Imagen: Universidad de Duke

La semana pasada publicamos unos fragmentos de la entrevista que realizó el diario El País a Robert Whitaker, un periodista reconocido por sus investigaciones sobre el abuso en el consumo de psicofármacos y el creciente número de pacientes con trastornos mentales.

En la entrevista, Whitaker denuncia varias prácticas de la psiquiatría, especialidad médica que en opinión de él se encuentra sumida en una profunda crisis.

Sus declaraciones no pasaron desapercibidas y el propio presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, Miguel Gutiérrez Fraile, pidió un espacio en el mismo diario para responder una a una las declaraciones de Whitaker.

Las respuestas de Guiterrez nos permiten conocer el otro lado de una realidad extremadamente compleja.

Aquí les compartimos algunos fragmentos:

Sobre los beneficios de los psicofármacos:

«En estas circunstancias, el descubrimiento de la clorpromazina en Francia (1951) supuso la primera revolución psicofarmacológica e influyó de forma neta en la posterior desinstitucionalización del enfermo psiquiátrico, hasta entonces, mayoritariamente recluido en establecimientos asilares. La enfermedad mental se consideraba prácticamente inmodificable y la sociedad excluía a estos enfermos de por vida. Los antipsicóticos supusieron un avance incontestable. Esto marcó una modificación radical en la política asistencial americana y J. F. Kennedy (1962) arbitró cambios legales que permitieron nacer un nuevo modelo: la psiquiatría comunitaria, exportada posteriormente a todo el mundo y que supuso la externalización de los enfermos psiquiátricos más graves, el desarrollo de centros de salud mental, de servicios de psiquiatría en hospitales generales (comienzo de la medicalización de la psiquiatría en los años sesenta) y de recursos intermedios que mejoraron el tratamiento del enfermo.

Además, mejoró la formación de psiquiatras, psicólogos, enfermeras, trabajadores sociales… La relación entre los antipsicóticos y la desinstitucionalización de los enfermos mentales graves en EE UU es innegable. Se pasa de una cifra de 34 personas ingresadas por cada 10.000 americanos en 1955 a 3 personas ingresadas por cada 10.000 en 1994.»

Sobre el incremento progresivo de las personas con trastornos mentales:

«El aumento bruto de trastornos mentales en 30-40 años con toda probabilidad no es distinto porcentualmente del de cáncer de páncreas o artritis reumatoide en el mismo periodo. Para sustentar sus confusas opiniones, el periodista cita un artículo publicado en aquella época con claros problemas metodológicos, como que la medida —“buen resultado”— varía mucho según época y sociedades. Por ejemplo, entonces vivir con los padres a los 30 años era considerado “mal resultado” social en EE UU, cuando en España resultaba “normal”.»

Sobre la medicación para los trastornos de ansiedad y sobre uno de los medicamentos que, según él,  más ha beneficiado a la gente, el Valium:

«La ansiedad es consustancial con el ser humano, pero la ansiedad patológica no. El periodista no contempla el sufrimiento que presentan muchos enfermos que hasta hace pocas décadas no eran tratados, salvo en el restrictivo ámbito de la psiquiatría privada americana. En lo que se refiere al Valium, pocas veces en la historia un medicamento ha beneficiado a tanta gente y de tan diversas patologías.

Plantea este señor que la enfermedad mental no es una enfermedad cerebral. Cree al parecer que el cerebro es el único órgano del cuerpo que nunca se pone enfermo y siempre presenta un perfecto funcionamiento. Y que las enfermedades mentales se curan con palmaditas en el hombro. ¿Desde cuándo la actividad mental no está determinada por el cerebro? Diremos más, prácticamente todos los tratamientos psicosociales que se aplican en psiquiatría hoy se basan en pruebas de eficacia que descansan en modelos procedentes de la neurociencia cognitiva, que postula que el cerebro humano tiene capacidad de neurogénesis y plasticidad neuronal hasta su muerte, lo que le permite adquirir y consolidar nuevos hábitos que compensan funciones perdidas por la enfermedad mental. Y esto es algo más que “pastillas”. Es la parte nuclear de la psiquiatría moderna basada en modelos antitéticos a los que se proponen en esa entrevista.»

Sobre el «excesivo» consumo de psicofármacos:

«Efectivamente, ha habido un aumento global del uso de psicofármacos, aunque en EE UU esto se produce en menor medida en población negra e hispana. Poblaciones que cuando enferman tienen más probabilidades que los anglosajones de suicidarse o acabar en una prisión que ir al hospital o a la consulta privada de un psiquiatra. Las cifras son sobrecogedoras. Esto no parece importarle al señor Whitaker. Los enfermos ricos toman medicaciones y los pobres son excluidos socialmente, a la cárcel o al cementerio.

Los psicofármacos han permitido el desarrollo de terapias no coercitivas, no farmacológicas, destinadas a aliviar los déficits sociales de los enfermos así como a controlar sus síntomas más disyuntivos.»

Las respuestas del respetado psiquiatra Gutiérrez Fraile no me satisfacen, me dejan una sensación de incompletud. Entiendo que el espacio que le da el diario El País es reducido para explayarse en cada uno de los puntos y que sus palabras van al público general, pero aun así sus explicaciones quedan a medias y en algunos momentos siento que las respuestas van en cierto grado a lo personal. Por ejemplo, cuando dice Whitaker no le da importancia al hecho de que  las personas más pobres no tienen las mismas chances de recibir psicofármacos y que lo más probable es que terminen en la cárcel o en el cementerio. Así también termina criticando el nefasto efecto que la publicación de esa clase de entrevistas puede tener en la salud mental.

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Por otro lado, yo leí a un Whitaker un poco más centrado en cuanto a sus declaraciones y que en ningún caso intentó decirles a los pacientes que dejaran su medicación. Él mismo aclara que su estudio es un análisis general para que se evalúe el camino que está tomando la psiquiatría. Por momentos Gutiérrez Fraile hace entender qué Whitaker está solo en estas denuncias, pero no es así. Hay otros psiquiatras y psicólogos, cómo: Martin Harrow, Lex Wunderkid, Peter C Gøtzsche , Irvin Kirsh y Scott Lilienfeld quienes han publicado investigaciones que cuestionan el excesivo consumo de psicofármacos y el énfasis exagerado que se le otorga al cerebro como centro de todos los trastornos mentales. Y la lista sigue creciendo…

Pero que no se me mal entienda. No estoy diciendo que hay que dejar la medicación de lado o negarse a recibirla o que la psiquiatría no es necesaria. Eso sería irresponsable. Sino que necesitamos, todos los profesionales de la salud mental (psicólogos, psiquiatras e investigadores) de un profundo y amplio análisis, con evidencia, del camino que estamos tomando y cómo eso afectará a corto y largo plazo la salud de todas las personas.

Lee el artículo completo en El País.

Nota del editor: si estás tomando psicofármacos, no los dejes ni modifiques sin consultar con tu clínico antes. Aún no hay datos definitivos sobre a qué personas pueden serle útiles o necesarios los antidepresivos, por lo cual toda decisión al respecto debe ser consultada con un psiquiatra. Existen varios tratamientos psicológicos con distintas perspectivas que han demostrado ser tan eficaces para la depresión como los antidepresivos a corto y a largo plazo (hemos mencionado algunos aquí , y en este link hay una lista más detallada), por lo cual quizá también quieras considerar preguntar a tu psicólogo o psiquiatra sobre alguno de ellos, sobre qué tan eficaz es en tu caso y qué podrías esperar al respecto.