinos. Esta reducción de serotonina podría potencialmente explicar los problemas de memoria y ciertos síntomas neurológicos y cognitivos asociados con la COVID prolongada. Artículo completo en The New York Times.
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