Explorando los sesgos de género en Chat GTP
Muy buena revisión del término gente tóxica en el diario El País:
A pesar de su popularidad, la categoría carece por completo de base científica. Hablar de consenso respecto a sus características carece de sentido, ya que no se trata de un fenómeno de investigación empírica. Su vaguedad está más próxima a las acusaciones medievales de brujería que al estudio riguroso de la mente y el comportamiento humanos. Aun así, sin observación analítica ni criterio estable, las advertencias sobre los humanos tóxicos han corrido de boca en boca hasta convertirse en un mantra social.
La testosterona, una hormona que se produce sobre todos en los testículos, se ha identificado con la masculinidad. En algunos ámbitos se aspira a diluirla, pero el atractivo de los suplementos de testosterona muestra que muchos hombres, sobre todo a partir de cierta edad, siguen creyendo en su poder como fuente de energía, confianza y deseo sexual. Aunque unos niveles más elevados de testosterona se asocian a una mayor masa muscular o fuerza, ambos rasgos asociados a la hombría tradicional, la medición científica de esta hormona muestra que la correlación no existe con algo tan escurridizo como el deseo.
Hoy miércoles, la revista Proceedings of the Royal Society B publica un trabajo en el que se pone a prueba la creencia de que la testosterona regula las fluctuaciones en el deseo masculino. Para analizar esa relación, los autores midieron la testosterona en la saliva de 41 hombres durante un mes y les pidieron que registrasen sus niveles de deseo sexual diariamente. Durante ese tiempo, no encontraron una relación positiva entre los niveles de testosterona y deseo, algo que interpretan como la confirmación, que ya se ha recogido en otros estudios, de que esta hormona no está relacionada con cambios en el deseo de hombres que la tienen en una cantidad normal.
Algo que sí se ha visto, sin embargo, es que la testosterona puede devolver el deseo a hombres con niveles de testosterona por debajo de lo considerado saludable o que las mujeres, que de forma natural producen muy poca, sienten un incremento en su deseo cuando la reciben como suplemento. Sin embargo, cuando se superan los umbrales mínimos, los picos de testosterona no ceban el deseo.
Muy interesante estos datos. Es común pensar que más testosterona elevará el deseo y no es así. Puedes leer el artículo completo en El País.
Me encantó este artículo del New York Times sobre las siestas, su importancia y el horario ideal para disfrutarlas:
El mejor momento para dormir la siesta es entre seis y ocho horas después de despertarse por la mañana, dijo Sara Mednick, profesora de ciencias cognitivas de la Universidad de California en Irvine.
Hay un “bajón circadiano natural” entre las primeras horas y la mitad de la tarde, dijo Wu, porque los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y otras señales que nos ayudan a mantenernos alerta empiezan a disminuir en esos momentos.
Wu dijo que hay que tener cuidado con las siestas demasiado largas o que se hacen demasiado tarde, sobre todo si se padece insomnio: “Eso es como comer un postre muy grande antes de cenar; te quitará el apetito”.
Mantén las expectativas bajas
Puede que no te duermas durante la siesta —o al menos puede que creas que no lo has hecho— y no pasa nada, dijo Mednick. A menudo estamos “algo conscientes” en las primeras etapas del sueño, dijo, pero “sigue siendo un buen descanso”.
Mednick se refirió a un estudio reciente en el que se descubrió que entrar en la fase más ligera del sueño —una especie de zona crepuscular en la que la mente divaga como en un sueño— aunque solo fuera un minuto durante un descanso de 20 minutos generaba más creatividad y mejor resolución de problemas en adultos jóvenes.
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