Escuchaba la voz de Dios tras un año de inyecciones de testosterona
La testosterona está de moda. Clínicas de «optimización hormonal», promesas de más energía, más músculo, mejor ánimo. En medio de ese auge, un reporte de caso publicado en The Primary Care Companion for CNS Disorders recuerda algo estos tratamientos no están exentos de riesgos y pueden afectar la mente.
El caso
Un hombre de 45 años llegó a urgencias tras nueve días de conducta extraña: ideas religiosas intensas, sospecha creciente hacia sus vecinos, insomnio casi total. Escuchaba voces, entre ellas la de Dios y voces que parecían venir de su propio cuerpo. Sin antecedentes psiquiátricos personales ni familiares.
Un año antes, le habían diagnosticado osteoporosis. Sus médicos le indicaron inyecciones intramusculares mensuales de testosterona junto con vitamina D. La última inyección fue un mes antes de la crisis.
En el hospital, un análisis cromosómico reveló la causa de fondo: síndrome de Klinefelter, una condición genética en la que el hombre nace con un cromosoma X extra (XXY). Suele cursar con testículos pequeños, infertilidad y menor testosterona endógena, y muchas veces se diagnostica recién en la adultez, a partir de estudios por infertilidad.
Los médicos descartaron un cuadro psicótico primario y diagnosticaron un trastorno psicótico inducido por sustancias, en este caso la terapia esteroidea. Suspendieron la testosterona, iniciaron antipsicóticos, y los síntomas remitieron en pocos días. Dos meses después, el paciente seguía estable. Más adelante retomaron la hormona, pero con dosis más bajas y controles más frecuentes, sin nueva recaída.
Por qué esto no es solo un dato curioso
La testosterona actúa sobre receptores androgénicos en todo el cuerpo, incluido el sistema límbico, la red cerebral vinculada a la emoción y la conducta. Puede alterar el equilibrio de dopamina, glutamato y GABA. Los efectos psiquiátricos severos de dosis altas y no supervisadas —como las que usan algunos atletas— ya están bien documentados: manía, agresividad, irritabilidad severa. Lo que este caso aporta es distinto: una dosis terapéutica, indicada y monitoreada, también puede desencadenar un cuadro psicótico en una persona vulnerable.
Los autores plantean que las inyecciones producen picos y valles hormonales en sangre, y que esa fluctuación —más que el nivel promedio— podría ser lo que descompensa a ciertos pacientes. El síndrome de Klinefelter, sumado a una deficiencia hormonal de larga data, pudo haber creado una vulnerabilidad particular en este paciente.
Qué hacer con esto
Un reporte de caso no permite establecer causalidad ni generalizar. La gran mayoría de las personas que reciben testosterona no va a tener efectos psiquiátricos. Pero el caso justifica una recomendación simple: antes de iniciar terapia hormonal, vale la pena una evaluación psiquiátrica basal, y durante el tratamiento, prestar atención a cambios de conducta, sueño o percepción. Si estás en terapia de testosterona o la estás considerando, es una pregunta razonable para llevarle a tu médico tratante.
Referencia: Anand, A., & Garg, S. Testosterone-induced psychosis in a patient with Klinefelter syndrome: A case report. The Primary Care Companion for CNS Disorders.