Cómo la IA puede ampliar los servicios de salud mental
Jennifer Delgado Suarez:
Hablar de las emociones es el primer paso. Pero quedarse ahí, eternamente, es otra manera de evitar la transformación. Una forma disfrazada de “trabajo interior” que en realidad es una resistencia al cambio personal.
Y es que las palabras pueden ser un bálsamo para el alma, pero también un refugio donde esconderse para no tomar decisiones incómodas, poner límites, asumir responsabilidades, no decepcionar a los demás, afrontar verdades incómodas o salir del rol de víctima
Hablar del trauma infantil no es lo mismo que dejar de culpar a tus padres. Contar que sufres ansiedad no es lo mismo que renunciar a la hiper exigencia con la que te estresas cada día.
Y repetir que tienes miedo al abandono no es lo mismo que aprender a vivir solo cuando alguien se va.
Hablar excesivamente de las emociones, del pasado y los traumas puede ser un arma de doble filo que prolonga la rumia y el cambio.
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El uso indiscriminado de la IA está generando muchos problemas éticos, especialmente en el mundo académico. Gina Kolata reporta en The New York Times el patrón de uso de la IA en artículos científicos:
En un artículo publicado el miércoles en la revista Science Advances, Dmitry Kobak, de la Universidad de Tubinga, y sus colegas reportan que han encontrado una forma de rastrear la frecuencia con que los investigadores utilizan chatbots de inteligencia artificial para escribir los resúmenes de sus artículos. Las herramientas de IA, dicen, tienden a utilizar ciertas palabras —como “profundiza”, “crucial”, “potencial”, “significativo” e “importante”— con mucha más frecuencia que los autores humanos. (Estas palabras en inglés, el idioma del estudio, son, respectivamente, delves, crucial, potential, significant e important).
El grupo analizó el uso de las palabras en más de 15 millones de resúmenes (o abstracts) biomédicos publicados entre 2010 y 2024, lo que les permitió detectar el aumento de la frecuencia de ciertas palabras en los resúmenes.
El excesivo uso de la palabra profundizar hace que los investigadores tengan miedo de usarla:
Los científicos de la computación son conscientes de que la IA favorece determinadas palabras, aunque no está claro por qué, dijo Subbarao Kambhampati, profesor de ciencias de la computación de la Universidad Estatal de Arizona y expresidente de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial. Algunos científicos, dijo, se han abstenido deliberadamente de utilizar palabras como “profundizar” por miedo a ser sospechosos de utilizar la IA como herramienta de escritura.
La escritura creativa como la investigación, era un área exclusivamente humana, pero ahora estamos perdiendo esa humanidad por la culpa de una tecnología que solo automatiza todo. No estoy en contra de la IA, pero el uso que se está haciendo es cada vez más preocupante.
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Constanza Cabrera detalla datos interesantes del efecto de la siesta en la lucidez mental:
Y no son los únicos. No hace falta ser un genio para experimentar un momento eureka, esa chispa repentina que resuelve un problema o descubre una idea. Un nuevo estudio de la revista de PLOS Biology sugiere que alcanzar la primera fase del sueño profundo (o N2) durante una siesta podría ayudar a alguien que necesita esa epifanía o instante de lucidez. Para alcanzar un auténtico ¡ajá!, a veces lo más efectivo es cerrar los ojos y desconectarse por un momento. La neurociencia empieza a confirmar lo que algunos artistas practicaban de forma casi ritual.
Anika Löwe y Maria Tzegka, investigadoras de la Universidad de Hamburgo (Alemania), diseñaron un experimento en el que participaron un grupo de 90 voluntarios entre los 18 y 35 años. La tarea, en apariencia sencilla, consistía en seguir una serie de puntos en una pantalla y responder pulsando un teclado. Lo que los participantes no sabían es que, tras completar el 40% del ejercicio, los científicos introducirían un truco que facilitaba la tarea. Después de cuatro rondas de ensayos, algunos de los sujetos fueron puestos a dormir una siesta de 20 minutos, mientras sus cerebros eran monitoreados mediante un electroencefalograma (EEG).
Al despertar, todos los grupos mostraron cierta mejora en su desempeño, pero el 70,6% de los que llegaron a la fase N2 al dormir detectaron la estrategia oculta. Y solo el 55% de los que permanecieron despiertos pudieron descubrir la treta. “El resultado es un cerebro más plástico y receptivo a las nuevas ideas, lo que podría explicar por qué tantas personas descubren el truco oculto tras la siesta”, señala a EL PAÍS Anika Löwe, autora principal de la investigación que se publica este jueves. En otras palabras, una mente más atenta para ver lo que antes pasaba desapercibido.
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Mohana Ravindranath comparte en The New York Times consejos de familias y expertos para afrontar esta difícil situación:
Aceptar que un familiar ya no puede pensar con claridad ni recordar cosas es uno de los mayores retos. A menudo, las familias intentan razonar o discutir con sus seres queridos porque es difícil aceptar hechos falsos y afirmaciones extravagantes, o pueden aferrarse a la falsa esperanza de que corregir a la persona le ayudará a recuperar sus capacidades cognitivas, dijo James Noble, especialista en demencia del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia y autor de Navigating Life with Dementia.
“No solo no funciona, sino que a menudo resulta contraproducente”, dijo Noble: discutir o frustrarse con un paciente con demencia puede hacer que se ponga ansioso o agitado, lo que puede acelerar el deterioro y dificultar los cuidados.
Duro, sí. Pero también es un artículo que puede ser muy útil para los familiares. Puedes leer el artículo completo en The New York Times.
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