Guía para padres y madres: cómo educar en positivo (PDF)
Para navidad mi sobrinito recibió la espada de Kylo Ren (el personaje vestido de negro en la última película de Star Wars, El Despertar de la Fuerza) y, como buen fan, me puse a jugar con él. Habíamos visto la película por separado y comentamos las escenas mientras hacíamos que peleabamos con la espada láser. Fue una linda experiencia compartir nuestro interés en común, aun cuando él tiene 5 años y yo 29.
Después de jugar un rato, la mamá, mi prima, lo llamó para que se fuera a bañar y estuvo a punto de entrarle una rabieta, clásica respuesta que todos conocemos cuando las madres nos llaman en medio de una actividad divertida. En ese momento le dije: No te vayas al lado oscuro de la fuerza. Él se quedó mirándome, claro, no había visto las otras películas, y le expliqué rápidamente lo de la fuerza y por qué los Jedis son los buenos. Mi sobrino quedó encantado, se calmó y se fue a bañar tranquilo, contento porque se había controlado.
Fue un momento único. Usé una frase de Star Wars para ayudarlo a regularse emocionalmente, y en ese instante caí en cuenta de la profunda utilidad que tiene esta película para explicarle a los niños conceptos complicados como el bien, el control emocional, el deber, la honestidad, etc.
Mi experiencia no fue planeada ni mucho menos rigurosa, pero Daniel Comin, de Autismo Diario, describió una situación bastante similar, mucho más elaborada, en la que usó Star Wars para explicarle a su hijo de 11 años con autismo el concepto del bien y del mal.
Daniel se explaya y explica que le tomó dos semanas ver las películas de Star Wars con su hijo, porque hacían muchas pausas para explicar detalladamente todas las inquietudes. En todo el texto se nota lo bien que la pasaron mientras veían una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos.
Te invito a que leas su artículo completo. Está lleno de recomendaciones para los padres que quieren usar esta u otras películas para explicar conceptos a sus hijos.
Aquí te dejo un fragmento:
Star Wars: Una Nueva Esperanza. Hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana… Primera película estrenada de la saga. Que con su gran cantidad de personajes nos permite dar rienda suelta a la imaginación, la fantasía, a hablar de mil y una cosas, incluyendo la “extraña” relación de Luke, Leia y Han. O de cómo un ser extremadamente peligroso – Darth Vader- y sus secuaces persiguen a nuestros simpáticos protagonistas. Y ojo, aparece La Fuerza, y la pregunta ¿Y qué es la fuerza papá? Y vuelves a estrujarte el cerebro para poder explicar algo que ni siquiera te habías planteado. Pero es una oportunidad interesante para explicar aspectos relacionados con la espiritualidad, con esa capacidad especial de las personas de sentir, ¡aunque de momento no sepamos mover cosas! Pero fue una forma interesante de poder explayarme dando una mezcla de aspectos de la fantasía de la película y de cosas que sí son reales, básicamente dirigiendo el discurso sobre la relación de la fuerza con el amor ¿Entonces papá, nosotros nos queremos mucho por la fuerza? ¡Claro hijo!
El psicólogo español David Martín Escudero escribió para el Huffington Post una valiosa critica sobre la psicología positiva, uno de los movimientos psicológicos más populares de las últimas decadas:
Martin Seligman, uno de los psicólogos más mediáticos y poderosos de las últimas décadas, cuenta que un día allá a finales de los noventa, siendo presidente de la Asociación Americana de Psicología (APA, esa agrupación de psicólogos americanos que guía nuestras vidas), experimentó una epifanía cuando su hija de cinco años le llamó gruñón. Fue entonces cuando pensó que la psicología se centraba demasiado en el estudio de lo patológico y no en la virtud. Era necesario un cambio de rumbo. Era necesario estudiar las fortalezas del ser humano, su capacidad de adaptación y los beneficios de la felicidad.
Parece un recurso de conferenciante experimentado más que el germen de una corriente pujante como es la psicología positiva. No deja de ser paradójico que sea una niña de cinco años quien modifique el enfoque del académico, y no el peso de la ya establecida corriente humanista o el potente pensamiento posmoderno. Al margen de la anécdota, Seligman pretende un cambio de paradigma integrando elementos de otros enfoques, un envoltorio bonito y mucha coca cola.
El concepto de felicidad ha trascendido el ámbito de la salud y ha inundado el ámbito social, económico e incluso político. Es complicado discernir si Seligman y sus acólitos positivos se apuntaron a un carro que ya estaba en marcha o si fueron el germen de un fenómeno global. Probablemente son procesos que se retroalimentan.
Sus repercusiones en el ámbito educativo:
También en el ámbito educativo cobra fuerza la idea de que lo importante es que los niños desarrollen emociones positivas en su preparación para ser felices. Nada que objetar, a priori suena fantástico. Sin embargo, la evitación excesiva de las emociones llamadas negativas puede estar favoreciendo la creación de pequeños déspotas hedonistas con escasa tolerancia a la frustración.
Los entusiastas del movimiento positivo tienden a construir el mundo emocional en términos dicotómicos, es decir, positivos y negativos o buenos y malos. También tienden a magnificar el poder de la emoción denominada positiva, otorgándole la capacidad para el cambio, para el amor o la curación de enfermedades.
Lee el artículo completo en el Huffington Post.
Gracias a Ricardo Turner por compartimos la nota.
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