Investigadores usan Inteligencia Artificial como biomarcador de neuroimagen para la salud mental
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Danielle Carr, profesora adjunta en el Instituto para la Sociedad y la Genética de la Universidad de California en Los Ángeles, escribió para The New York Times un muy buen ensayo que critica la medicalización de los problemas de salud mental:
La medicalización altera los términos con los que intentamos averiguar la causa de un problema y qué se puede hacer para arreglarlo. A menudo, pone el foco en la persona como organismo biológico, en detrimento de la toma en consideración de factores sistémicos e infraestructurales.
Señalar la medicalización de los problemas sociales y políticos no significa negar que esos problemas producen dolencias biológicas reales; significa plantear preguntas serias sobre qué está provocando esas dolencias. Si alguien atraviesa una multitud con su coche, atropellando a la gente, lo sensato no es declarar una epidemia de “síndrome del posatropellamiento” y ponerse a buscar el mecanismo biológico subyacente que pueda estar provocándolo. Tienes que atender el sufrimiento, totalmente real, del cuerpo de las personas afectadas, como es obvio, pero la cuestión clave es: tienes que detener al tipo que está atropellando a la gente con su coche.
A este principio se están refiriendo algunos investigadores cuando hablan de la idea de que existen determinantes sociales de la salud, de que las soluciones eficaces a largo plazo para muchos problemas medicalizados requieren medios no médicos, es decir, políticos. Todos identificamos enseguida, cuando se trata de enfermedades como la diabetes o la hipertensión —enfermedades con una base biológica muy obvia—, que el cuerpo de la persona es solo parte de la realidad causal de la enfermedad. Por ejemplo, para atajar eficazmente la causa raíz de la “epidemia” de diabetes, se llevarían a cabo importantes cambios infraestructurales en las dietas y los niveles de actividad de la población, en vez de regar con medicamentos y fondos económicos a clínicas que ayuden a las personas a elegir mejor en unos supermercados llenos de productos sin restricciones y poco saludables. Hay que parar al tipo que está atropellando a la gente con su coche.
Lee el artículo completo en The New York Times.
Me llena de esperanza ver que cada vez hay más medios tradicionales publicando criticas sobre la medicalización de los problemas psicológicos. Hace poco The Guardian también publicó un artículo que va de la misma mano. Te lo recomiendo. Puedes leerlo aquí. Y por último quiero compartirte un artículo que publicamos en el 2018 de Pablo Malo Ocejo sobre los problemas que trae la medicalización del suicidio.
Elena González entrevistó a Marino Pérez para Redacción Médica:
El problema, explica, es la «la vulnerabilidad de la gente y la patologización de problemas normales de la vida», derivados de la sociedad. Esta, acaba naturalizándolos como problemas genéticos y neuroquímicos, de manera que «al final nadie es responsable de nada».»El código postal dice más de la salud de la gente que el código genético», afirma, al negar que se trate de una «lotería genética» sino de aspectos sociales. Critica, asimismo, la instrumentalización partidista de la salud mental y señala al estado como «responsable de que los individuos no estén a expensas del mercado ni se mercadee con la salud mental».
Y agrega:
Otra de las novedades diagnósticas es la consideración de la noción de espectro «aplicada prácticamente a todas las categorías» y que «termina por diluir categorías diferentes y por patologizar aspectos normales ahora abarcados como ‘trastorno del espectro’ autista, bipolar, de la adicción, psicótico, etc».
El problema, afirma, es que los umbrales de sensibilidad de la gente para tener ‘síntomas’ de algo son «cada vez más bajos» y «los clínicos son pródigos en diagnosticar en buena medida presionados por los usuarios y el sistema sanitario». Más que un plan de acción, el experto en psicopatología cree que habría que tener en cuenta «la prevención cuaternaria consistente en abstenerse de emitir diagnósticos y medicar y en su lugar normalizar, esperar y ver». «No existen marcadores biológicos ni pruebas psicométricas que digan cuando, por ejemplo, la tristeza es depresión o la actividad de un niño es TDAH».
Esto ultimo me recuerda a lo que argumenta Pablo Malo Ocejo en su libro Los peligros de la moralidad, sobre el fenómeno conocido como deslizamiento del concepto en la que el significado de un concepto cada vez se hace menos riguroso, menos exigente y se extiende a variantes más leves que no entraban en la definición original. Lo que puede ayudar a que otras personas reciban ayuda y tratamiento, pero también mete en el mismo saco a un montón de situaciones y problemas que son de la vida diaria y no son problemas psicológicos.
Sergio Parra para XatakaCiencia:
Los resultados del estudio mostraron, en pacientes con antecedentes registrados de enfermedad periodontal al inicio del estudio, el aumento del riesgo de desarrollar una enfermedad mental fue del 37%, mientras que el riesgo de desarrollar una enfermedad autoinmune aumentó en un 33%, y el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular se incrementó en un 18%, mientras que el riesgo de tener un trastorno cardiometabólico se incrementó en un 7% (con un riesgo aumentado mucho mayor para la diabetes tipo 2 en un 26%).
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