Ilustración: Deja de pensar (tanto) en… ti
Jonathan Haidt —autor de La generación ansiosa—, junto a Will Johnson y Zach Rausch, presentan los resultados de una encuesta realizada a 1,013 padres con hijos menores de 18 años. El estudio explora cómo se sienten y qué opinan los padres sobre el uso del celular en la vida de sus hijos.
Aquí presentamos la segunda parte de nuestra investigación: una encuesta nacional representativa de 1013 padres que tienen hijos menores de 18 años. El panorama general no es mejor. Encontramos sentimientos generalizados de trampa y arrepentimiento. Muchos padres les dieron a sus hijos celulares y acceso a las redes sociales a una edad temprana, pero muchos desearían que nunca se hubieran inventado las redes sociales, y apoyan abrumadoramente las nuevas normas y políticas sociales que protegerían a los niños de los daños en línea.
Y en el artículo proponen algunas normas que pueden mejorar el desarrollo de los niños sin depender del uso del celular:
Se necesita la intervención directa de los estados para que estas normas puedan ser implementadas, pero me hace pensar que esto pasará así como se establecieron normas que se creían imposibles, como por ejemplo la prohibición de fumar en lugares públicos.
El artículo completo está en The New York Times.
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Este artículo me conmovió profundamente. Me erizó la piel y, en más de un momento, me sacó una carcajada. Cuenta la historia de Marcia Brenner, una psicóloga que, a sus 100 años, sigue atendiendo pacientes con una lucidez y entrega admirables.
El texto es hermoso. Narra con sensibilidad su recorrido profesional, su vida personal y las muchas dificultades que ha enfrentado a lo largo del tiempo. Pero, sobre todo, muestra lo que significa vivir una vida al servicio de los demás, con coherencia, propósito y pasión.
Es uno de esos artículos que te deja pensando en lo que realmente importa:
A la hora acordada, sus pacientes marcarán el número y la psicóloga de 100 años cogerá el teléfono. Cada vez con más dificultades auditivas, se aprieta el auricular inalámbrico contra la oreja. Está parcialmente ciega y ya no puede confiar en la lectura de sus propias notas. Durante 45 minutos, varias veces a la semana, escucha atentamente las penas y los problemas de los clientes que han llegado a depender de su consejo.
Esto fue lo mejor:
¿Hubo alguna vez un problema demasiado difícil de tratar?
“Poca inteligencia”, dijo. “No puedes hacer nada”.
Les recomiendo leerlo todo y ver las fotografías son muy hermosas y conmovedoras.
Quiero ser como ella. El artículo completo está en The New York Times.
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