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  • Ciencia

¿Son los perros los nuevos hijos? Lo que dice la ciencia sobre la «parentalidad canina»

  • 22/01/2026
  • David Aparicio

Mientras las tasas de fertilidad caen globalmente (de 5.3 a 2.3 nacimientos por mujer entre 1963 y 2023), algo curioso está sucediendo: cada vez más personas consideran a sus perros como hijos. En Hungría, el 16% de los dueños de perros en una muestra representativa afirmó considerar a su mascota como un niño. En muestras no representativas, esa cifra llega al 37%.

Una revisión teórica publicada en European Psychologist explora este fenómeno desde la psicología evolutiva, la etología canina y la sociología. La pregunta central es: ¿qué hace a los perros tan buenos candidatos para ocupar un rol infantil en las familias occidentales?

La hipótesis evolutiva cultural

Los humanos somos criadores cooperativos. Evolutivamente, cuidar a otros —incluso sin parentesco genético— ha sido adaptativo para nuestra especie. Pero en las sociedades postindustrializadas, las redes de parentesco se han reducido drásticamente. En Hungría, por ejemplo, el 87.5% de los adultos pasa menos de una hora semanal con niños.

Según las autoras, ante la ausencia de «blancos de cuidado» humanos, las mascotas emergen como una forma accesible de satisfacer la necesidad de nutrir y cuidar a otro ser. No es que los perros reemplacen a los hijos, sino que la evolución cultural ha redirigido impulsos biológicos de cuidado hacia los animales.

Por qué los perros funcionan como «hijos»

La revisión documenta múltiples paralelos entre perros y niños pequeños que explican por qué esta transferencia funciona tan bien.

Apego. Los perros desarrollan vínculos de apego con sus dueños similares a los que los niños forman con sus cuidadores. Usando versiones adaptadas del Test de la Situación Extraña de Ainsworth, los estudios muestran que los perros buscan proximidad con sus dueños, muestran estrés ante la separación y usan al dueño como base segura para explorar. También existen estilos de apego canino (seguro, inseguro-ambivalente) que se correlacionan con características del dueño, como la permisividad excesiva.

Estilos de crianza. Los investigadores han identificado estilos parentales en dueños de perros análogos a los descritos por Baumrind para padres de niños: autoritario, autoritativo orientado al entrenamiento, y autoritativo orientado al valor intrínseco. Y al igual que en niños, el estilo parental tiene consecuencias: los perros con dueños autoritativos son mejores en tareas de resolución de problemas y más sociables.

Cognición comparable. Las capacidades cognitivas de los perros adultos son aproximadamente equivalentes a las de niños de 2 a 2.5 años. Comprenden la permanencia del objeto, discriminan estímulos visuales, muestran capacidades numéricas rudimentarias y, crucialmente, son excepcionales en cognición social: siguen la mirada, responden a señales comunicativas humanas, muestran contagio emocional y referenciación social.

El esquema de bebé. Los humanos respondemos a rasgos infantiles (ojos grandes, frentes amplias, caras redondas) con conductas de cuidado. Los perros, especialmente los cachorros y las razas braquicéfalas, activan las mismas respuestas neurales que los bebés humanos. Incluso la expresión de «ojos de cachorro» —que los lobos no pueden producir— parece haber sido seleccionada durante la domesticación precisamente por este efecto.

Bases neurobiológicas. Estudios de neuroimagen muestran que las madres activan regiones cerebrales similares al ver fotos de su propio hijo y de su propio perro. La interacción perro-dueño también eleva los niveles de oxitocina en ambas especies.

Las diferencias que persisten

A pesar de los paralelos, la revisión señala diferencias importantes que la mayoría de los dueños reconocen.

Cuando se plantean dilemas morales, la mayoría de las personas —incluso quienes consideran a sus mascotas como familia— priorizan vidas humanas sobre caninas. Esto se intensifica cuando la vida humana en juego es la de un niño. Aproximadamente el 60% de los participantes en un estudio declaró que salvaría a un turista extranjero antes que a su propia mascota.

Los perros tienen vidas más cortas que los humanos, lo que significa que los dueños anticipan perder a varios compañeros caninos a lo largo de su vida. Esto también explica por qué la inversión emocional y económica, aunque significativa, tiene límites: muchos dueños no están dispuestos a pagar tratamientos veterinarios extremadamente costosos.

Otra diferencia clave: los perros permanecen en un estado de dependencia perpetua. Nunca «crecen» para independizarse. Para algunos dueños, esto es precisamente el atractivo: un ser que siempre necesitará cuidado, sin las complejidades de criar a un humano que eventualmente se irá.

Los riesgos del antropomorfismo extremo

La revisión advierte sobre consecuencias negativas de tratar a los perros literalmente como niños humanos.

El antropomorfismo puede llevar a malinterpretar el comportamiento canino. Atribuir culpa a un perro que destruyó algo durante la ausencia del dueño ignora que los perros no tienen teoría de la mente desarrollada; esas posturas «culpables» son respuestas al enojo del dueño, no remordimiento. Castigar en estas circunstancias solo aumenta la ansiedad.

Las razas braquicéfalas (pugs, bulldogs franceses) son particularmente problemáticas. Sus rasgos neoténicos exagerados activan respuestas de cuidado intensas, pero estos perros sufren problemas de salud severos: síndrome obstructivo de vías respiratorias, enfermedades oculares, problemas cardíacos. Los bulldogs franceses y pugs tienen mayor probabilidad de morir antes de los dos años que la población canina general.

La sobreprotección también tiene costos conductuales. Limitar la socialización y exploración temprana —por ejemplo, cargando al perro pequeño cada vez que se acerca un perro más grande— puede generar problemas de miedo y agresividad a largo plazo.

Más que un sustituto

Las autoras concluyen que los «padres de perros» son un grupo heterogéneo. Algunos ven al perro como sustituto de hijo, otros como preparación para la paternidad, otros como «semi-hijo», y otros rechazan activamente la comparación mientras mantienen vínculos profundos.

El rol del perro también cambia a lo largo de la vida del dueño: compañero de cuarto en adultos jóvenes solteros, sustituto de hijo en parejas recién casadas, par de juegos para niños, compañía para el «nido vacío».

Quizás lo más interesante es que la parentalidad canina puede coexistir con la parentalidad humana, sugiriendo que los humanos hemos evolucionado para cuidar a otros independientemente de la especie. Pero esto funciona mejor cuando reconocemos que los perros, aunque compartan muchas características con los niños, tienen necesidades específicas de su especie que merecen ser respetadas.

Referencia: Gillet, L. & Kubinyi, E. (2025). Redefining Parenting and Family – The Child-Like Role of Dogs in Western Societies. European Psychologist. https://doi.org/10.1027/1016-9040/a000552

  • Clínica

Terapia Dialéctica Conductual en trastorno bipolar: prometedora pero aún sin evidencia sólida

  • 21/01/2026
  • David Aparicio

El trastorno bipolar sigue siendo uno de los desafíos más complejos en salud mental. A pesar de los avances en farmacoterapia, las tasas de remisión y recuperación continúan siendo decepcionantemente bajas: cerca de la mitad de los pacientes experimentan recurrencias incluso con tratamiento farmacológico óptimo. Esta realidad ha impulsado la búsqueda de psicoterapias complementarias que puedan mejorar los resultados clínicos.

La Terapia Dialéctica Conductual (DBT) ha surgido como una candidata interesante. Originalmente desarrollada por Marsha Linehan para el trastorno límite de personalidad, comparte con el trastorno bipolar síntomas transversales como la inestabilidad emocional, la impulsividad y la suicidalidad. Esta superposición sintomática ha llevado a investigadores y clínicos a preguntarse: ¿podría la DBT beneficiar a personas con trastorno bipolar?

Una revisión sistemática publicada en el International Journal of Bipolar Disorders intentó responder esta pregunta analizando toda la evidencia disponible hasta abril de 2022.

Lo que encontraron

Los resultados son, digamos, moderadamente alentadores pero con muchos asteriscos.

De 848 estudios identificados inicialmente, solo 11 cumplieron los criterios de inclusión. La mayoría eran estudios piloto de factibilidad con muestras pequeñas (entre 10 y 108 participantes). Solo un ensayo controlado aleatorizado no fue diseñado explícitamente como estudio piloto.

Los hallazgos consistentes a través de todos los estudios fueron dos: las intervenciones basadas en DBT son factibles y aceptables para pacientes con trastorno bipolar. Las tasas de retención fueron adecuadas a excelentes, y los participantes reportaron alta satisfacción con los programas.

En cuanto a efectividad, varios estudios mostraron mejoras significativas post-intervención en síntomas depresivos, regulación emocional, mindfulness y tolerancia al malestar. Algunos ensayos también encontraron mejoras en suicidalidad y funcionamiento ejecutivo.

Sin embargo —y aquí vienen los asteriscos—, la confianza en estas conclusiones es limitada.

Los problemas metodológicos

Todos los estudios revisados presentaron alto riesgo de sesgo. Ninguno logró un cegamiento adecuado: los participantes sabían que estaban recibiendo la intervención activa. Los grupos de control, cuando existían, fueron principalmente listas de espera o tratamiento habitual, lo que no permite distinguir los efectos específicos de la DBT de los efectos inespecíficos de recibir atención estructurada.

La heterogeneidad fue otro problema importante. Los estudios evaluaron poblaciones diversas (adolescentes y adultos), diferentes estados de ánimo (eutímico, depresivo, hipomaníaco), distintas versiones de la intervención (DBT completa, solo entrenamiento en habilidades, programas híbridos), y utilizaron diferentes medidas de resultado.

Particularmente problemático fue que la mayoría de los estudios reclutaron pacientes eutímicos o con síntomas subclínicos. Esta decisión crea un efecto piso que dificulta evaluar si la DBT puede mejorar síntomas clínicamente significativos. También limita las conclusiones sobre su utilidad en el estado más difícil de tratar: la depresión bipolar crónica.

Casi todos los ensayos fueron de corta duración (16 semanas o menos), impidiendo evaluar si la DBT puede prevenir recaídas o modificar el curso de la enfermedad a largo plazo.

¿Qué significa esto para la práctica clínica?

La DBT no está lista para ser recomendada como tratamiento establecido para el trastorno bipolar. No tenemos la evidencia suficiente.

Pero tampoco debemos descartarla prematuramente. Los resultados preliminares sugieren que puede abordar síntomas transdiagnósticos relevantes —como la desregulación emocional, la impulsividad y la suicidalidad— que atraviesan diferentes estados de ánimo y que a menudo responden poco a la farmacoterapia sola.

Las habilidades específicas de la DBT (mindfulness, tolerancia al malestar, regulación emocional, efectividad interpersonal) tienen sentido teórico para ayudar a las personas con trastorno bipolar a detectar cambios de ánimo tempranamente, manejar estados emocionales intensos y buscar apoyo antes de que un episodio escale.

Lo que necesitamos

Los autores de la revisión son claros: se requieren ensayos controlados aleatorizados más grandes, bien diseñados, con condiciones de control apropiadas que permitan cegamiento, farmacoterapia protocolizada, seguimientos más largos y poblaciones mejor caracterizadas.

Necesitamos estudios que evalúen específicamente si la DBT puede mejorar la depresión bipolar aguda, si puede prevenir recaídas, y qué componentes específicos de la intervención son los más efectivos.

Mientras tanto, si estás considerando incorporar elementos de DBT en tu trabajo con pacientes bipolares, hazlo con transparencia sobre el estado actual de la evidencia. La factibilidad y aceptabilidad están demostradas. La eficacia, todavía no.

Referencia: Jones, B. D. M., et al. (2023). A systematic review on the effectiveness of dialectical behavior therapy for improving mood symptoms in bipolar disorders. International Journal of Bipolar Disorders, 11(6). https://doi.org/10.1186/s40345-023-00288-6

  • Recursos

Encuentra tu fuerza con Star Wars, una miniserie animada para enseñarle mindfulness a los niños

  • 21/01/2026
  • David Aparicio

Headspace, mi plataforma de mindfulness favorita, lanzó hace tres años un recurso muy bonito y útil para enseñarles a los niños los principios de la conciencia plena con dos personajes muy queridos y familiares: Chewbacca y BB-8. La miniserie consta de cuatro capítulos breves en los que acompañas a estos personajes en un viaje galáctico al planeta de Chewbacca, atravesando diferentes obstáculos que superan gracias al mindfulness.

Hace diez años publiqué un artículo sobre cómo usar mindfulness con niños que incluye algunos de los principios que aparecen en el video. Pero lo más interesante de esta serie es su narrativa y cómo integra técnicas como STOP, la respiración profunda, la relajación progresiva y la gratitud para ayudar a los niños a regularse.

Capítulo 1: Meltdown

Capítulo 2: Breathe to the Light Side

Capítulo 3: Sweet Tatooine™ Dreams

Capítulo 4: Galactic Gratitude

  • Análisis

Perderlo todo: adicción, responsabilidad y reconstrucción

  • 21/01/2026
  • David Aparicio

Esta es una de las conversaciones públicas más abiertas, honestas y reflexivas que he escuchado. En 2017, el actor y comediante Louis C.K. fue acusado por múltiples mujeres de conducta sexual inapropiada. Las acusaciones eran ciertas y Louis C.K. las aceptó públicamente, lo que resultó en la pérdida de todos sus shows y contratos de televisión.

En este episodio del podcast This Past Weekend, Louis habla sobre su recuperación de la adicción al sexo, lo que significó perderlo todo y cómo reconstruir una vida con sentido después de eso. Una conversación incómoda pero necesaria sobre responsabilidad, vergüenza y la posibilidad del cambio real.

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La carta compasiva como herramienta clínica en pacientes con TLP

  • 20/01/2026
  • David Aparicio

El artículo incluye una versión en PDF para trabajar en consulta.

Hace unas semanas trabajaba con una paciente con TLP que ha logrado avances significativos: lleva más de un año sin conductas autolesivas, se mantiene productiva en su trabajo y ha sostenido hábitos saludables que le han permitido bajar de peso. Con estos logros, ha superado claramente la Etapa 1 del tratamiento DBT y alcanzado estabilidad conductual.

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Fortalece tus habilidades clínicas este verano

  • 18/01/2026
  • David Aparicio

El verano suele traer algo poco común durante el resto del año: más tiempo mental. Menos urgencias, menos ruido y un poco más de disponibilidad para aprender con calma.

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Por qué aprender un nuevo idioma te protege contra la demencia

  • 18/01/2026
  • David Aparicio

Dana G Smith:

Muchas actividades están relacionadas con una mejor salud cerebral en la vejez, como recibir más educación cuando eres más joven, la actividad física y las aficiones cognitivamente estimulantes. Sin embargo, los expertos afirman que hablar varias lenguas con regularidad puede ser especialmente beneficioso.

“Utilizamos el idioma en todos los aspectos de la vida cotidiana, por lo que un cerebro bilingüe está trabajando constantemente”, dijo Mark Antoniou, profesor asociado de la Universidad de Sídney Occidental, Australia, especializado en bilingüismo. “Eso no lo consigues con otras experiencias enriquecedoras, como tocar un instrumento musical”.

Este artículo llega en un buen momento. Entiendo perfectamente inglés y lo leo sin dificultad. Mi trabajo en Psyciencia me exige revisar papers casi a diario. Aun así, con el tiempo he perdido fluidez al conversar.

Hace algunos años trabajaba en contextos bilingües y pasaba cerca de ocho horas al día hablando en inglés. Desde que dejé ese trabajo y me dediqué por completo a la clínica, las oportunidades para practicar se redujeron mucho. Leer no es lo mismo que hablar.

Hace unos días llegó un paciente nuevo que solo hablaba inglés. Por cosas de la vida asumía que yo también. Al inicio me puse un poco nervioso, y le aclaré que, si en algún punto no podíamos continuar con comodidad, le buscaría un terapeuta bilingüe. La sesión fluyó completa. Para mi sorpresa, incluso usé metáforas. El paciente quedó satisfecho y pidió otra sesión.

Eso terminó de empujarme a una decisión que ya venía rondando. Voy a practicar más mi inglés en Preply, una plataforma que permite entrenar conversación en distintos idiomas con precios bastante accesibles.

Espero en unos meses reportarles que he recuperado mi fluidez en el inglés.

Artículo completo en The New York Times.

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¿Qué estás amando ahora mismo?

  • 17/01/2026
  • David Aparicio

David Brook escribió un artículo que va directo al corazón y que nos hace reflexionar sobre la era de despego en la que vivimos:

Vivir sin amor es estar en piloto automático y desconectado de la vida. El amor, en cambio, alimenta el compromiso pleno. “La vida de una persona puede tener sentido”, escribió una vez la filósofa Susan Wolf, “solo si le importan profundamente algunas cosas, solo si está atrapada, emocionada, interesada, comprometida o, como he dicho antes, si ama algo”. Presta atención a esas palabras: “se preocupa”, “se apasiona”, “se emociona”, “se compromete”, “ama”. Una forma estupenda de vivir es ir por ahí con una postura tan abierta de corazón que encuentres cosas por las que entregarte por completo.

Y agrega:

Si llevas una vida diseñada para maximizar la independencia y la autonomía personales, conseguirás vivir una vida relativamente sin restricciones. Pero es más probable que vivas una vida con poca energía, más lenta para albergar esos grandes amores por las personas, los lugares, Dios, la vocación y la nación que despiertan pasiones fervientes y dan lugar a vidas llenas de pasión.

Si, por el contrario, te resistes al ethos de la autonomía y pones la pasión amorosa en el centro de tu filosofía de la vida, te encontrarás atado a todo tipo de obligaciones: a cosas como el cónyuge, los hijos, la comunidad, Dios y la vocación. Pero tu amor por estas cosas constituirá fuegos en el corazón, produciendo una gran vitalidad, un compromiso pleno, un aumento de la fuerza personal. Una de las extrañas paradojas de la vida es que las limitaciones que eliges son las que te liberan.

Léelo con calma y procesa cada palabra. Creo que este artículo tiene mucho valor para nuestra vida. Puedes leerlo completo en The New York Times.

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Por esto la tolerancia al alcohol disminuye con la edad

  • 16/01/2026
  • David Aparicio

Melinda Wenner Moyer:

Las investigaciones sugieren que, a partir de los 30 años, perdemos hasta un 8 por ciento de masa muscular cada década, y la grasa corporal suele aumentar con la edad.

Ya que el músculo contiene más agua que la grasa, menos músculo equivale a menos agua en el cuerpo para diluir el alcohol que uno bebe, lo que resulta en una mayor concentración de alcohol en sangre, señaló Mollie Monnig, investigadora sobre alcohol y envejecimiento de la Universidad de Brown.

Y más alcohol en la sangre podría afectar negativamente a los órganos, como el cerebro, dijo. Podría empeorar el habla, el juicio, el tiempo de reacción y la memoria. También puede disminuir la coordinación y el equilibrio, señaló Monnig. Ya que el alcohol se concentra más en el organismo, también puede aumentar la probabilidad de experimentar una resaca, dijo.

Esta es la razón por la que las mujeres tienden a embriagarse más que los hombres con la misma cantidad de alcohol: ellas suelen tener menos masa muscular que los hombres, aunque tengan la misma altura y el mismo peso. Esto crea una especie de doble golpe para las mujeres que envejecen, explicó Leasure.

Artículo completo en The New York Times.

  • Análisis
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Pensar a mano: lo que el bloc de notas hace mejor que cualquier app

  • 16/01/2026
  • David Aparicio

Este artículo forma parte de la columna Herramientas para pensar, escrita por David Aparicio.

La primera vez que me detuve a pensar en serio en el bloc de notas fue viendo Curb Your Enthusiasm. Hay escenas en las que Larry David y Jerry Seinfeld aparecen escribiendo ideas a mano, en un bloc sencillo, sin pantallas ni aplicaciones. No están tomando notas rápidas ni “capturando ideas”. Están pensando. Y lo hacen con una herramienta que hoy muchos considerarían lenta o poco eficiente.

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  • Ciencia

Cómo se reestructura el cerebro desde la infancia hasta la vejez

  • 14/01/2026
  • David Aparicio

Durante años hemos hablado del desarrollo cerebral como una curva relativamente simple: crecimiento acelerado en la infancia, un pico en la adultez temprana y un declive progresivo en la vejez. Esa narrativa es simple y fácil de entender, pero probablemente incompleta. Un estudio reciente propone un mapa mucho más interesante y, sobre todo, más realista: el cerebro humano no se organiza de forma continua y lineal, sino que atraviesa cinco fases estructurales diferenciadas, separadas por puntos de giro claros a lo largo de la vida.

El trabajo fue publicado en Nature Communications y analizó escáneres cerebrales de más de cuatro mil personas, desde recién nacidos hasta adultos de 90 años. El resultado no es solo una descripción técnica del cerebro, sino un nuevo marco para pensar el desarrollo, la salud mental y la vulnerabilidad psicológica en distintas edades.

El cerebro cambia por etapas, no de forma suave

La mayoría de los estudios previos se concentraron en ventanas específicas, como la infancia temprana o el envejecimiento, o usaron modelos que asumían cambios graduales y continuos. El problema es que ese enfoque puede pasar por alto reorganizaciones profundas que no siguen una pendiente suave, sino que ocurren como verdaderos “cambios de fase”.

El equipo liderado por Alexa Mousley, investigadora postdoctoral en la University of Cambridge, partió de una pregunta sencilla pero importante: ¿existen momentos específicos en la vida donde la arquitectura del cerebro cambia de manera cualitativa?

Para responderla, integraron datos de nueve bases de neuroimagen distintas y construyeron un modelo de desarrollo típico a partir de 3,802 personas neurotípicas, cubriendo prácticamente todo el ciclo vital.

Cómo se mapeó la arquitectura cerebral

El estudio utilizó imagen por difusión, una técnica de resonancia magnética que permite rastrear el movimiento del agua en el tejido cerebral y, con ello, reconstruir los tractos de sustancia blanca. Dicho de forma simple: es una forma de observar el “cableado” que conecta distintas regiones del cerebro.

Luego aplicaron herramientas de teoría de grafos, tratando al cerebro como una red compleja. Analizaron doce métricas topológicas, entre ellas:

  • Eficiencia global, que indica qué tan fácil es que la información viaje entre regiones distantes.
  • Modularidad, que refleja cuánto se organiza el cerebro en subredes especializadas.
  • Small-worldness, un equilibrio entre especialización local y comunicación global eficiente.

Para integrar todas estas variables, usaron un método de aprendizaje automático llamado UMAP, que permite visualizar trayectorias complejas y detectar puntos donde el patrón general cambia de dirección.

Cuatro puntos de giro, cinco grandes etapas

El análisis identificó cuatro puntos de inflexión claros, alrededor de los 9, 32, 66 y 83 años, que delimitan cinco grandes fases del desarrollo estructural del cerebro.

1. De nacimiento a los 9 años

Esta etapa está marcada por cambios rápidos y masivos. El cerebro produce más conexiones de las que necesita y luego elimina las menos eficientes. La eficiencia global disminuye mientras aumenta la segregación local, un patrón típico de un sistema que está probando y refinando su organización. El punto de giro en torno a los 9 años coincide con el inicio de la pubertad y un salto importante en habilidades cognitivas.

2. De los 9 a los 32 años: una adolescencia estructural prolongada

Aquí aparece uno de los hallazgos más llamativos. Durante más de dos décadas, el cerebro sigue optimizando la integración de sus redes. Las conexiones se vuelven más eficientes y el sistema alcanza un alto nivel de small-worldness. El punto de giro en los 32 años fue el más marcado de todo el ciclo vital, señalando el final del periodo de mayor ganancia en eficiencia.

Esto no significa que una persona de 30 años “se comporte como adolescente”, sino que su cerebro todavía está afinando su arquitectura de comunicación.

3. De los 32 a los 66 años: estabilidad adulta

Esta fase se caracteriza por una meseta. La eficiencia deja de aumentar y comienza un lento proceso de mayor segregación entre redes. El cerebro se vuelve más compartimentalizado. Este patrón encaja con hallazgos psicológicos clásicos: la personalidad y muchas capacidades cognitivas tienden a estabilizarse durante la adultez media.

4. De los 66 a los 83 años: envejecimiento temprano

A partir de este punto se observa una pérdida progresiva de la integridad de las redes construidas previamente. La simplificación del sistema se asocia al deterioro de la sustancia blanca y coincide con el aumento de condiciones médicas que afectan la salud cerebral, como la hipertensión.

5. Desde los 83 años en adelante

En la etapa final, la conectividad global disminuye aún más y el peso funcional de nodos individuales se vuelve relativamente más importante que la red en su conjunto. La relación entre edad y organización cerebral se debilita, aunque aquí los datos son más limitados por el tamaño reducido de la muestra.

Implicaciones para la salud mental

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es cómo estos puntos de giro se alinean con momentos críticos del desarrollo humano. Dos tercios de los trastornos de salud mental aparecen antes de los 25 años, un periodo que, según este modelo, coincide con una etapa de reorganización estructural intensa.

Como señala Mousley, conocer qué está “haciendo” el cerebro en cada etapa permite entender mejor cuándo es más eficiente, pero también cuándo es más vulnerable. Esto abre la puerta a pensar la prevención y la intervención clínica con una lógica más contextual y menos basada en rangos etarios arbitrarios.

Limitaciones

El trabajo es transversal, no longitudinal. Compara personas de distintas edades, pero no sigue a los mismos individuos a lo largo del tiempo. Eso significa que los puntos de giro pueden variar entre personas.

Además, el estudio se centra exclusivamente en estructura cerebral. No mide conducta, madurez emocional ni desempeño cognitivo. Decir que la “adolescencia estructural” llega hasta los 32 años no justifica conductas inmaduras ni explica decisiones personales; describe únicamente cómo se organiza el cableado cerebral.

Este modelo no redefine lo que significa ser adulto, ni patologiza etapas normales de la vida. Lo que ofrece es algo más útil: un mapa no lineal del desarrollo cerebral, que reconoce que el cerebro cambia por fases, con momentos de reorganización profunda y otros de relativa estabilidad.

El siguiente paso será aplicar este enfoque a estudios longitudinales y a poblaciones con trastornos del neurodesarrollo o problemas de salud mental. Ahí es donde este tipo de hallazgos puede empezar a transformar no solo cómo entendemos el cerebro, sino también cómo intervenimos clínicamente en distintos momentos de la vida.

Referencia: Mousley, A., Bethlehem, R.A.I., Yeh, FC. et al. Topological turning points across the human lifespan. Nat Commun 16, 10055 (2025). https://doi.org/10.1038/s41467-025-65974-8

  • Recursos

Trauma y desregulación emocional en DBT: Cuándo y cómo intervenir (webinar gratuito)

  • 14/01/2026
  • David Aparicio

Mañana se realiza el evento “Trauma y Desregulación emocional en DBT: Cuándo y cómo intervenir” de DBT Iberoamérica, pensado para profesionales que quieren saber cuándo un consultante está listo para trabajar trauma dentro de DBT, cómo prepararlo y cómo elegir el abordaje adecuado.  

Los horarios confirmados son:

  • Fecha: 15 de enero 2025, Hora: 17 horas Argentina. 

La sesión será una hora en vivo por Zoom con espacio para preguntas y respuestas al terminar.  

Yo también voy a tomar este evento y después compartiré lo más útil y aplicable de los criterios clínicos y estrategias que se discutan. Aquí puedes revisar más detalles y registrarte si aún no lo has hecho: DBT Iberoamérica.

¡Nos vemos mañana!

  • Ciencia

El miedo al abandono como patrón aprendido: una lectura conductual contextual

  • 14/01/2026
  • Karemi Rodríguez Batista

Hace tiempo que me apetece mucho hablar sobre el llamado miedo al abandono. Es algo que escuchamos muchísimo en consulta… y es que es uno de los miedos más primitivos y paralizantes que podamos experimentar en la vida ¿verdad? 

A veces ese miedo viene de pérdidas claras, obvias. Otras, de vínculos “raros”, impredecibles… donde nunca sabías si ibas a recibir contención o frialdad. Y cuando aparece, no solo sufrimos, también empezamos a hacer cosas que, sin querer, terminan alejando justo eso que más deseamos: vínculos con autenticidad, pertenencia, cercanía, estabilidad, etc. 

Lo que pretendo con este artículo es mirar ese miedo como lo que es algo mucho más profundo, una respuesta realmente compleja con muchas capas y con mucho sentido. Vamos a ver qué lo mantiene, y también desde varias linternas contextuales como ACT, DBT, FAP y CFT, propuestas para trabajarlo o “transformarlo” hacia la otra cara de la moneda, (vale, “cambiar la relación” , “ampliar repertorio”),  para construir una vida con presencia, cuidado, estabilidad, conexión y pertenencia, si esto es posible. 

La anatomía del miedo al abandono: AFC

Desde una perspectiva conductual-contextual, el miedo al abandono no se entiende como un rasgo fijo de personalidad ni como una simple “inseguridad”, sino como un patrón de respuestas aprendido. Hablamos de un conjunto complejo de respuestas (privadas y públicas) que incluyen emociones intensas, sensaciones corporales, recuerdos, pensamientos y conductas observables, que se activan de forma predecible en determinados contextos interpersonales. A menudo, basta con estímulos aparentemente neutros: un visto, una demora en la respuesta, un cambio sutil de tono, una cancelación inesperada o una sensación de distancia.

Artículo recomendado: Guía para la elaboración de un análisis funcional de la conducta (PDF)

Ante estos desencadenantes, solemos poner en marcha conductas que, a corto plazo, resultan funcionales: reducen el malestar, restauran momentáneamente la conexión o devuelven cierta sensación de control. Desde el Análisis Funcional del Comportamiento, lo relevante es comprender qué función cumplen. Demandar, controlar, sobrecomplacer o retirarse defensivamente suele aliviar la angustia de forma inmediata y, precisamente por eso, tiende a reforzarse (Skinner, 1953; Baer, Wolf & Risley, 1968; Hayes et al., 2012). El alivio puede llegar tanto por reforzamiento positivo (atención, respuesta, cercanía, coherencia esencial) como por reforzamiento negativo (disminución de ansiedad).

La paradoja es que esa eficacia inmediata se convierte en el principal mecanismo que mantiene el problema a largo plazo. Sin darnos cuenta, aprendemos que “para estar a salvo en el vínculo” necesitamos desplegar ciertas conductas, aunque eso suponga rigidez, desgaste relacional o pérdida de autenticidad. Como decía una paciente muy apreciada mía, es vivir “como un gremlin mojado1”: en alerta constante, reaccionando más que eligiendo.

Este patrón suele tener su origen en historias tempranas de vínculos marcados por la inconsistencia emocional, la imprevisibilidad o pérdidas significativas. No siempre hablamos de abandono físico; con frecuencia se trata de contextos donde la disponibilidad afectiva era incierta o cambiante. En ese entorno, el aprendizaje es comprensible: “si me relajo, pierdo el vínculo”. Estrategias que en su momento fueron adaptativas pueden reaparecer más tarde en relaciones adultas, incluso cuando el contexto ya no es el mismo.

Con el tiempo, este aprendizaje no solo organiza la conducta pública, sino también la atención y la percepción. Desde ahí, no solo reaccionamos al abandono: aprendemos a normalizar ciertos contextos relacionales. Cuando nuestra historia ha estado marcada por intermitencia, falta de disponibilidad o amenaza de pérdida, nuestro sistema puede confundir familiaridad con seguridad. De esta forma, no solo se activan conductas protectoras ante señales ambiguas, sino que se tiende a tolerar o normalizar relaciones que coincidan con ese patrón, porque resultan coherentes con la historia previa de aprendizaje. El problema no es “elegir mal”, no la “ley de atracción” ni leches, sino que no aprendimos a discriminar adecuadamente qué contextos hoy sostienen y cuáles activan nuestro sistema de alarma.

Desde ahí, reaccionamos de forma casi automática, gobernadas por reglas internas que se viven como verdades absolutas. Como señalan Törneke y colaboradores (2016), los seres humanos desarrollamos historias sobre el yo que funcionan como reglas de conducta: no reaccionamos únicamente a lo que ocurre, sino a lo que nuestra historia de aprendizaje nos dice que está ocurriendo.

Cuando estas reglas se activan, el sistema nervioso entra en modo alarma: hipervigilancia, activación autonómica y búsqueda insistente de señales que confirmen peligro (Porges, 2022). Las respuestas que siguen: aferrarse, vigilar, insistir, reprochar o cortar antes, no son fallos de carácter, sino intentos aprendidos de regulación emocional (Meichenbaum, 2017). Cuando la disponibilidad del otro es intermitente o incierta, estas conductas de búsqueda de seguridad tienden a intensificarse (Conradi et al., 2016).

Algunas perspectivas conductuales contextuales: mismo miedo: cuadro linternas útiles 

Ya vimos en el apartado anterior que el miedo al abandono no es “un rasgo”, ni una maldición cósmica, ni prueba de que seas “demasiado”: es un patrón de afrontamiento aprendido que se activa cierto tipo de disparadores (un visto, una demora, un tono raro) y que empuja a conductas protectoras que alivian… pero luego pasan factura. Ahora toca la parte que a mí me gusta: cambiar de lente. Aquí va la mirada, en breve, de cuatro de los  enfoques contextuales que más trabajo y de los cuales estoy enamorada. Lo confieso: ACT, DBT, FAP y CFT. 

Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

Desde ACT, el miedo al abandono se entiende muchas veces como un fenómeno de evitación experiencial y fusión cognitiva. Cuando aparece la alarma (“me van a dejar”, “ya no le importo”), el sistema intenta arreglarlo por la vía rápida: perseguir, comprobar, controlar, sobreexplicar, sobrecomplacer o cortar antes. A corto plazo esas conductas suelen reducir el malestar (y por eso se repiten), pero a largo plazo estrechan la vida y rigidizan el repertorio: te alejan de cómo quieres amar, pedir, poner límites o tolerar la incertidumbre. ACT no discute si el miedo “tiene sentido” (spoiler: lo tiene); lo que pregunta es: ¿qué te está costando obedecerlo? El trabajo se centra enampliar flexibilidad: contacto con el presente, defusión (“estoy teniendo el pensamiento de que me van a dejar…”), aceptación/disposición (“puedo sentir esto sin reaccionar así”) y acción en valores (“¿cómo quiero actuar cuando estoy asustada?”).

Terapia Dialéctico Conductual (DBT)

Desde DBT, el foco se ilumina con otra claridad: el miedo al abandono suele ser un episodio de desregulación emocional interpersonal. Hay vulnerabilidad biológica, historia de invalidación/amenaza y un sistema que pasa de 0 a 100 en segundos. Cuando la emoción sube y faltan habilidades, la conducta se vuelve el método principal de regulación: urgencia, impulsividad, protestas, reproches, silencios punitivos, “pruebas” al otro o rendición total. DBT lo formula en términos muy útiles: no basta con “entender”; hay que entrenar habilidades para atravesar la ola. Esto incluye identificar emoción y su función, modular la activación, tolerar malestar sin actuar compulsivamente, y sobre todo habilidades interpersonales para pedir sin atacar y poner límites sin desaparecer. Lo que DBT intenta construir es una combinación muy concreta: validación + eficacia. Es decir: “esto duele” y, a la vez, “vamos a hacerlo de una forma que no destruya tu vida relacional”.

Psicoterapia Analítico-Funcional (FAP)

Y luego está FAP, que es la más “sin maquillaje” de todas: te dice que este miedo vive en la relación. Y por eso, en terapia, el patrón aparece en directo. FAP lo conceptualiza como conductas clínicamente relevantes (CCR) que se pueden observar y moldear con aprendizaje dentro de la sesión. Aquí nos viene especialmente bien el marco FIAT para mapear déficits interpersonales en clases de respuesta:

Clase A (necesidades) aparece el gran clásico: o pides desde la urgencia (“contesta ya, lo necesito”), o no pides nada y luego te cueces en resentimiento (“si me quisiera, le saldría solo”). En Clase B (feedback), decir verdades pequeñas se vuelve deporte extremo: en vez de “esto me dolió”, aparece el leer la mente, el reproche, el sarcasmo, el “da igual” o el silencio castigador AKA como “la ley del hielo”, ¿os suena?. En Clase C (conflicto) se activa el modo supervivencia: escalada para ganar, evitación para no sentir, retirada fría para no exponerte, o ataques defensivos para no quedar vulnerable; cuesta sostener un desacuerdo sin vivirlo como “esto se acaba”. En Clase D (intimidad y apertura) está el corazón del asunto: quieres cercanía, pero te aterra mostrarte de verdad, ser tú misma, ser auténtica… así que sustituyes vulnerabilidad por control, performance, autosuficiencia forzada o una distancia “elegante” que por dentro te mata. Y en Clase E (emociones) el cuerpo hace lo suyo: o la emoción te arrasa y tomas decisiones en modo incendio, o la apagas para no desbordarte… y en ambos casos el sistema intenta protegerte, aunque el resultado sea quedarte sola en mitad del vínculo.

El corazón de FAP es que el terapeuta refuerce en vivo las conductas que construyen intimidad segura: nombrar emoción con precisión, pedir necesidades con claridad, tolerar un “no”, reparar una ruptura, dar y recibir feedback sin colapsar. Es aprendizaje directo: se debilitan patrones viejos (CCR1) y se fortalecen alternativas (CCR2) con consecuencias nuevas (validación auténtica, conexión real, eficacia interpersonal). 

Este aprendizaje, además se generaliza y  no se limita a “hacerlo distinto” con cualquier persona, sino a aprender con quién tiene sentido entrenar intimidad. No todas las relaciones permiten reforzamiento natural de conductas seguras. Vínculos marcados por indisponibilidad crónica, ambigüedad o falta de compromiso tienden a reforzar CCR1 (urgencia, autocontrol excesivo, retirada defensiva), incluso cuando la persona “hace lo correcto”. En estos casos, poner límites o tomar distancia no es evitación, sino una intervención contextual que protege el aprendizaje. Elegir mejor es un ajuste del contexto relacional para que nuevas conductas puedan mantenerse.

Terapia Centrada en la Compasión (CFT)

La CFT añade una pieza decisiva: cuando se activa el miedo al abandono, no estamos solo “mal emocionalmente”, estamos cambiando de estado autonómico. El sistema nervioso interpreta “posible pérdida” como “amenaza” y se organiza para sobrevivir: a veces se dispara el simpático (movilización: urgencia, hiperalerta, ansiedad con conducta de persecución, irritabilidad), y otras se activa el parasimpático dorsal vagal (inmovilización: colapso, desconexión, anestesia, ese “me da igual” que por dentro suele ser “no puedo con esto”). El problema es que, en cualquiera de esos dos estados, se reduce el acceso al parasimpático ventral vagal, que es el sistema de clama/seguridad social: el que permite sentirnos a salvo, regularnos con más facilidad, mentalizar, pedir claro, tolerar silencio sin catastrofizar y reparar sin entrar en modo ataque/huida (Gilbert, P; 2009).

Cuando el ventral está offline, el campo atencional se estrecha y el cerebro hace su truco habitual: sobredimensiona amenaza y subestima recursos. Aparecen pensamientos catastróficos, todo-o-nada, lectura de mente, y una pérdida real de perspectiva. No es que “no sepas” qué hacer: es que tu cuerpo está priorizando la supervivencia sobre la conexión. Por eso CFT no se queda en “piensa distinto”, sino en entrenar experiencia regulatoria: tono compasivo, calidez interna, respiración, postura, entrenamiento atencional,  imágenes de seguridad… recursos que ayudan a recuperar ventral (seguridad) y salir del bucle amenazante→conducta impulsiva o colapso (Gilbert, P; 2009). Y aquí viene la joya; aprender a construir tu misma tu base de seguridad para autorregularse y luego poder corregular al otro. 

Algunas estrategias prácticas para navegar el miedo y construir seguridad

Como hemos visto, cambiar este patrón no implica eliminar el miedo ni “superarlo” como si fuera una molestia pasajera. Se trata de aprender a relacionarnos con él de otra forma: con mayor flexibilidad, autocompasión y habilidades que nos acerquen a la vida relacional que realmente queremos construir.

Regulación primero: crear islas de seguridad

Cuando el miedo estalla, la sensación puede ser la de estar atrapadas en una especie de oleaje interno que lo arrasa todo. Desde el trabajo somático (Levine), y consistente con  ACT, lo que se propone no es “calmar” a la fuerza, sino generar puntos de anclaje, pequeñas “islas de seguridad” corporales que nos ayuden a ampliar la atención en esas partes y a soltar un poco la fusión con la amenaza.

Algo tan sencillo como preguntarse: “¿Hay alguna parte de mi cuerpo que esté un poco menos tensa ahora mismo?” puede abrir una puerta. No es una técnica mágica, pero sí un recurso para sostener la activación sin entrar en lucha, sin desconectarse del cuerpo ni de la experiencia. Y desde ahí, es más fácil tomar perspectiva, practicar defusión y, poco a poco, recuperar la capacidad de elegir.

Reentrenando tus relaciones: discriminación y acuerdos claros

Una de las trampas del miedo al abandono es cómo altera la forma en que interpretamos a los demás. Michael Yapko (NICABM, 2019) lo explica con claridad: muchas veces, evaluamos nuestras relaciones desde cómo nos hacen sentir, en lugar de desde quién es esa persona, cuáles son sus valores, cómo gestiona el conflicto y cómo se comporta a lo largo del tiempo. Esa distorsión es comprensible, pero puede confundirnos mucho.

Discriminar implica entrenar en control estimular: responder menos a señales ambiguas (silencios, pausas, demoras) y más a contingencias observables, como la claridad, congruencia y consistencia, la capacidad de reparar, o la expresión sostenida de valores en la relación. 

Reentrenar las relaciones no implica aguantar más ni “regularse mejor para que todo valga”. Implica aprender a poner límites conductuales a contextos que mantienen la amenaza activa. A veces, la intervención más compasiva no es insistir, explicar o adaptarse mejor, sino reducir exposición a relaciones que refuerzan el miedo, aunque eso confronte viejas lealtades emocionales. 

Cuando la activación es alta, los acuerdos claros pueden ser una tabla de salvación. Terry Real propone el dead stop contract: una palabra clave (como “piña”) que permite pausar la interacción sin necesidad de discusión. A nivel funcional, esto interrumpe cadenas conductuales habituales (como la persecución, la insistencia o la escalada emocional) que suelen mantenerse porque traen alivio momentáneo (NICABM, 2019).

Pero lo potente está en lo que ocurre con el tiempo: si esta pausa pactada se practica con constancia, la pareja va aprendiendo una nueva contingencia. Detenerse ya no se vive como amenaza, sino como una forma activa de cuidar el vínculo. Y eso transforma no sólo la relación, sino también la experiencia del miedo.

Cierre: un camino de regreso a casa, con amabilidad

El miedo al abandono no es una tara ni una señal de que “somos intensitos”. Es una alarma vieja haciendo horas extra. Como bien nos dice Kelly Wilson, «detrás de lo que más nos duele suele haber un valor enorme: nos importa amar, nos importa vincularnos, nos importa que la conexión sea real, segura».  El problema no es sentir miedo; el problema es lo que aprendimos a hacer con él. Porque cuando venimos de historias donde la presencia fue incierta, nuestro sistema se pone creativo para “asegurar” el vínculo: perseguimos, explicamos de más, nos adaptamos, nos controlamos, nos hacemos las personas más fuertes… o nos vamos antes “para que no duela tanto”. Y ahí está la trampa, como nos abandonaron, nos volvemos personas expertas en abandonarnos a nosotras mismas y a veces, sin querer, también abandonamos al otro: sin querer, por puro instinto de supervivencia disfrazado de dignidad.

Darle la vuelta a esto no es convertirnos en personas zen que “ya no necesitamos a nadie” (eso se llama disociación con buen marketing 😉). Es algo mucho más tierno y más valiente: aprender a quedarnos con nosotros cuando aparece la alarma, a tratarnos como nos habría hecho falta que nos trataran, con presencia, sostén, cuidado y  protección, sin castigarnos. Y desde ahí, con el corazón un poquito más asentado, aprender a discriminar: por autocuidado, porque nos lo debemos. Ver quién puede estar, quién repara, quién elige, quién sostiene… y quién solo activa nuestro modo “gremlin mojado” con intermitencia y confusión. Porque cuando nos sostenemos, ya no necesitamos perseguir; y cuando elegimos contextos más seguros, el vínculo deja de ser campo de minas y puede volverse hogar. El miedo al abandono no se “supera” solo regulando emociones, sino cambiando la relación con nuestra historia, conducta y contexto interpersonal.

Referencias bibliográficas:

  • Baer, D. M., Wolf, M. M., & Risley, T. R. (1968). Some current dimensions of applied behavior analysis. Journal of Applied Behavior Analysis, 1(1), 91–97. https://doi.org/10.1901/jaba.1968.1-91
  • Brewer, J. (2017). The Craving Mind: From Cigarettes to Smartphones to Love. Why We Get Hooked and How We Can Break Bad Habits. Yale University Press.
  • Conradi, H. J., Boertien, S. D., Cavus, H., & Verschuere, B. (2016). Examining psychopathy from an attachment perspective: The role of fear of rejection and abandonment. The Journal of Forensic Psychiatry & Psychology, 27(1), 92–109. https://doi.org/10.1080/14789949.2015.1077264
  • Gilbert, P. (2009). The Compassionate Mind: A New Approach to Life’s Challenges. Constable.
  • Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change (2nd ed.). Guilford Press.
  • Meichenbaum, D. (2017). Roadmap to Resilience: A Guide for Military, Trauma Victims and their Families. Institute Press.
  • National Institute for the Clinical Application of Behavioral Medicine (NICABM). (2019). Working with Abandonment: 26 top Experts Share the Latest Strategies to Help Clients Heal. https://www.nicabm.com/program/abandonment
  • Porges, S. W. (2022). Polyvagal Theory: The Transformative Power of Feeling Safe. W. W. Norton & Company.
  • Skinner, B. F. (1953). Science and Human Behavior. Macmillan.
  • Törneke, N., Luciano, C., Barnes‐Holmes, Y., & Bond, F. W. (2016). RFT for clinical practice: Three core strategies in understanding and treating human suffering. In R. D. Zettle, S. C. Hayes, D. Barnes-Holmes, & A. Biglan (Eds.), The Wiley Handbook of Contextual Behavioral Science (pp. 254–272). Wiley Blackwell.

Nota al pie de página:

  1. En la franquicia  Gremlins, mojar a un Mogwai (la criatura adorable) provoca que se reproduzca por clonación, creando más Mogwai; si esos nuevos Mogwai son mojados, alimentados después de medianoche o expuestos a luz brillante, se transforman en los malévolos y destructivos Gremlins.
    ↩︎
  • Análisis
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Más privilegios, más malestar

  • 13/01/2026
  • David Aparicio

Hace poco me encontré con este brillante monólogo de Louis C.K.1  titulado Todo es increíble y nadie está contento. Conectó mucho conmigo porque pone en palabras algo que vengo pensando desde hace semanas: vivimos en una época con avances extraordinarios y comodidades que hace no tanto tiempo habrían sido impensables y, aun así, la insatisfacción parece estar en todas partes. Nos quejamos por fallas mínimas en contextos que, vistos con una perspectiva más amplia, son claramente privilegiados.

No escribo esto para hacer la clásica queja ni para repetir la idea de que “esta generación está dañada”, algo que francamente me aburre. Me interesa otra cosa: pensar por qué, a pesar de tener más recursos, más opciones y más control sobre la vida cotidiana, muchas personas se sienten peor, y cómo ese desajuste aparece de forma reiterada en pequeños matices que también se repiten en el espacio terapéutico.

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La fuerza de voluntad está sobrevalorada

  • 05/01/2026
  • David Aparicio

Angela Duckworth para The New York Times:

Las investigaciones demuestran que los logros tienen sorprendentemente poco que ver con obligarse a elegir sabiamente en el calor del momento. Las personas de éxito rara vez confían en su fortaleza interior para resistir las tentaciones. En cambio, muchas ejercen la capacidad de acción, o agencia, situacional, y organizan sus vidas para minimizar la necesidad de fuerza de voluntad en primer lugar.

Esto es lo que le digo a menudo a mis pacientes. No podemos confiar ni depender de la fuerza de voluntad para cambiar nuestros comportamientos. Tenemos que crear sistemas que nos ayuden a que los cambios sean muy fáciles. Y a veces eso se transforma las sesiones en un proceso de ingeniería conductual para pensar y rediseñar el contexto.

Artículo completo en The New York Times.

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Politica de uso de IA

  • 05/01/2026
  • David Aparicio

Psyciencia nació en 2012 como un proyecto de tres estudiantes de psicología interesados en compartir investigación seria en psicología y neurociencias, explicada con claridad y criterio. Desde entonces hemos construido un estilo editorial propio. Somos un espacio pequeño en la web, escrito por personas y para personas. Leemos estudios completos, contrastamos fuentes, editamos con cuidado y escribimos desde la experiencia clínica y académica.

No somos perfectos y cometemos errores, pero eso es parte de lo que nos hace humanos.

Hoy, con la expansión de la inteligencia artificial, la web atraviesa un cambio profundo. Producir contenido es más fácil que nunca, pero también lo es hacerlo sin responsabilidad intelectual, sin contexto y sin comprensión real. En Psyciencia tomamos una decisión clara: el contenido lo escriben personas. Aquí no publicamos textos generados automáticamente. Publicamos análisis, reflexión y divulgación hechos con tiempo, criterio y respeto por ti, lector.

Por eso quiero compartir nuestra política de uso de inteligencia artificial.

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  • Análisis

Análisis de mi 2025: trabajo, clínica y decisiones

  • 04/01/2026
  • David Aparicio

Introducción

Hace unos días encontré este poema que representa muy bien lo que siento con respecto a mi vida profesional:

Qué privilegio estar cansado por el trabajo que alguna vez le suplicaste al universo.

Qué privilegio sentirte abrumado por un crecimiento que antes solo soñabas.

Qué privilegio sentirte desafiado por una vida que construiste de forma deliberada.

Qué privilegio superar cosas con las que antes te conformabas.

El 2025 fue un año difícil, lleno de desafíos, ajustes y mucho trabajo. Aun así, me siento agradecido por el privilegio de cansarme —a veces sentirme perdido, abrumado o incluso enojado— haciendo lo que hago.

Es un privilegio poder elegir mis horarios, decidir cuándo atender, trabajar con autonomía y tener la libertad de definir cómo y cuándo trabajar. Es un privilegio vivir de la clínica y de una web de psicología. Es un privilegio escribir estas lineas y que ustedes me lean.

Por eso quiero poner en perspectiva mi 2025 y compartir lo que aprendí, lo que funcionó y lo que necesito mejorar para que tanto mi trabajo como psicólogo clínico como Psyciencia se mantengan estables y sostenibles en el tiempo.

Preparé un análisis con horas de trabajo, número de pacientes atendidos, pacientes nuevos, horas de entrenamiento y otros indicadores relevantes. Estos datos me sirven para tomar decisiones con más criterio. No soy obsesivo con los números, pero sí uso sistemas automatizados que me permiten revisar tendencias y detectar ajustes necesarios.

Si quieres conocer todo el contexto, puedes leer el artículo completo. Si solo te interesan los datos clave, el resumen que sigue contiene lo esencial.

Tabla de contenido

  • Resumen
  • Psyciencia
  • Clinica
  • Docencia
  • Cuidado personal
  • Conclusión

Resumen

2025 fue un año exigente, marcado por ajustes conscientes en la forma en que trabajo. Psyciencia siguió siendo el eje central de mi actividad profesional: publicamos 314 artículos, en un contexto donde el proyecto depende casi por completo de mi trabajo editorial. El foco estuvo en sostener la calidad y redefinir un ritmo de publicación más realista.

En la clínica atendí 684 horas y recibí 67 pacientes nuevos. El volumen de trabajo fue estable, pero los datos muestran una fuerte dependencia de las derivaciones y una baja captación activa en algunos meses, lo que plantea desafíos para mantener un flujo constante de pacientes a largo plazo.

La docencia tomó un rol más estructurado. Dicté 154 horas de clases entre maestría, grupos DBT y formación para profesionales, incorporando cambios en la forma de enseñar y en la dinámica de aula.

Como parte del mismo proceso de ajuste, prioricé el cuidado físico: entrené 219 veces a lo largo del año, con 195 horas de entrenamiento de fuerza. Este cambio fue clave para sostener la carga cognitiva y emocional del trabajo.

Psyciencia

Psyciencia ha sido parte central de mi trabajo durante 13 años y forma parte de mi rutina diaria. No hay un día en el que no piense en la web, en los correos, en los artículos y en todo lo que implica sostener este proyecto.

El ritmo de publicación ha bajado en los últimos años y no ha sido por falta de interés ni de ideas. Sino que antes éramos un equipo de tres personas y hoy Psyciencia depende únicamente de mí en la edición y preparación de artículos. Todavía contamos con artículos de análisis y colaboraciones, pero todos esos artículos deben ser editados y revisados por mi. Lo que hace imposible mantener el volumen de publicación de otros años sin sacrificar el tipo de trabajo que quiero hacer.

Aun así, quiero seguir publicando noticias de investigación, resúmenes y recursos útiles, pero también dedicar más espacio a ensayos, análisis y artículos de opinión. Hoy me siento más seguro expresando mis posiciones que hace algunos años. Creo que ustedes lo han notado con mis columnas y comentarios clínicos. He recibido buenos comentarios de ustedes, mis lectores, y espero seguí con este tipo de artículos.

En 2025 publicamos 314 artículos entre noticias de investigación, análisis, resúmenes, recursos y webinars. Es apenas uno más que el año anterior. El número no es malo, pero sé que puede mejorar si quiero que Psyciencia sea mi trabajo principal. Por lo tanto este nuevo año tendré que cambiar algunas cosas y contratar ayuda.

No es realista, ni deseable, publicar 700 artículos al año en estas condiciones. Iría en contra de la calidad que quiero sostener. Pero una media de 400-500 artículos anuales me parece un objetivo razonable y alienado con lo que quiero Psyciencia.

Mantener un sitio web no es gratuito, y menos con el volumen de tráfico que recibe Psyciencia. Para que un proyecto como este sea sostenible, también tiene que generar ingresos que permitan sostener el trabajo que hay detrás. Por eso, hace cuatro años lancé la membresía de Psyciencia Pro. Gracias a este modelo no dependemos de la publicidad programática, esa publicidad intrusiva que termina deteriorando la experiencia de lectura y que hoy domina gran parte de internet. La membresía me permite, además, mantener una relación más directa con las personas que valoran y apoyan este trabajo. Estoy profundamente agradecido con quienes forman parte de Psyciencia Pro. La membresía se ha mantenido sólida, ha crecido y ha sido un apoyo constante para el proyecto. No es fácil sostener un sistema de membresías, requiere tiempo, cuidado y constancia, pero sigo creyendo que es la mejor forma de asegurar que Psyciencia continúe funcionando con independencia y criterio editorial.

Tengo muchas ideas, ganas de escribir y de experimentar con nuevos formatos. Este año quiero empujar más Psyciencia para que siga siendo un espacio en internet donde puedas aprender, pensar y compartir sobre psicología y neurociencias. También quiero que quienes forman parte de Psyciencia Pro tengan la mejor experiencia posible y se sientan realmente satisfechos con el contenido, los recursos y el trabajo que voy a seguir construyendo para ellos.

Clinica

Gran parte de mi rutina de trabajo consiste en atender pacientes. Y cómo sabrán estoy formado en ACT y DBT. Alquilo consultorio en una clínica de psicología que tiene una comunidad de colegas increíble donde he hecho amigos para toda la vida, donde me siento cómodo y tengo mucha libertad. Atiendo adultos, con algunas excepciones atiendo adolescentes, pero no es mi fuerte. Creo que no tengo las habilidades clínicas ni sociales para trabajar con adolescentes y todo lo que eso conlleva: hablar con padres, reuniones de escuela, etc. Para mi eso es muy desgastante. Lo he hecho en el pasado con cierto éxito, pero prefiero no hacerlo.

Después de mucha práctica y supervisión creo que las sesiones me salen más naturales, ya no me siento tan rígido haciendo terapia ni estoy tan preocupado por hacer a la perfección los protocolos o ejercicios específicos de terapia, sino que estoy más preocupado por el proceso en sí mismo y cómo aplicarlos para generar flexibilidad psicológica y generar más regulación emocional. Esto no quiere decir que no les enseñe habilidades, sino que creo que la forma de enseñar habilidades y de llevar una conversación clínica es más fluida.

Esto no significa que mi trabajo esté exento de errores o dificultades. Este año hubo procesos terapéuticos que no terminaron bien y personas que abandonaron el tratamiento. Como clínico, sé que estos abandonos no deben tomarse de manera personal y, en general, no lo hago. Aun así, hubo algunas situaciones que me llevaron a cuestionar y revisar con más detalle mi trabajo. Ese ejercicio es necesario. Me permitió identificar aspectos que puedo y debo mejorar, y asumirlos como parte del crecimiento profesional.

Hace tres años decidí automatizar mi agenda clínica con Acuity Scheduling (puedes ver el webinar donde explico cómo lo uso). Con esta herramienta, los pacientes pueden agendar sus sesiones directamente, reprogramarlas o cancelarlas con al menos 24 horas de antelación. Es un servicio que me quitó una carga importante de encima y que pago con gusto.

Además, me permite tener datos claros sobre mi trabajo: cuántas horas atendí en el año, cuántas sesiones se cancelaron, cuántos pacientes no se presentaron y cuáles fueron mis ingresos. Tener esta información ordenada cambia de forma concreta la manera en que evalúo mi práctica.

Este año atendí un total de 684 horas. La mayoría de las sesiones fueron presenciales. Alquilo consultorio cuatro días a la semana, aunque los días de mayor carga clínica son lunes, jueves y viernes, en un horario de 1:00 a 7:00 p. m.

Las 684 horas son similares a las de años anteriores y equivalen a unos 85 días de trabajo de 8 horas. El número no es especialmente alto. Al compararlo con colegas que también usan Acuity, vi cifras variadas: algunos rondaron las 500 horas, otros las 900, y una de ellas llegó a 1,856 horas en el año (Es increíblemente productiva).

Sé que no es una muestra representativa. Solo hablé con tres colegas, así que no puedo afirmar que atiendo menos que el promedio de psicólogos clínicos en Panamá. Aun así, tengo algunas hipótesis de por qué mis números son un poco más bajos en comparación a mis amigos:

  1. Honorarios. Mis colegas suelen cobrar alrededor de 65 dólares por sesión. Yo cobro 75. Hago descuentos a pacientes que lo necesitan, especialmente estudiantes o adultos jóvenes, pero el honorario base es ese y puede ser una barrera para ciertas personas que buscan atención psicológica.
  2. Criterio de admisión. Soy más cuidadoso con los pacientes que admito. Trabajo principalmente con adultos —con algunas excepciones en adolescentes— que presentan desregulación emocional, ansiedad, depresión o TOC. La desregulación emocional implica una alta demanda clínica y requiere que cuide no saturarme para sostener bien el trabajo.
  3. Modalidad. No atiendo online. Sé que es una opción viable, pero en 2025 me resultó muy difícil sostenerla: problemas de conexión de los pacientes, interrupciones y barreras digitales afectaron la calidad de las sesiones. Es un punto que necesito revisar y mejorar.
  4. Derivaciones. La mayoría de mis pacientes llegan derivados por psiquiatras u otros colegas. Esto es valioso, pero también implica una limitación. Como señala la experta en marketing para psicólogos Gecika Viana, depender de una sola fuente de derivación significa no controlar activamente el flujo de nuevos pacientes. Esto es un factor que tengo que considerar para el próximo año.

Comunicación con pacientes

Para la comunicación con mis pacientes uso Whatsapp Business para automatizar especialmente el proceso de admisión. Cuando un paciente nuevo me escribe, le envío automáticamente este mensaje que me permite recopilar información para la historia clínica y aplicar el SCL-90, una escala de 90 síntomas clínicos. Estos datos se almacenan automáticamente en un documento y hoja de cálculo de Google Drive.

Con estos datos puedo analizar cuántos pacientes nuevos atendí en el año, la edad promedio de quienes completaron la encuesta de admisión y los principales motivos de consulta. Para visualizar esta información utilicé la inteligencia artificial de Claude, a la que le pedí que construyera un tablero interactivo con todos estos datos.

Este fue el resultado:

Puedes interactuar con el tablero desde aquí.

Estadísticas generales de pacientes nuevos:

  • Total de 67 pacientes nuevos durante el año 2025
  • Edad promedio de los pacientes: 34.9 años
  • Rango de edad: 16 a 73 años
  • Promedio mensual: 6.1 pacientes nuevos por mes

Distribución mensual:

  • Noviembre fue el mes con más consultas (12 pacientes nuevos)
  • Febrero, marzo y julio tuvieron 8 pacientes cada uno
  • Junio y agosto fueron los meses más bajos (2 pacientes cada uno)

Motivos de consulta principales:

  • Ansiedad: 17 casos (25.4%) – motivo más frecuente
  • Depresión: 12 casos (17.9%)
  • Relaciones interpersonales: 9 casos (13.4%)
  • Control emocional: 9 casos (13.4%)
  • Trastornos específicos: 8 casos (11.9%)
  • Desarrollo personal: 5 casos (7.5%)
  • Problemas de sueño: 3 casos (4.5%)

Distribución por grupo de edad:

  • 18-29 años: 22 pacientes (32.8%) – grupo etario más numeroso
  • 30-39 años: 19 pacientes (28.4%)
  • 40-49 años: 12 pacientes (17.9%)
  • 50-59 años: 10 pacientes (14.9%)
  • 0-17 años: 3 pacientes (4.5%)
  • 60+ años: 1 paciente (1.5%)

Los datos muestran con claridad que en junio y agosto ingresaron muy pocos pacientes nuevos. Esto se debe a que en esos meses no busqué activamente nuevas consultas. Al revisar las horas de trabajo, veo que la mayoría de los horarios estaban ocupados, lo que probablemente redujo mi sensación de urgencia por captar nuevos pacientes. El problema es que esta lógica funciona solo a corto plazo. Si no hay un flujo constante de pacientes nuevos, más adelante puedo encontrarme con espacios vacíos en la agenda y mis ingresos podrían fluctuar mucho.

Aun así, estoy satisfecho con el trabajo que hice en la clínica, pero hay muchas cosas que sí puedo mejorar: no depender de las derivaciones de otros colegas y psiquiatras, mejorar el proceso de admisión, automatizar o pedir ayuda y derivar otras responsabilidades como las facturas, certificados de asistencia a la recepcionista de la clínica.

Debo optimizar ciertos procesos para hacer mi consulta más eficiente. Pero tampoco debo intentar atender 1000 horas al año. Necesito tiempo para leer, pensar, seguir formándome, escribir para Psyciencia, asumir el trabajo administrativo que eso implica y cumplir mi rol como coterapeuta en el grupo de habilidades.

Docencia

2025 fue un año en el que la docencia ocupó un lugar más definido en mi trabajo. Siempre he disfrutado enseñar. Desde 2018 soy coterapeuta del grupo de habilidades de regulación emocional DBT —el único de Panamá— que coordino con mi amiga y colega Tiare Tapia. También doy charlas puntuales y, cuando algún colega me invita, clases universitarias, como la charla sobre adicción a la pornografía que dicté en la Universidad de Flores, invitado por mi amigo Gabriel Genise.

Este año, sin embargo, ese rol tomó una forma más estructurada. Fui invitado a dictar la materia Terapias Contextuales en la maestría en Psicología Clínica de la Universidad Latina de Panamá. Fue una experiencia exigente. Hasta entonces nunca había estado a cargo de un curso completo, con planificación, evaluación y seguimiento continuo de estudiantes.

Intenté que las clases fueran lo más experienciales posible: mucha práctica, mucha lectura y feedback constante. Quise darles el tipo de acompañamiento que a mí me hubiera gustado recibir cuando era estudiante. También hice algunos cambios en la dinámica de clase. Les pedí que no usaran computadoras ni tablets para tomar apuntes, ya que hay buena evidencia de que el uso de medios digitales empeora el aprendizaje. Pensé que habría resistencia, pero ocurrió lo contrario: aceptaron la propuesta sin problema y noté una mayor concentración.

Al finalizar el curso les pedí que completaran una encuesta anónima para evaluar mi desempeño. Fue muy gratificante ver un alto nivel de satisfacción con la clase y con lo aprendido.

Este año también hicimos algo distinto en DBT Panamá. Habitualmente ofrecemos el grupo de habilidades DBT dos veces al año, pero mi compañera y yo empezamos a sentir fatiga. Decidimos cambiar el formato sin dejar de enseñar y ofrecimos, por primera vez, un grupo de estudio de DBT para profesionales de la salud mental.

Ese cambio me reenergizó. Tuve que preparar nuevas clases, profundizar en aspectos más técnicos y enseñar temas de DBT que me entusiasman especialmente. Fueron ocho clases de tres horas cada una, con un grupo de psicólogos muy comprometidos y con muchas ganas de aprender.

Esta experiencia me confirmó algo importante: introducir cambios en la forma en que trabajamos no es un lujo, es una necesidad. Sobre todo cuando la rutina empieza a volverse demasiado repetitiva.

Estadísticas de docencia:

  • Total de horas de docencia: 154 horas de clases.
  • Horas de clases de maestría: 48 horas (dicté la materia 2 veces)
  • Horas de clases eventuales y charlas: 17 horas
  • Horas del grupo de habilidades DBT: 51 horas
  • Horas del grupo de estudio DBT para profesionales: 24
  • Horas como jurado de tesis: 6 horas
  • Horas como supervisor de tesis: 8 horas

Cuidado personal

Mi trabajo es, en gran parte, intelectual. Uno de los errores más comunes en este tipo de trabajo es descuidar el cuerpo, como si fuera un recurso secundario. Este año me di cuenta de que ese descuido ya no era sostenible. Tengo 39 años y cada vez tengo más claro que, si quiero llegar bien a los 50, 60 y a lo que venga después, tengo que cuidarme ahora.

En 2025 tomé en serio el entrenamiento de fuerza. Empecé a usar Fitbod para estructurar las rutinas y registrar lo que hago: entrenamientos, repeticiones, carga total, progreso en fuerza. Para que esto fuera viable, ajusté mi horario y prioricé ir al gimnasio antes de ir al consultorio. No lo dejé librado a la motivación.

Estadísticas de cuidado personal:

  • Total de entrenamientos: 219
  • Tiempo total de entrenamiento: 195 horas
  • Duración promedio por sesión: 37 minutos
  • Calorías totales quemadas: 37.964
  • Peso total levantado: 806.043 kilos (contabilizado por repetición)

Estoy satisfecho con el resultado. Me siento con más energía y noto claramente la diferencia durante el día después de entrenar. Al final de la jornada tengo la sensación de haber hecho algo exigente, incluso en días en los que no tenía ganas o estaba cansado. Los resultados se ven en los números y también en cómo está cambiando mi cuerpo.

Conclusión

Psyciencia nació en 2012 y comencé a atender pacientes en 2016. Ha sido un recorrido largo, lleno de aprendizajes, retos y emociones. Esta es la primera vez que me tomo el tiempo de detenerme, revisar cómo fue el año, mirar los números con calma y escribir públicamente sobre ello.

Hay muchas cosas que todavía necesito pulir —siempre las hay— y otras que es importante sostener porque están funcionando bien. Reconocer ambas es parte del mismo ejercicio. Pura dialéctica, jajaja.

Estoy agradecido por los privilegios que tengo, tanto en lo personal como en lo profesional. Justamente por eso quiero cuidarlos, no darlos por sentado y seguir cultivándolos en el tiempo.

Gracias a los miembros de Psyciencia Pro por apoyarme y a ti por leerme.

Vamos por más este 2026.

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Acompañar el dolor ajeno en tiempos de fiestas

  • 22/12/2025
  • David Aparicio

Las fiestas de Navidad y fin de año suelen venderse como un tiempo de alegría, unión y descanso. En la consulta pasa otra cosa.

En estas semanas llegan más duelos, más pérdidas, más conflictos familiares y más expectativas que no se cumplen. Personas que enfrentan su primera Navidad sin alguien importante. Otras que se reencuentran con vínculos que nunca fueron seguros. Otras que sienten que “deberían” estar bien y no lo están.

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Tengo un problema con los posts de cuidar tu salud mental en las fiestas

  • 18/12/2025
  • David Aparicio

Tengo un problema con muchos posts sobre “cuidar tu salud mental” durante las fiestas. Entiendo que en redes sociales no se puede explicar todo con matices ni ofrecer el contexto que estos temas realmente requieren. Un post no es una clase ni un proceso terapéutico, y sé que la mayoría de estos mensajes surgen de buenas intenciones, especialmente en épocas sensibles. Aun así, me parece importante analizar con más cuidado el mensaje que terminan transmitiendo.

Sí, veo este tipo de posts como problemáticos, no porque sean malintencionados, sino por lo que normalizan y refuerzan. Transmiten una idea que hoy circula con mucha fuerza: que la salud mental se protege principalmente alejándose, cortando o retirándose. En ciertos contextos eso es necesario —vínculos abusivos, dinámicas peligrosas, entornos claramente nocivos o situaciones que chocan de forma persistente con los valores personales—. Alejarse ahí no es evitación, es protección.

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El primer Intensivo DBT en Panamá ya está abierto

  • 17/12/2025
  • David Aparicio

Evento cancelado.

Estamos abriendo inscripciones para el Primer Intensivo DBT que se realizará en Panamá. Este entrenamiento inicia con la parte presencial del 20 al 24 de julio de 2026, seguido de mentorías clínicas (agosto 2026 – abril 2027) y un módulo final online en marzo de 2027. 

Este es un programa de 120 horas de formación estructurada y basada en evidencia, diseñado para psicólogos y profesionales de la salud mental que trabajan con casos clínicos complejos. La formación se centra en Terapia Dialéctico Conductual (DBT), un modelo desarrollado para el tratamiento de la desregulación emocional severa, las conductas impulsivas, la suicidalidad y los patrones interpersonales altamente inestables. El programa combina bloques presenciales intensivos, mentorías clínicas continuas y un módulo online final, con el objetivo de que no solo comprendas DBT, sino que sepas aplicarla con criterio clínico en la práctica real.

Hace varios años tomé el intensivo y puedo decir que ha sido una de las mejores formaciones que he hecho. No solo por el nivel técnico, sino porque transformó mi forma de trabajar en clínica. DBT deja de ser teoría y se vuelve un marco claro para intervenir, priorizar, tomar decisiones y sostener tratamientos complejos con más seguridad.

La formación está diseñada para profesionales que quieren ir más allá de cursos introductorios y buscan rigor, supervisión y práctica real. Incluye análisis de casos, trabajo aplicado y acompañamiento clínico para integrar las habilidades al día a día de la consulta.

Algunos puntos clave del intensivo:

  • Título de “Experto en DBT” emitido por la Universidad a Distancia de Madrid.
  • 120 horas de entrenamiento estructurado.
  • Formación presencial intensiva + mentorías clínicas + módulo online final.
  • Enfoque práctico en casos clínicos complejos.
  • Cupos limitados.
  • Facilidades de pago: opción de pronto pago con tarifa reducida, y alternativas de pago fraccionado para adaptarse a diferentes presupuestos.

Fechas importantes:

  • Inicio presencial: 20 al 24 de julio de 2026.
  • Mentorías clínicas: Agosto 2026 – Abril 2027.
  • Módulo final online: Marzo 2027.

Último día para inscribirse con tarifa reducida: pronto pago hasta 1 de marzo de 2026 (confirmar fecha específica al registrarse). 

Este intensivo marca un hito para la formación en DBT en Panamá y es una oportunidad poco frecuente para acceder a un entrenamiento serio, profundo y clínicamente útil.

Si quieres, puedo convertir este texto en versiones para redes sociales, página de ventas o anuncios con llamados a la acción más directos y medibles.

👉 Toda la información y el proceso de inscripción están disponibles en la página oficial del Intensivo DBT en Panamá

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