Protestas extremas reducen el apoyo popular a los movimientos sociales
Ana Requena y Marta Borraz sintetizan en eldiario.es la creciente evidencia del fuerte impacto que tiene la cuarentena sobre las madres:
«No tengo un diagnóstico, pero nado en la ansiedad. Vivo en el esfuerzo constante, lo que era una cosa provisional y que minimicé se ha convertido en una rutina, en trabajar sin parar asumiendo que tienes una niña al lado que antes más o menos se entretenía y que ahora está desatendida. Ahora mismo no tengo ninguna gratificación en mi vida». Lo dice María, de 37 años, que desde que se declaró el estado de alarma teletrabaja y cuida sola de su hija pequeña la mayor parte del día. Su caso ilustra los resultados de varios estudios que indagan sobre la consecuencias psicológicas o laborales de la pandemia y que apuntan hacia un mismo sitio: las mujeres con empleo e hijos pequeños son el colectivo que más está sufriendo el impacto en su salud mental y emocional.
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Al menos dos investigaciones han señalado ya que la brecha de género en los cuidados está agrandándose durante la pandemia: la carga de trabajo reproductivo que ha recaído totalmente en los hogares no se está distribuyendo equitativamente y las mujeres son las responsables principales mientras trabajan al mismo tiempo. Uno de estos proyectos, liderado por varias investigadoras de la Universidad de Valencia, que han hecho cientos de entrevistas y encuestas, concluye, entre otras cosas, que las mujeres con hijos que teletrabajan están soportando la mayor parte del estrés del confinamiento. «Algunas sienten que están todo el día trabajando ya que tener flexibilidad de horarios se convierte en una demostración continua y un ejercicio de responsabilidades para con sus superiores, porque están trabajando a la vez que están cuidando, y eso es durante todo el día», asegura la socióloga Empar Aguado.
Estos efectos consecuencias directas del COVID-19, sino que representan una deficiencia del sistema social que ha dejado sola a las madres y mujeres que suelen llevar la mayor carga de trabajo y responsabilidad dentro del hogar. El último informe de la ONU resaltó la vulnerabilidad de las mujeres como grupo de riesgo a causa de las medidas impuestas para controlar el coronavirus pero muy pocas han sido las políticas específicas implementadas para protegerlas. Estos estudios demuestran los daños que se van evidenciando.
Los psicólogos que organizamos eventos, talleres y conferencias usamos mucho Canva, la reconocida plataforma de diseño y creación online, porque es extremadamente fácil de usar, tiene miles de plantillas preparadas para las redes sociales y está disponible en versión web y movil.
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Isaac Rosa para eldiario.es:
Pues no. No tienes el «síndrome de la cabaña». No existe tal cosa, ninguna patología tipificada bajo ese nombre. Es un invento, una tontada simpática, pura psicología de suplemento dominical, el enésimo intento por patologizar todo lo que nos pasa, para a continuación venderte consejos, terapias o pastillas. Como el síndrome postvacacional, el bajonazo ese que te da todos los años cuando tienes que volver al curro y que también merece cada septiembre reportajes y consejos psicológicos.
No quieres salir de casa, porque sabes que en cuanto salgas empezará a correr el reloj. Ese mismo reloj que iba desesperadamente lento durante las semanas de encierro absoluto. «No tengo tiempo», «No me da la vida», eran tus frases más repetidas antes, ¿te acuerdas? Y ahora has tenido todo el tiempo del mundo. Incluso trabajando te ha sobrado tiempo, desaparecidas todas esas otras obligaciones que acortaban las semanas. Si tienes niños ellos marcan un tiempo propio, pero has pasado más horas con ellos en dos meses de las que pasarías en todo un año. Hay convivencias que se han resentido, quizás ya venían heridas de antes; pero también hay muchas familias que se han reencontrado durante el confinamiento, y se han querido más y cuidado mejor.
Los psicólogos tenemos que tener cuidado a la hora de patologizar todo. No querer volver al ritmo desenfrenado de antes no es un problema psicológico, es reconocer que la vida que llevábamos no iba del todo bien y que quizás es necesario reflexionar sobre qué vida queremos llevar de aquí en adelante. Para muchas personas la cuarentena no ha sido del todo mala. Claro, nos limitó en muchas cosas, pero también nos dio un espacio para tomar las cosas a nuestro propio ritmo.
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