Lo que esta entrevista a Anthony Hopkins nos enseña sobre la conversación terapéutica
Lo que el técnico de la refrigeradora me enseñó sobre mi trabajo clínico
¿Puede el cáncer «proteger» del alzhéimer? Un estudio revela un mecanismo inesperado
El arte perdido del desacuerdo
Hoy me encontré este Substack de Francisco Alcoba que tiene muchas cosas para reflexionar:
Antes, discrepar abría una conversación. Hoy, suele cerrarla. No porque falten datos o razones, sino porque el desacuerdo ha dejado de ser un proceso y se ha convertido en un punto de llegada.
Formular una hipótesis, corregirla, matizarla, retirarla cuando era desmontada: esos pasos formaban parte natural del debate. Permitían avanzar, incluso cuando no había acuerdo. Hoy, en cambio, discrepar suele fijar una posición. Se enroca la idea, se clausura la alternativa y se elimina la posibilidad del error.
El problema no es discrepar.
Es que, una vez hecho, ya no hay marcha atrás.Cuando el desacuerdo deja de ser reversible, deja de ser útil. Sin capas, sin matiz, sin posibilidad de corrección, no hay debate funcional: solo afirmaciones enfrentadas.
Leer en papel, escribir a mano y tomar apuntes educa la atención y construye pensamiento
Rafael Pampillón:
Leer en papel, en cambio, exige presencia. El texto no se mueve solo, no parpadea ni promete recompensas inmediatas. Pide tiempo. Y ese tiempo, hoy, parece casi un lujo. Luego nos sorprende que los alumnos no lean, o que lean sin comprender, o que leer les genere ansiedad.
También escriben peor. Porque escribir bien exige pensar bien. Y pensar bien requiere lentitud. La escritura a mano obliga a ordenar ideas, jerarquizar y decidir qué es importante.
(…)
La inteligencia artificial no es el enemigo. El problema es introducirla en un sistema educativo que ya estaba debilitado en términos de atención, esfuerzo y exigencia. Pensar que la tecnología va a arreglar lo que no hemos sabido resolver pedagógicamente es una huida hacia adelante.
Aquí hay algo incómodo que conviene decir: hemos confundido medios con fines. Hemos renunciado a exigir porque exigir incomoda. Y sin exigencia no hay aprendizaje profundo, solo cumplimiento superficial.
Me encanta la tecnología. De hecho, escribo esto justo después de lanzar una red social privada para los miembros de Psyciencia. Pero al mismo tiempo estoy cansado, saturado de pantallas. Puedo notar el efecto que tiene en mi atención y concentración. Por eso elijo cada día más el papel, y a mis estudiantes de maestría les pido que no usen computadora ni tablet en el aula. Al final, nada de eso los ayudará a aprender mejor. Con lápiz, papel y atención es suficiente.
Café: la red social para miembros de Psyciencia Pro
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Por qué aprender un nuevo idioma te protege contra la demencia
Dana G Smith:
Muchas actividades están relacionadas con una mejor salud cerebral en la vejez, como recibir más educación cuando eres más joven, la actividad física y las aficiones cognitivamente estimulantes. Sin embargo, los expertos afirman que hablar varias lenguas con regularidad puede ser especialmente beneficioso.
“Utilizamos el idioma en todos los aspectos de la vida cotidiana, por lo que un cerebro bilingüe está trabajando constantemente”, dijo Mark Antoniou, profesor asociado de la Universidad de Sídney Occidental, Australia, especializado en bilingüismo. “Eso no lo consigues con otras experiencias enriquecedoras, como tocar un instrumento musical”.
Este artículo llega en un buen momento. Entiendo perfectamente inglés y lo leo sin dificultad. Mi trabajo en Psyciencia me exige revisar papers casi a diario. Aun así, con el tiempo he perdido fluidez al conversar.
Hace algunos años trabajaba en contextos bilingües y pasaba cerca de ocho horas al día hablando en inglés. Desde que dejé ese trabajo y me dediqué por completo a la clínica, las oportunidades para practicar se redujeron mucho. Leer no es lo mismo que hablar.
Hace unos días llegó un paciente nuevo que solo hablaba inglés. Por cosas de la vida asumía que yo también. Al inicio me puse un poco nervioso, y le aclaré que, si en algún punto no podíamos continuar con comodidad, le buscaría un terapeuta bilingüe. La sesión fluyó completa. Para mi sorpresa, incluso usé metáforas. El paciente quedó satisfecho y pidió otra sesión.
Eso terminó de empujarme a una decisión que ya venía rondando. Voy a practicar más mi inglés en Preply, una plataforma que permite entrenar conversación en distintos idiomas con precios bastante accesibles.
Espero en unos meses reportarles que he recuperado mi fluidez en el inglés.
¿Qué estás amando ahora mismo?
David Brook escribió un artículo que va directo al corazón y que nos hace reflexionar sobre la era de despego en la que vivimos:
Vivir sin amor es estar en piloto automático y desconectado de la vida. El amor, en cambio, alimenta el compromiso pleno. “La vida de una persona puede tener sentido”, escribió una vez la filósofa Susan Wolf, “solo si le importan profundamente algunas cosas, solo si está atrapada, emocionada, interesada, comprometida o, como he dicho antes, si ama algo”. Presta atención a esas palabras: “se preocupa”, “se apasiona”, “se emociona”, “se compromete”, “ama”. Una forma estupenda de vivir es ir por ahí con una postura tan abierta de corazón que encuentres cosas por las que entregarte por completo.
Y agrega:
Si llevas una vida diseñada para maximizar la independencia y la autonomía personales, conseguirás vivir una vida relativamente sin restricciones. Pero es más probable que vivas una vida con poca energía, más lenta para albergar esos grandes amores por las personas, los lugares, Dios, la vocación y la nación que despiertan pasiones fervientes y dan lugar a vidas llenas de pasión.
Si, por el contrario, te resistes al ethos de la autonomía y pones la pasión amorosa en el centro de tu filosofía de la vida, te encontrarás atado a todo tipo de obligaciones: a cosas como el cónyuge, los hijos, la comunidad, Dios y la vocación. Pero tu amor por estas cosas constituirá fuegos en el corazón, produciendo una gran vitalidad, un compromiso pleno, un aumento de la fuerza personal. Una de las extrañas paradojas de la vida es que las limitaciones que eliges son las que te liberan.
Léelo con calma y procesa cada palabra. Creo que este artículo tiene mucho valor para nuestra vida. Puedes leerlo completo en The New York Times.
Por esto la tolerancia al alcohol disminuye con la edad
Melinda Wenner Moyer:
Las investigaciones sugieren que, a partir de los 30 años, perdemos hasta un 8 por ciento de masa muscular cada década, y la grasa corporal suele aumentar con la edad.
Ya que el músculo contiene más agua que la grasa, menos músculo equivale a menos agua en el cuerpo para diluir el alcohol que uno bebe, lo que resulta en una mayor concentración de alcohol en sangre, señaló Mollie Monnig, investigadora sobre alcohol y envejecimiento de la Universidad de Brown.
Y más alcohol en la sangre podría afectar negativamente a los órganos, como el cerebro, dijo. Podría empeorar el habla, el juicio, el tiempo de reacción y la memoria. También puede disminuir la coordinación y el equilibrio, señaló Monnig. Ya que el alcohol se concentra más en el organismo, también puede aumentar la probabilidad de experimentar una resaca, dijo.
Esta es la razón por la que las mujeres tienden a embriagarse más que los hombres con la misma cantidad de alcohol: ellas suelen tener menos masa muscular que los hombres, aunque tengan la misma altura y el mismo peso. Esto crea una especie de doble golpe para las mujeres que envejecen, explicó Leasure.