Cuando tu psicólogo pone un límite: por qué no es «tóxico»
Un clip del stream argentino Se Fue Larga (Luzu TV) se volvió viral en los últimos días. En él, una invitada cuenta que le preguntó a su psicólogo si podía hacer, en paralelo, «terapias alternativas». Según su relato, él le respondió que sí podía, pero que en ese caso no seguirían trabajando juntos, porque para él era contraproducente para lo que estaban haciendo. En la mesa la reacción fue inmediata: «es raro», «es tóxico, medio tóxico».
Primero, una aclaración necesaria
Lo que escuchamos es el relato de la paciente, contado desde su memoria y su perspectiva, en un programa de entretenimiento. No sabemos exactamente qué dijo el psicólogo, cómo lo dijo, qué «terapias alternativas» estaban en juego ni cuál era el contexto clínico. La memoria no funciona como una grabación: reconstruye, y cuando una conversación se resume en pocos segundos frente a cámara es normal que se pierdan matices. Por eso, lo que sigue no es un juicio sobre ninguna de las dos personas, sino un análisis de la situación si ocurrió tal como ella la cuenta.
Lo que dicen los códigos de ética
El Código de Ética de la Asociación Americana de Psicología (APA), una de las referencias más usadas en la profesión, ofrece varias pistas para entender la decisión:
- Trabajar con base en la evidencia (norma 2.04). El trabajo del psicólogo debe basarse en el conocimiento científico y profesional establecido de la disciplina. No es una preferencia personal: es parte de su responsabilidad.
- Evitar el daño (norma 3.04 y principio A). El psicólogo debe tomar medidas razonables para no perjudicar a sus pacientes y minimizar los daños previsibles.
- Consentimiento informado (normas 3.10 y 10.01). El paciente tiene derecho a saber en qué consiste la terapia y cómo se espera que avance, y a hacer preguntas y recibir respuestas.
- Cuando otro profesional ya interviene (norma 10.04). Si una persona recibe otros tratamientos, el código pide considerar con cuidado su bienestar, conversarlo con ella para reducir la confusión y el conflicto y, cuando corresponde, coordinarse con los otros profesionales.
- Terminar una terapia (norma 10.10). El psicólogo debe terminar cuando es razonablemente claro que el paciente no se beneficiará o puede salir perjudicado, y antes de hacerlo debe ofrecer orientación y sugerir otros profesionales.
Leído así, decir «si vas a seguir ese camino, no puedo acompañarte en este formato» puede ser una aplicación directa de estas normas, no un capricho.
¿Por qué mezclar tratamientos puede interferir?
Muchas «terapias alternativas» parten de explicaciones del malestar que chocan con las de la psicoterapia basada en evidencia. Si en un espacio se trabaja, por ejemplo, en aprender a tolerar la ansiedad y cambiar conductas, y en otro se dice que el problema está en «energías bloqueadas» o en algo que hay que «limpiar», la persona recibe dos mapas incompatibles. Eso puede confundir, restar adherencia a lo que sí funciona y hacer imposible saber qué está ayudando y qué no.
También hay riesgos más concretos: una psicoterapia también puede hacer daño, y algunas prácticas sin respaldo pueden empeorar síntomas, generar dependencia o culpa, o costar mucho dinero. Ya lo hemos visto con métodos como la PNL o las constelaciones familiares y con la ley de atracción. Y aunque una práctica sea inocua en sí misma, puede hacer daño indirecto si retrasa o reemplaza un tratamiento eficaz (aquí explicamos cómo distinguir ciencia de pseudociencia en las terapias psicológicas).
Un límite no es toxicidad
En redes, «tóxico» se usa para casi todo lo que incomoda. Pero un límite profesional no es manipulación ni castigo: es una forma de cuidar el proceso y a la persona. El psicólogo no está obligado a avalar intervenciones en las que no confía ni a fingir que todo es compatible. Lo que sí debe hacer es ser honesto sobre lo que puede ofrecer.
Eso no significa que cualquier forma de poner un límite sea buena. Un buen profesional:
- Explica sus razones con claridad y sin desprecio, para que la persona entienda el porqué.
- No castiga ni amenaza; plantea opciones.
- Escucha qué busca el paciente en esa otra práctica. A veces revela una necesidad que conviene trabajar en terapia.
- Respeta la autonomía. El paciente es libre de decidir, y el psicólogo también es libre de decir qué puede y qué no puede acompañar.
- Si la terapia termina, deriva y facilita una transición ordenada.
Puede que el psicólogo del clip haya hecho todo eso y que en el resumen se perdiera. Puede que no. No lo sabemos. Lo que sí podemos decir es que la idea de fondo —«no puedo trabajar contigo si en paralelo haces algo que contradice lo que hacemos aquí»— no tiene nada de tóxico.
Mi comentario
Como psicólogo clínico, me parece valioso que estas conversaciones lleguen a espacios masivos, aunque sea con un clip de veinte segundos. Ayudan a mostrar algo que muchas personas desconocen: la psicoterapia tiene reglas, y un profesional que pone un límite basado en la evidencia y en el cuidado del paciente está haciendo su trabajo. Si alguna vez te pasa algo parecido, pregúntale a tu terapeuta por qué lo plantea así. Una buena respuesta debería ayudarte a decidir con más información, no a sentirte culpable.
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